jueves, 29 de mayo de 2014

Entrevista en ATALAYAR, Entre dos orillas

MAGAZINE INTERNACIONAL DE ACTUALIDAD DE ESPAÑA Y EL MAGREB

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TRANSCRIPCIÓN DE LA ENTREVISTA Mayo, 28 2014

Por Paco Soto
En esta entrevista con Atalayar, el experto analiza la situación económica y política en los países del Magreb. Asegura que “la integración es una apuesta clave para transformar esta región en un destino de atracción  económica y empresarial”. A su juicio, “esto impactaría positivamente en países vecinos como España”. 

Pregunta: ¿Cuál es su opinión sobre la situación que vive el Magreb desde que estalló la denominada Primavera Árabe?

Respuesta: “La región  vive una situación de incertidumbre: crisis económica en el sur de Europa, su primer socio económico, revueltas de distintas intensidades  en Libia y Túnez y  cambios constitucionales en Marruecos y Mauritania, e intentos graduales de reformas en Argelia. Esto indica que estamos en una etapa clave en la historia de esta zona y que los países del Magreb  tienen que moverse, no pueden esperar y ganar tiempo ya que el riesgo es ver que cada uno de estos países no pueda hacer frente a las exigencias. El costo de llegar tarde a impulsar las reformas o la  recuperación de la estabilidad sería muy alto. Y no hay que olvidar el potencial y la interrelación entre Europa y el norte de África. Está claro que los impactos pueden cruzar al otro lado”.

P: A su juicio, ¿Túnez, que adoptó hace poco una nueva Constitución, se sitúa en estos momentos en la vanguardia de la democratización en el Magreb, pero también en el resto de África del Norte?

R: “Túnez ha dado un ejemplo. El movimiento islamista Ennahda  sucumbió a las presiones de la calle y aceptó la nueva Constitución  y un gobierno de transición. Es posible que no tuviera muchas opciones y todo lo que quedaba era hacer frente a la ira en la calle o contenerla con la menor cantidad de pérdidas. A la luz de la experiencia de Egipto, una ratificación a  tiempo  en el momento oportuno es mejor cuando es imposible ofrecer concesiones mutuas. Y al igual que la Primavera se inició en Túnez y provocó un terremoto cuyas réplicas llegaron hasta muchos países, esperemos  que ahora este modelo de compromiso  se propague por toda la región”.

P: ¿Qué piensa de la situación de Marruecos, donde también se han dado pasos significativos en materia de democratización, y en Argelia, que es una gran potencia en hidrocarburos?

 R: “Marruecos, en comparación con la agitación que sacude a gran parte de la región, se ha convertido en el primer país del Magreb en acordar un programa de reforma constitucional y realizar elecciones limpias.  La experiencia de Marruecos pone de manifiesto que hay otra manera de tratar de implicar a los partidos islamistas en lugar de enfrentarse a ellos. Creando una atmósfera democrática que les permita ser socios en la responsabilidad, que la gente pueda comprobar su capacidad de gobernar. En Argelia, el deseo de cambio es real y profundo, pero el miedo al deslizamiento está todavía presente. El entorno regional experimenta una transición caótica y el orden internacional ha cambiado. Así un cambio radical se ha demostrado muy  costoso en algunos países vecinos como Libia. Después de más de medio siglo de independencia, y cuarenta años de bonanza petrolera y de grandes ingresos, llegan ahora las reivindicaciones de libertad, progreso y  justicia social”.

P: Pero Libia lo tiene muy complicado por sus propias divisiones territoriales y tribales y por la inestabilidad política, social y militar. ¿Qué salida le espera a este país?

 R: “La gestión de la posguerra suele ser más compleja y peligrosa que la planificación del propio conflicto. Gadafi se ha ido, pero dejó tras de sí su legado. Es el resultado de un régimen que concibió un modelo durante cuatro décadas que dejó al país desprovisto de cualquier funcionamiento de instituciones de Estado y una nación profundamente dividida por diferencias tribales y regionales. Las identidades étnicas son complejas. Libia debe urgentemente establecer un sistema democrático, sino caerá en el caos. Libia se enfrenta al desafío de reforzar la seguridad, restaurar el orden, la unificación del país e impulsar el crecimiento rescatando los activos libios congelados. También tiene que completar las exportaciones de petróleo y empezar la reconstrucción; tiene un difícil reto por delante”.

