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jueves, 12 de enero de 2023

Regionalización, oportunidad para el Mediterráneo

 Vivimos tiempos interesantes y desafiantes. El mundo se hacía más pequeño y pensábamos que la globalización era el destino de la humanidad. Ahora esa certeza se pone a prueba.

Los avances científicos, económicos, sociales y técnicos logrados durante la última década superan los logrados en 100 años. Los logros de los últimos dos años superan aún más a los de la última década y el ritmo futuro será aún más rápido. El escenario es emocionante.

Es un momento clave, la cooperación mediterránea es más necesaria que nunca porque nos enfrentamos a una crisis global que aún es evitable. La región mediterránea debe y puede hacer un mejor uso de la logística como palanca de su desarrollo económico y ecológico

La regionalización emerge como una gran oportunidad para el Mediterráneo.

La diversidad de nuestra región debe ser un gran catalizador para el crecimiento y la integración, para la creación de nuevas empresas y la internacionalización. El talento mediterráneo sin fronteras crea valor, un estilo inclusivo y adaptable que cultiva la capacidad de sacar lo mejor de un entorno diverso.

El cambio climático y la escasez de agua amplificarán el impacto de los diferentes conflictos, generando nuevos desafíos. El crecimiento previsto en los próximos años del turismo, el tráfico marítimo, la acuicultura o la búsqueda de hidrocarburos exigen medidas para ordenar estos usos y conseguir la sostenibilidad de su enorme riqueza.

Durante demasiado tiempo, las empresas han organizado sus operaciones teniendo en cuenta los costos. La crisis de salud de la covid-19 ha destacado la necesidad de que las empresas diseñen sus cadenas de suministro en torno a la competitividad del riesgo en lugar de solo al costo. Por lo tanto, las empresas internacionales y europeas se verán guiadas a mitigar los riesgos recurriendo a la deslocalización, que podría ser costosa, o la diversificación regional, que es menos costosa.

La regionalización es una fuente de inmensas oportunidades, especialmente cuando se pueden reducir las barreras al comercio y se pueden desbloquear métodos de transporte más rápidos y rentables. Los bienes y servicios logísticos de extremo a extremo deben diseñarse para ayudar a garantizar que los bloques comerciales regionales creen entornos para que las empresas prosperen, con un profundo conocimiento de las regiones en las que operan.

El nuevo paradigma económico y comercial estaría provocando el acortamiento de las cadenas logísticas, convirtiéndose cada vez más en cadenas regionales.

En este contexto, la región mediterránea podría convertirse en una próspera frontera de producción complementaria Norte-Sur, su ubicación geográfica permite acortar los circuitos logísticos con la UE y África, y reducir la huella de carbono. El coste de la mano de obra, aunque superior al de Asia, sigue siendo muy ventajoso, sin olvidar el potencial de innovación científica y tecnológica que ha puesto de manifiesto la covid-19.

Pero hay que enfrentarse a los retos de esta deslocalización y el interés de la co-industrialización entre diversas economías mediterráneas y europeas. Probados por la covid-19, varios países industrializados han decidido reorganizar sus cadenas de valor, para optar por la reubicación nacional o regional. Esta tendencia actual, de la que forman parte las cadenas de valor industriales, constituye una oportunidad.

El cambio histórico que se avecina implica la implementación de un programa ambicioso que apoye la integración de las economías mediterráneas. Los desafíos exigen la suma de compromisos que todos debemos tener. Se dice que el mar Mediterráneo es demasiado estrecho para separarlo y demasiado ancho para unirlo. Europa necesita implicarse ya que su futuro está íntimamente relacionado con la capacidad de desarrollo económico y social de los países del sur del Mediterráneo y de África.

Ahora es el momento de volver al Mediterráneo. Es el momento de  pensar, intercambiar, colaborar y actuar y  de comprender que el cambio fundamental proviene de la satisfacción de las necesidades insatisfechas, empoderando a las personas para que impulsen el cambio que se desea crear  y de dar forma al futuro de la economía mediterránea y global.

Hay que repensar la relación entre UE y el Mediterráneo e impulsar un proyecto común capaz de competir en el mundo de grandes aéreas geográficas o uniones económicas gigantes, donde el Mediterráneo se convierta en el lugar clave que proporciona soluciones a los problemas de la cadena de suministro global y que el futuro en el Mediterráneo y Europa no dependa de la geopolítica global.

