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miércoles, 17 de enero de 2024

El Mar Rojo, nueva línea de frente

Las guerras tienen repercusiones negativas en las economías. No solamente en la zona específica en conflicto. Sea Ucrania o ahora Gaza, siempre se producen daños colaterales, victimas civiles, destrucción, aumentos de precios, inestabilidades, y otros problemas.

Los ataques del grupo de Hutíes de Yemen, que apoyan a los palestinos asediados en Gaza, y atacan con misiles los buques comerciales en el Mar Rojo, ya está provocando el aumento de las tarifas de los fletes marítimos por el tiempo extra que tardan los barcos en rodear África en los viajes de ida o vuelta, entre Asia y destinos europeos.

En consecuencia, se prevé que las tasas de inflación vuelvan a aumentar, que se interrumpan las cadenas de suministro en fábricas y tiendas debido al retraso en la llegada de bienes, repuestos y materias primas, y que los principales bancos centrales congelen sus planes de reducción de los tipos de interés.

El transporte marítimo constituye un pilar fundamental de la economía mundial. Por mar circulan más del 80% de las mercancías y alrededor del 50% del petróleo consumido en el mundo.  Además de los múltiples componentes de productos elaborados en distintos países.

El 12% del comercio mundial pasa por el Mar Rojo. Desde el inicio del conflicto, las principales compañías navieras han desviado más de 200.000 millones de dólares en mercancías hacia el Cabo de Buena Esperanza, en Sudáfrica, para evitar los ataques con misiles. Obviamente, no debemos olvidar el impacto que la crisis tendrá en los ingresos que genera el Canal de Suez para Egipto.

La seguridad de la navegación marítima en el Mar Rojo, es indivisible de la seguridad en toda la región, y de la navegación marítima internacional, y por tanto de la economía mundial. Si la amenaza se extendiera al Mar Arábigo, por donde transita un tercio del petróleo mundial, el costo económico aún sería mayor.

Así que ahora, el Mar Rojo se ha convertido en una línea de frente, también en el conflicto entre Irán y Estados Unidos, que durante décadas han evitado una confrontación directa. EEUU ha liderado la formación de una coalición multinacional para asegurar la navegación marítima en el Mar Rojo

Recordando los costos económicos del Covid en 2020, el bloqueo del Canal de Suez en 2021, Ucrania en 2022, o la actual guerra en Gaza, que sigue su curso sin saberse ni su área geográfica final ni su periodo de tiempo, está claro que la globalización declina.  El modelo de abastecimiento global que ha prevalecido con las cadenas de valor impulsadas por productos de bajo coste no tiene resiliencia. Y con las nuevas tecnologías y los patrones de demanda evolucionando, hay que acortar las cadenas hacia modelos de abastecimiento regionales, con nuevos centros de fabricación y logísticos más equilibrados. Es el momento de repensar como fortalecer la economía para impulsar el progreso, en un mundo en cambio.

En Gaza, la guerra es un riesgo permanente y presente mientras la paz esté paralizada. Para evitar extender las consecuencias de la guerra, con todos los riesgos económicos o militares inherentes para las rutas comerciales y el mundo, urge lanzar una ofensiva diplomática. Un acuerdo político que conduzca a una solución general y permanente de la situación en su totalidad.

Anwar Zibaoui, 11 Enero 2024, Opinión-Economía, EXPANSIÓN

https://www.expansion.com/catalunya/2024/01/11/659fcb6be5fdea4a178b45bd.html

jueves, 6 de junio de 2019

El Golfo no necesita otra guerra

Aunque el mundo todavía sufre las consecuencias de la Guerra del Golfo en Irak, Donald Trump, que se ha retirado del acuerdo sobre el programa nuclear iraní, endurece la posición de EEUU. Se espera que una segunda ola de duras sanciones contra Irán empeoren aún más la situación. La crisis actual en el Golfo no es un acto pasajero, ni un problema solo entre Washington y Teherán, o Israel e Irán. Refleja la profunda crisis entre Irán y Arabia Saudi. Y la cambiante e ineficaz posición política europea en las negociaciones con Irán. Lo local y lo regional se superponen con lo internacional.

