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lunes, 20 de febrero de 2017

La revolución del gas mediterráneo

Expansión, Opinión, Edición Catalunya, Pag.2, Martes, 17 febrero 2017

Líbano ha sido el último país en aprobar los decretos que permiten iniciar la licitación de bloques de gas y unirse a la carrera regional para explotar la  riqueza  descubierta  en el Mediterráneo Oriental.

El descubrimiento de gas natural tiene implicaciones económicas regionales enormes. Los recursos estimados en 122 trillones de pies cúbicos de gas, además de 1.700 millones de metros cúbicos de petróleo en las costas de Siria, Líbano, Chipre, Israel, Egipto y Palestina, y las expectativas del mercado de la energía plantean nuevos retos para estos países que deben organizarse para tomar ventaja de la situación.

La explotación del gas Mediterráneo no es solo una  oportunidad de desarrollo y crecimiento para los nuevos países productores, sino también para la Unión Europea. Se ha renovado el interés en aumentar la capacidad de las exportaciones de gas a través del Mediterráneo, para limitar la dependencia del gas ruso, y compensar la posible interrupción del suministro de gas a Europa, como en la crisis de Ucrania.

El potencial de la región es considerable. Además del petróleo y el gas, cuenta con un sistema de energía hidroeléctrica, recursos eólicos, el nivel de radiación solar más alto del mundo, así como grandes extensiones de desierto. Técnicamente, la región podría ser uno de los grandes actores energéticos y cubrir sus necesidades y las de una parte del planeta.

Hasta el año 2035, se espera que la demanda de gas natural crezca en un promedio del 1,9% al año, superando a todas las demás fuentes de energía.

Estas riquezas energéticas están revolviendo la agitación regional y provocando diversas reacciones. Hay tensión entre Líbano e Israel, y entre Turquía y Chipre. La ausencia de una Ley de demarcación de límites marítimos entre Líbano, Israel y Chipre, más la guerra en Siria y el interés de otros jugadores como Rusia y Qatar pueden provocar una situación volátil y altamente complicada. 

Hay problemas internos, medioambientales y riesgos geopolíticos. Algunos países tendrán que unir sus fuerzas si quieren aprovechar sus recursos, y todos deberán encontrar las mejores soluciones económicas y estratégicas para optimizar sus operaciones. Porque explotar esas grandes reservas y atraer la inversión extranjera no será posible a menos que promuevan un entorno pacífico y estable.

Una visión compartida a largo plazo es esencial para movilizar los recursos necesarios y desarrollar la cooperación energética entre las dos orillas, además de para construir un mercado del gas natural mediterráneo. ¿Serán capaces de hacerlo?

martes, 28 de julio de 2015

Libano, éxodo sirio y colapso regional

Líbano tiene ahora la mayor población de refugiados por habitante en el mundo. Esa enorme densidad está teniendo un efecto devastador, el país está sumido en un conflicto regional que trasciende sus fronteras y ha creado una conmoción sin precedentes en su tejido social, político y económico. Los 1,5 millones de refugiados sirios registrados han incrementado su población en una cuarta parte. La afluencia es enorme, alimenta las tensiones internas e incrementa el miedo del pequeño territorio a convertirse, una vez más, en un campo de batalla, un choque que se prolonga en el tiempo y cuyo alcance es multifacético. Además de estas masivas llegadas, hay 500.000 refugiados palestinos acogidos en territorio libanés desde 1948, un gran reto para el país mientras las guerras siguen haciendo estragos en Siria e Irak.

Toda la región sufre mientras el conflicto bélico en Siria se enroca, y las consecuencias llegan hasta las costas europeas, pero el impacto en Líbano es enorme. El país intenta implicar a la comunidad internacional para compartir esta responsabilidad colectiva de una manera significativa, ya que se quiere prevenir el colapso económico y la inseguridad. Pero la peor parte del problema está siendo asumido por los que menos pueden permitírselo. Cada vez es más difícil para los refugiados sirios y libaneses pobres sufragar los gastos básicos para vivir.

La economía del Líbano se ha visto afectada por el colapso en Siria, un país que representaba el 25% de sus exportaciones, y por la falta de confianza de los inversores por la vulnerabilidad a los conflictos regionales. Es una republica con un delicado equilibrio entre confesiones y no tiene presidente desde mayo del 2014. Su Parlamento se ha renovado asimismo sin elección hasta el 2017. Además, el discurso extremista gana terreno con la llegada de los yihadistas, que intentan pescar en aguas revueltas provocando el peligro del enfrentamiento entrelas poblaciones suní y chií.

La estabilidad política actual es el resultado de un compromiso de los grandes actores de la escena, Arabia Saudí, Irán y EEUU, para excluir el Líbano de los conflictos regionales. Las conversaciones entre las facciones libanesas han permitido tener un Gobierno de pacto nacional que funciona a pesar de los desacuerdos en las grandes asuntos como la elección de un presidente, los presupuestos o la neutralidad en la guerra siria.