P: Y sobre Mauritania, ¿cuál es su opinión?

 R: “En los últimos años algo está cambiando, y las autoridades apuestan por un renacimiento económico y social.  Su  economía  ha dado un  salto cualitativo creciendo un 7% en 2013,  el más alto en África, Pero tiene que resolver los importantes problemas pendientes y consolidar la  gobernabilidad y estabilidad política y social. El desarrollo y la riqueza deberán incluir a todo el abanico social y regional mauritano”.

P: ¿Qué papel debe desempeñar la UE en su relación con el flanco sur del Mediterráneo occidental?

R: “La región euromediterránea reúne una población de 800 millones de habitantes, ofrece ventajas específicas y competitividad dentro de la nueva división internacional del trabajo y de la cooperación. Por esta complementariedad y sinergias la región está  llamada a jugar un papel de protagonista en el panorama mundial. Pero antes debe favorecer la construcción de una zona  estable, próspera y sostenible. La Union Europea tiene una oportunidad histórica para incidir en el desarrollo y la  interdependencia económica de la zona mediterránea. Por tanto, la UE debe asumir una política global y prioritaria mediterránea. Hay que consolidar la Unión por el Mediterráneo (UpM).   Este  reto exige una suma de compromisos y unir fuerzas. Europa tiene que implicarse, porque su futuro está estrechamente relacionado con la capacidad de desarrollo económico y social de los países de la otra orilla. En este momento de cambios profundos es cuando  se demuestra la necesidad del proyecto mediterráneo y su integración con  Europa. En caso contrario, Estados Unidos, China y otros están ya en el patio de este vecino cercano a Europa”.

P: ¿Y España, que tiene sólidos intereses económicos en la región, sobre todo en Marruecos y Argelia, qué debe hacer?

R: “Para España, Marruecos y Argelia, desde hace años, son  una prioridad estratégica y con ambos países España ha intensificado el desarrollo de sus relaciones económicas, a pesar de algún contratiempo. Esto demuestra que en el ámbito de la cooperación la aproximación entre los tejidos empresariales ha dado muestras de dinamismo y una mayor efectividad. Pero la relación con ambos países exige la creación de marcos estables, que favorezcan el acercamiento y fomenten la actuación de la sociedad civil. Argelia y Marruecos representan el 75% del total de la población del Magreb y el 70% de PIB de la zona.  La integración es una apuesta clave para transformar esta región en un destino de atracción  económica y empresarial. Esto impactaría positivamente en países vecinos como España”. 

P: ¿Un conflicto como el del Sáhara occidental, que tanta desunión y enfrentamiento provoca entre Rabat y Argel, podría resolverse a través de una negociación política entre las partes opuestas?

R: “Este conflicto ha impactado en el proceso de construcción de la Unión del Magreb Árabe. Paradójicamente, es un momento crítico que exige aunar voluntades, reparar las grietas y buscar salidas para ganar las apuestas del futuro y así responder a las aspiraciones de los pueblos del Magreb. La propuesta de una autonomía avanzada es una salida a tener en cuenta  y ayuda a fomentar la estabilidad en la región y neutralizar los peligros” .

P: Además de la respuesta policial y judicial y de la colaboración entre la ribera norte y sur del Mediterráneo, ¿qué otras vías se tienen que buscar para acabar con el terrorismo yihadista?

R: “Hay que hacer  frente a los problemas de terrorismo abordando las cuestiones que lo han alimentado. La solución militar  no debe ser la única, y a veces puede ser contraproducente. La marginación facilita los mensajes de los extremistas y provoca la caída en sus redes, como presa fácil, de miles de jóvenes sin futuro. Hay un verdadero sentimiento de agravio que conduce a la radicalización de una parte de la población”.


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