La lucha regional entre Teherán y Riad se complica. Está en juego el control del estratégico estrecho de Bab Al-Mandeb, el paso hacia el Canal de Suez, por donde pasa la mayor parte del petróleo del mundo. Y en esta batalla, Yemen, un Estado ya empobrecido, es empujado hacia un colapso de su economía, se ensancha la división sectaria, aumenta la inseguridad y el vacío político, mientras su gente muere.

Irán vive una grave crisis interna y una complicada situación externa. La tensión con Occidente es clara. El desempleo y el coste de vida crecen. La economía se ha visto perjudicada por las políticas exteriores, los persistentes problemas estructurales, y el acceso a la financiación internacional y la corrupción. Además, con el acuerdo nuclear constantemente bajo amenaza de revocación, los bancos y empresas internacionales no se establecen en Irán. Todos estos problemas han persistido desde que el modelo implantado por la república islámica llegó al poder.

Al salir del acuerdo nuclear y vincular a Teherán con grupos terroristas, EEUU desencadena inestabilidad y cuestiona la intervención iraní en Siria, Yemen y Irak. Por su propio interés, Irán no puede abandonar el acuerdo nuclear, independientemente de lo que ofrezca la UE o de las sanciones que impone EEUU.

Para reducir la presión actual, hay que impulsar un diálogo regional. Restablecer la confianza y el respeto mutuos podría resolver los problemas regionales. Con la riqueza que existe en esta región, con su historia, la gente merece una vida mejor y pacífica.

La región no puede vivir al borde de la guerra de manera permanente, invadiendo fronteras con misiles, milicias o aviones voladores, y usando a sus ciudadanos como rehenes. Es preciso abrir canales, regresar a la mesa de negociaciones y dejar de cambiar mapas y agotar la riqueza.

El enfrentamiento entre EEUU, Israel y Arabia Saudi con Irán parece el preludio de una guerra, que será costosa para toda la región. Es necesario encontrar una solución pragmática, restablecer las relaciones de vecindad y gestionar los enormes recursos de la región para mejorar la vida de sus ciudadanos.

No parece que a Trump o al régimen iraní les convenga una guerra. Pero la situación se podría deslizar hacia otro conflicto sangriento por casualidad, o quizás fabricado, si los partidarios de la línea dura en EEUU, Irán, Israel y Arabia Saudi ganan la partida.

El Periódico de Catalunya,  Opinión, Pag.7  Martes, 4 de Junio 2019

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Juego de Tronos en Yemen

Y de repente, el mundo vuelve a hablar de Yemen. La crisis que enfrenta Arabia Saudita en el contexto del asesinato del periodista Jamal Khashoggi en su consulado en Estambul el 2 de octubre ha rescatado del olvido la guerra y la violencia que lleva ya varios años y miles de muertos.

Pero ¿que pasa realmente en Yemen más allá de buenos y malos?. Yemen padece varios conflictos políticos y militares. En 2014, los Huthi tomaron el control de la capital, Sanaa, y otras partes del país, con el pretexto de reclamar una mayor participación en el poder. Disolvieron su Parlamento, y forzaron la dimisión del presidente Mansour Hadi, que, tras huir del arresto domiciliario, se refugió en Riad, la capital de Arabia Saudita. La guerra entre el norte y el sur se intensificó con los ataques a la ciudad de Adén, mientras Al-Qaeda cometía actos terroristas y se hacía fuerte.

Entretanto, los Huthi, primero se aliaron con el ex-presidente Ali Abdullah Saleh en el poder de 1978 a 2012, derrocado por el levantamiento popular que quería recuperar el poder, aunque fuera prolongando los problemas del país, y que fue finalmente asesinado por ellos, en 2017, acusado de traicionarles. En 2015, una coalición de 10 países liderada por Arabia Saudita y Emiratos Árabes, respaldada por Estados Unidos, Reino Unido y Francia en apoyo de lo que consideran gobierno legitimo de Yemen, entró en guerra bombardeando posiciones de los rebeldes en la llamada "Operación Tormenta Decisiva". Han recuperado el control de una gran parte del territorio, pero con un altísimo coste económico y humano, la mayor parte de las víctimas son civiles

La historia de Yemen, es la de una tierra compleja, con una estructura tribal muy fuerte y con la proliferación de armas, que han ocasionado más de 35 años de problemas y guerras. La vida nunca ha sido fácil en esta tierra. Hay un sentimiento secesionista en el sur. La guerra de las tribus chiitas Huthi para ampliar su influencia en esta región. El terror de Daesh y AlQaeda que han aprovechado el descontento y el vacío de poder para ganar terreno y seguidores. Y la intervención de la coalición internacional liderada por Arabia Saudita.