Tenemos que superar los retos para crear riqueza y contribuir al bien común fortaleciendo el tejido social de manera sostenible y respetuosa con la dignidad humana y la naturaleza.

Este viaje al Mediterráneo es el camino hacia el futuro que por su estabilidad y crecimiento económico en toda la zona, depende de la participación de todos los actores de la sociedad civil para impulsar la inversión y generar riqueza.

Porque en ningún lugar como en el Mediterráneo se escribe el futuro, se cruzan no solo los caminos, sino las oportunidades y los talentos. En ningún lugar como en el Mediterráneo se atesora experiencia de progreso, historia y colaboración y la capacidad de hacer de cada reto y cada aparente contradicción el reinventarse en una oportunidad.

Anwar Zibaoui, Opinión, economí, 11 enero 2023

https://www.elnacional.cat/oneconomia/ca/opinio/regionalitzacio-oportunitat-mediterrania-anwar-zibaoui_949113_102.html

lunes, 24 de octubre de 2022

Barcelona, a por el talento

 

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el comercio y los flujos de capital se han liberalizado más que en cualquier otro momento de la historia, mientras que la movilidad humana sigue estando muy restringida. Sin embargo, en una economía del conocimiento global, los países que no compitan por trabajadores altamente cualificados se quedarán atrás.  

Ahora es el momento de aprovechar los beneficios de la movilidad del talento para que contribuya a la diversidad en la economía y a generar oportunidades de empleo que requieren a su vez de movilidad nacional o mundial. Mientras que la mayor parte del mundo desarrollado está envejeciendo, muchos países en desarrollo tienen una proporción cada vez mayor de jóvenes.

El talento sin fronteras crea valor. En un mundo impulsado por los flujos de personas, capitales e ideas este talento es el gran revulsivo para la economía, la creación de nuevas empresas y la internacionalización. En EEUU, Canadá o Emiratos Árabes, donde conviven y trabajan diferentes nacionalidades, las empresas más exitosas son las que incorporan las influencias y valores de otras culturas, y permiten a un amplio espectro de personas participar activamente y aprovechar el potencial para sacar lo mejor de su diversidad.

Sumar capacidades, creatividades y culturas genera sinergias y riqueza. Y al hablar de inmigración a menudo se olvida que la diversidad es lo único que todos tenemos en común.

Las ciudades deben emprender un proceso integral y continuo que comienza con la atracción de talento potencial, se centra en la retención de los mejores y asegura su desarrollo profesional sostenido. Solo resistirán aquellas ciudades que apuestan por crear entornos competitivos diferenciados, por innovar, por generar actividades de valor mientras facilitan redes y servicios logísticos eficientes y mayores niveles de satisfacción.

Barcelona aparece ya como destino para el talento internacional, y será sede de la Red Europea para la Retención de talento internacional (ENGAGE) desde 2023. La ciudad dispone de infraestructuras, una gran oferta hotelera, distritos de innovación útiles para la promoción internacional, y puede desarrollar una oferta que sea a la vez cuantitativa y de calidad. Pero debe consolidar y rentabilizar su marca y reputación y facilitar la atracción, llegada y retención de talento, empresas, centros académicos e instituciones internacionales, para beneficiar a la ciudad y sus ciudadanos.

La capital catalana ocupa una posición estratégica, y su modelo puede ser una referencia para el intercambio, el dialogo y la integración. Pero hay que consolidar la apuesta como ciudad plataforma y centro decisivo en el Mediterráneo. Para ello, es preciso aunar voluntades, y recursos y remar en una sola dirección.

Barcelona ha conseguido una transformación espectacular y un dinamismo que le ha valido el reconocimiento y la admiración a nivel mundial. Pero la carrera no ha terminado. Vivimos en un mundo complejo y la realidad muestra un aumento de la competencia internacional. Ignorarla sería muy peligroso. No se puede actuar como si el éxito dependiese de la historia o como si el futuro estuviese predeterminado por el pasado.

 Anwar Zibaoui

La Vanguardia, Opinión, 2 Octubre 2022