Ante este caos, el estado no tiene capacidad para atender las necesidades más urgentes y básicas de su población. Existe un brote de cólera sin precedentes, y el país enfrenta una crisis alimentaria catastrófica. 22 millones de personas necesitan ayuda alimentaria urgente, de ellos, 1.800.000 niños menores de cinco años enfrentan desnutrición aguda.

Yemen es el escenario de una lucha regional entre Teherán y Riad que se está complicando. Está en juego el control del estratégico estrecho de Bab Al-Mandeb, el paso hacia el Canal de Suez, por donde pasa la mayor parte del petróleo del mundo. Esta batalla ha empujado este estado empobrecido aún más hacia el abismo, mientras se ensancha la división sectaria. El país se desangra, hay un vacío político, sin ningún tipo de liderazgo formal, no hay gobierno, la seguridad se deteriora rápidamente, la economía está colapsada y la gente muere

Más allá, de las luchas de poder, y de la geopolítica, la situación ha provocado un peligroso enfrentamiento entre Irán y Arabia Saudita, que necesitan encontrar una solución pragmática, restablecer las relaciones de vecindad y gestionar sus enormes recursos para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos y de la región. La retirada de Donald Trump del acuerdo con Irán sobre su programa nuclear, y la decisión de endurecer la posición de EEUU, puede empeorar la situación.

Desde 1978 más de 550.000 personas han muerto en Yemen, por el hambre, la violencia o asesinadas, se estiman 10.000 desde 2015. Pero, la situación empeora.  El creciente número de víctimas civiles está elevando los temores sobre una situación humanitaria ya deteriorada. Ante esta catástrofe, la comunidad internacional debe actuar con máxima prioridad. Existe un interés moral y estratégico en estabilizar a Yemen, terminar la guerra no es suficiente. Es preciso buscar una salida negociada para desactivar las causas que han alimentado esta situación explosiva.

La única solución a la situación, es tratar de raíz todos los problemas. Las soluciones violentas y militares han demostrado no ser una opción. En esta zona nunca las armas han resuelto nada y solo han dejado muertes, odio, destrucción y que la paz y los anhelos de los pueblos de vida digna y libertad sean un proceso casi imposible de alcanzar. Una solución política debe prevalecer con el tiempo, pero solo si se consideran seriamente todos los desafíos y se abordan las cuestiones económicas, las reformas democráticas, los derechos humanos y de las minorías.

Hace unos días, murió Amal Hussain, la pequeña hambrienta niña yemeni. Imagen de la tragedia de su pueblo y de las terribles consecuencias de la hambruna y la guerra. Murió tras protagonizar otra de las imágenes impactantes de los últimos años que se espera que no quede pronto en el olvido. Tras más de 35 años de dictaduras, violencia y subdesarrollo, la nación más pobre del mundo árabe merece una oportunidad. A Yemen, le sobran bombas y le falta paz.

Crónica Global,  Pensamiento,Sábado, 10/11/2018 

miércoles, 22 de abril de 2015

Yemen, la tormenta y la geopolítica

La nueva situación de guerra civil puede llevar a una peligrosa contienda entre Irán y Arabia Saudi

Mientras Irán, EEUU y la UE cerraban el principio de acuerdo marco nuclear que parece un win-win si se cumple (o si el diablo no se encuentra en la letra pequeña cuando se negocie en junio el documento definitivo), Arabia Saudí, al mando de una coalición de 10 países de la región, empezó la operación Tormenta decisiva bombardeando posiciones de los rebeldes hutis y sus aliados en Yemen después de que se hicieran con el control de gran parte del país con un avance espectacular. La lucha entre Teherán y Riad se complica. Los hutis controlan las orillas del mar Rojo, y ahora está en juego el control del estratégico estrecho de Bab Al-Mandeb, el paso hacia el canal de Suez, vía clave a través de la cual pasa la mayor parte del petróleo del mundo.

La vida nunca ha sido fácil en Yemen. El país vive sumido en un profundo conflicto político y militar, agravado después de que los hutis, que ya controlaban el norte del país, tomaran la capital Saná con el pretexto de reclamar una mayor participación en el poder, intentaron forzar la dimisión del presidente Hadi, y disolvieran el Parlamento. Hadi, presidente reconocido, logró huir del arresto domiciliario hacia Adén y después a Riad. El expresidente Ali Abdullah Saleh, en el poder de 1978 al 2012 y derrocado por el levantamiento popular del 2011, estableció una alianza con sus antiguos enemigos los hutis con el apoyo de Irán y maniobró dentro del Ejército para jugar sus cartas con la intención de recuperar el poder.

Dividida entre un norte controlado por los hutis y un sur dominado por los aliados del presidente, Yemen es el escenario de una lucha regional que amenaza con empujar a este país empobrecido aún más hacia el abismo, mientras se ensancha la división sectaria. El país más pobre del mundo árabe se desangra en un vacío político sin ningún tipo de liderazgo formal: no hay Gobierno, la seguridad se deteriora y la economía está al borde del colapso. Mientras, la franquicia local de Al Qaeda es cada vez más activa: a mediados de enero se atribuyó la responsabilidad del ataque a Charlie-Hebdo en París.

La historia de Yemen es la de una tierra con muchos contradicciones --con una fuerte estructura tribal y mucha proliferación de armas-- que se enfrenta desde hace más de 30 años a múltiples problemas y guerras que han mermado el Estado y su capacidad para ejercer su autoridad, lo que ha impedido atender las necesidades básicas de la población. A ello hay que sumarle el sentimiento secesionista en el sur y la guerra de las tribus chiís hutis desde el norte. Con Daesh (Estado Islámico) y Al Qaeda pescando en aguas revueltas, se dibuja un panorama complicado y un volcán en erupción en una zona estratégica para el mundo y su economía, ya que por ahí transcurre la ruta internacional clave para el comercio y el petróleo.

A YEMEN le sobran bombas y le falta paz. El creciente número de víctimas civiles aumenta los temores por una situación humanitaria deteriorada. Las facciones yemenís han perdido la capacidad de evitar el caos. Millones de jóvenes viven sin horizonte, y están por abordar cuestiones económicas, las reformas democráticas y los derechos humanos de las minorías. Además, el país está al borde de una crisis alimentaria: 10 de sus 23 millones de habitantes no encuentran suficiente comida. Los índices de desnutrición infantil aguda alcanzaron niveles alarmantes (uno de cada tres niños) lo que, sumado al descontento social y a la sensación de frustración y agravio conduce a la radicalización. Esta maraña de problemas amenazan con desintegrar el país y hundirlo.

Más allá de la lucha por el poder y la geopolítica, la nueva situación puede ser detonante de una contienda peligrosa entre Irán y Arabia Saudí, entre sunís y chiís, que supere los otros incendios que hoy arrasan Siria e Irak. Además, está por ver cómo afectará el acuerdo de EEUU con Irán sobre su programa nuclear, si Obama se verá obligado a luchar junto a sus aliados árabes tradicionales.

Irán y Arabia Saudí necesitan una política pragmática para restablecer las relaciones de vecindad y gestionar sus enormes recursos para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Del resultado en esta nueva guerra podría depender el futuro de toda la región y las nuevas relaciones de poder que se configurará entre sus componentes y las grandes potencias. La escena contiene un alto nivel de riesgo. Se debe actuar con máxima prioridad. Lo principal es tratar de raíz el mal no solo en Yemen, sino también en Irak y Siria. Las soluciones violentas y militares han demostrado no ser una opción, En esta zona las armas nunca han resuelto nada y solo han dejado muertes, odio, destrucción y han logrado que la paz y la libertad sean un proceso casi imposible de alcanzar.

El Periódico de Catalunya, Opinión,Pag 8, Lunes  20 de Abril de 2015

lunes, 28 de marzo de 2011

Yemen, un volcán en erupción


El país árabe más pobre afronta una rebelión chií en el norte, un conflicto latente en el sur y el embate de Al Qaeda. El mundo debe ayudarle y presionarle a la vez para evitar otro Estado fallido



Yemen ha regresado al escenario internacional: la guerra en el norte entre la tribu chií Huthi y el Gobierno, que empezó a fuego lento, se recrudeció este verano y su expansión llegó hasta las fronteras de Arabia Saudí, lo que aumentó el temor de los grandes centros de decisión mundial. Y la fusión, en enero del 2009, de los grupos de Al Qaeda en Yemen y Arabia Saudí para formar Al Qaeda en la Península Arábiga ha ampliado la amenaza a la seguridad a toda la zona.

No parece que el fin de estos conflictos esté próximo. La fragilidad de la economía agrava las heridas, y a todo ello se añade una posible revuelta en el sur, que fue unificado por la fuerza y aún no se ha recuperado del sangriento intento de secesión de 1994. Los grupos extremistas se aprovechan de los problemas de las zonas rurales, la pobreza y el sentimiento antigubernamental para ganar apoyo.

Yemen es ya el país más pobre del mundo árabe. Se enfrenta a una aguda crisis que no puede resolver solo y que puede contaminar a sus vecinos ricos del Golfo justo cuando la economía mundial está en recesión. Mientras que los otros estados pueden sufrir la disminución de sus capacidades e instituciones financieras, en Yemen la principal preocupación es evitar que el país se convierta en un estado fallido como Somalia.

La economía es, pues, el primer desafío y la causa de muchos de los problemas. La capacidad del Gobierno para funcionar y proporcionar a sus ciudadanos los servicios elementales es muy deficiente. Yemen está en los puestos de cabeza en los índices de violencia y de corrupción. El desempleo es del 25%, y un 40% de sus 23 millones de habitantes vive bajo el umbral de la pobreza.

Menos ingresos del petróleo

Tras el respiro de los últimos años, los ingresos por la exportación de petróleo se reducen por los bajos precios y la caída de la producción. En los nueve primeros meses del 2009 Yemen solo ingresó por la venta de crudo 1.200 millones de dólares (unos 838 millones de euros), menos de un tercio que en el mismo periodo del 2008. A ello se añade el coste diario del conflicto en el norte, que el Ministerio de Finanzas calcula en 7 millones de euros, y atender a los 200.000 desplazados. Una sangría financiera para el Gobierno.

Si no mejora el nivel de vida, grupos como Al Qaeda se consolidarán y las violencias tribales aumentarán. Añadamos la huida de los inversores internacionales, el tráfico de seres humanos y la piratería en el golfo de Adén, y tenemos los ingredientes para una mayor inestabilidad, la división del país y el refuerzo de los extremistas que pueden usarlo como base para desestabilizar todo el Golfo. Un Yemen inestable afectará a sus vecinos de una forma u otra  –emigración, grupos violentos...–, y también a la sostenibilidad de sus economías. No podemos olvidar que el Golfo es una región estratégica y clave para la economía mundial, ya que representa el 60% de las exportaciones y el 66% de las reservas mundiales de petróleo.

La búsqueda de una solución negociada al conflicto del norte, pues, es urgente. Otra guerra civil podría cortar el estrecho de Bab el Mendeb, que enlaza el golfo de Adén con el Mar Rojo y es una ruta de comercio internacional clave. Por ella pasan cada día unos 3 millones de barriles de petróleo.

Se calcula en más de 40.000 millones de euros la inversión necesaria para alcanzar la seguridad y las condiciones de vida óptimas. Pero el Gobierno yemení es incapaz de ofrecer soluciones y sobre todo de eliminar la corrupción, cuyos altos niveles provocan que el país tenga restringida la ayuda internacional. El mundo debe presionarle para corregir la situación y desactivar las causas de este conflicto. Las donaciones extranjeras deben estar condicionadas a la reforma económica y estructural y el respeto de los derechos de las minorías. Nadie desea ver otra Somalia ni otro centro para la piratería y el terrorismo, algo que sería más grave en el caso de Yemen por su situación geográfica. Los desafíos son enormes, pero todavía se puede trabajar para resolverlos

El Periódico de Catalunya, Página 11. Lunes 4 Enero de 2010

lunes, 21 de marzo de 2011

Yemen, una carrera contra reloj

Parece que el tren de las revueltas populares sigue su marcha y los impactos de Túnez y Egipto empiezan a tener efecto en toda la región. En el caso de Yemen, a pesar de muchas similitudes con la situación en los casos anteriores como la corrupción, la tiranía y el rechazo popular, sobre todo entre los jóvenes, la diferencia es que se enfrenta con dos opciones: un cambio real por medios pacíficos o la guerra civil.

El presidente yemení, Alí Abdulá Saleh, en un intento de adelantarse a lo que le pueda pasar, ha anunciado una series de medidas como no presentarse a un nuevo mandato y que su hijo no va a heredar el sillón, así como una serie de reformas constitucionales en un intento de hacer concesiones a las demandas de la calle y de la oposición, pero estas promesas, debido a la falta de confianza en el presidente y su régimen, se antojan increíbles y parecen más una maniobra de Saleh, que juega sus cartas para prolongar la agonía y mantenerse en el poder. Pero todo indica que su etapa llegó a su fin y son tiempos de cambio .

La realidad del país es compleja, especialmente por la estructura tribal y la proliferación de las armas, así como por la presencia de movimientos rebeldes, además de la presencia de Al Qaeda. La realidad muestra que Yemen se está convirtiendo en un santuario seguro para los miembros de esta organización. El país camina hacia la inestabilidad y podría convertirse en una amenaza. Una maraña de problemas de seguridad, políticos y económicos pueden hundir al hermano más pobre del mundo árabe, que necesita toda la ayuda que pueda conseguir. Pero esta cooperación no debe centrarse, como se viene haciendo, en el campo militar, para hacer frente al terrorismo, sino que se deben abordar otras cuestiones.

La historia de Yemen es la de una tierra con muchos retos que debe enfrentarse desde hace más de 24 años a múltiples crisis que han mermado el poder del Estado y su capacidad para ejercer la autoridad en todo el territorio, y le han impedido prestar atención a las necesidades más urgentes y básicas de la población. El sentimiento secesionista que crece en el sur y la guerra intermitente con la tribu chií de los Houtis, en el norte, dibujan un panorama complicado y explosivo en una zona estratégica para la economía mundial: el estrecho de Bab el Mandeb -comunica el mar Rojo y el océano Índico- es una ruta internacional clave para el comercio y el transporte de petróleo.

La seguridad es el factor clave, pero el futuro del país debe superar una vertiginosa crisis económica forzada por la disminución de la producción de petróleo, que representa el 76 % de los ingresos, y la devaluación del riyal. Las deudas van en aumento, las reservas del banco central son insuficientes y solo pueden cubrir siete meses de importaciones, el nivel más bajo de la historia. Un número creciente de familias yemenís lucha para hacer frente a un aumento del coste de la vida, especialmente del alto precio que alcanzan los alimentos básicos importados, que se suma al descontento social y la sensación de frustración con el poder. De sus 23 millones de habitantes, el 65% tienen menos de 25 años y el desempleo llega al 40%. El 50% de la población vive en el umbral de la pobreza, con una corrupción generalizada; es el país número 18 entre 177 por el índice de violencia y el 141 -con la escala invertida- por el índice de corrupción.

La comunidad internacional debe poner en la agenda a Yemen como máxima prioridad. Y presionar a su régimen para que busque una salida negociada para desactivar las causas del conflicto y llegar al fondo de los problemas que han alimentado esta situación explosiva. La carrera contra reloj ha empezado y hay que buscar soluciones eficaces. La seguridad y la economía están interrelacionadas, y si las arcas están vacías, la situación de la seguridad se deteriorará aún más. Ninguna de las batallas será fácil de ganar.

Nadie apuesta por la capacidad del presidente actual para evitar el caos que él mismo provocó. La oposición y los movimientos civiles y populares tienen que actuar presentando una alternativa para un cambio real, pacífico, que permita implicar a todos en una fórmula que sirva para encajar y unificar a todos bajo el mismo cielo, y que sea capaz de dar respuestas a este panorama de marginaciones, donde millones de jóvenes viven sin horizonte. Se deben abordar las cuestiones económicas, las reformas democráticas pendientes y los derechos humanos y de las minorías, cuyo sentimiento de agravio ha conducido a la radicalización de una parte de la población.

El levantamiento popular en un Estado débil puede convertir en realidad una guerra civil que afectaría a la seguridad del Golfo, el suministro del petróleo y la economía internacional. Sin una actuación internacional urgente, Yemen camina hacia la ingobernabilidad y la inestabilidad que amenazan su unidad y pueden convertirlo en una plataforma para Al Qaeda en un país dividido como Somalia.

El Periódico de Catalunya, 22 Febrero 2011