Si el conflicto sirio explica en parte la inestabilidad, las raíces de la situación se encuentran principalmente en la naturaleza del sistema político libanés, debido a que sus formaciones son confesionales. Como resultado no hay un consenso nacional sobre la política exterior. Cada vez que hay un gran conflicto en la región, las diversas corrientes políticas se colocan según sus alianzas externas, lo que se proyecta sobre la sociedad. Así se vivió el fenómeno en 1958 (la época del presidente egipcio Nasser) y en la guerra civil (1975-1990).

En el 2005, el asesinato del exprimer ministro Rafik Hariri fue un terremoto que sacudió el el país y derribó todos los entendimientos, provocando una profundización de la crisis interna. Hoy, a las puertas del dictamen del tribunal internacional especial para el Líbano, creado para juzgar a sus presuntos asesinos, los libaneses viven una confrontación, incapaces de dar con una solución a una ecuación con justicia, seguridad y Estado.

Tampoco hay que olvidar la presencia de las fuerzas internacionales en la frontera con Israel y que cuentan entre sus efectivos con 580 soldados españoles. El temor a que sean víctimas de mensajes violentos, con destino a terceros, tiene una probabilidad muy alta. El Ejército libanés, último bastión de unidad, ha declarado la guerra total contra el terrorismo, pero su poder real es limitado. Hay un ejército paralelo y potente de Hizbulá que provoca que algunas comunidades intenten crear milicias similares, lo que alimenta la fragmentación de las instituciones y socava su autoridad. El espectro de la guerra civil de 1975-1990 no está lejos. Un escenario que los libaneses quieren evitar a toda costa.

El Estado libanés moderno, con menos de un siglo de vida, ha sufrido experiencias desconocidas para otras naciones con historias milenarias: una larga guerra civil de 15 años, invasiones extranjeras, el malestar sociopolítico, problemas de seguridad y esta importante afluencia de refugiados. Líbano ha sobrevivido a todos estos choques. De hecho, no es una sorpresa su reconocida capacidad de recuperación. Pero de momento no hay señales de ningún respiro para el país de los cedros, que observa con honda preocupación lo que sucede en su frontera oriental.

El periódico de Catalunya, Opinón Pag.8, Miércoles 8 de julio de 2015

viernes, 12 de septiembre de 2014

Reconstruir Gaza


Economia Digital, Martes, 09/09/2014
http://www.economiadigital.es/es/notices/2014/09/reconstruir_gaza_58994.php

Gaza, el enclave costero palestino donde viven 1,8 millones de personas, fue devastada entre el 8 de julio y 26 de agosto. En el periodo 2004-2014 ya se habían producido una quincena de ataques militares israelíes contra Gaza que dejaron muerte, odio, destrucción y consiguieron que la paz se convirtiera en un proceso casi imposible.

El último asalto israelí costó la vida a más de 2.150 personas y miles de heridos, miles de viviendas destruidas, la única central eléctrica severamente dañada, y decenas de fábricas quemadas. Más de 60.000 viviendas sufrieron daños, mientras otras 20.000 fueron destruidas. Las pérdidas también alcanzaron a escuelas, hospitales, comercios, cultivos, a la actividad turística y a las infraestructuras. Las pérdidas originadas por los ataques se estiman en unos 4.400 millones de euros.

Ahora, toca de nuevo la reconstrucción de la Franja, una tarea que podría costar unos 6.000 millones y entre cinco y quince años de trabajos. En paralelo, ese proceso podría generar unos 100.000 empleos siempre que Israel mantenga su promesa de levantar su bloqueo sobre el territorio, un bloqueo que dura ya ocho años y limita severamente la actividad económica, importaciones, exportaciones, incluso la entrada de materiales de construcción. Israel prometió aliviar estas restricciones en el alto el fuego firmado recientemente en El Cairo.

Los datos que manejan las organizaciones humanitarias internacionales son un crudo ejemplo del sufrimiento colectivo a que está sometida la población civil palestina. El 75% de los ciudadanos sufren falta de seguridad alimentaria, la mayoría de las familias numerosas sobreviven con 0,70 céntimos de dólar al día; 3.000 de los 4.000 productos que se podrían importar están prohibidos. Sólo se permite la entrada del 20% de los camiones que serían necesarios para el transporte de mercancías.

Gaza tiene la mayor tasa de densidad de población del planeta: 4.167 personas por kilómetro cuadrado. De sus 1,8 millones de habitantes, un millón son niños. La tasa media de desempleo es del 40%, del 48,3% en el caso de mujeres, y del 57,2% los jóvenes. Entre las mujeres jóvenes se eleva al 87,7%.

Establecer una estrategia para aliviar a la población y que enlace con un plan para el desarrollo sostenible, ayudará a reducir el desempleo y la pobreza. Pero, en cualquier caso, para que la reconstrucción funcione sin problemas se deben cumplir varias condiciones, en primer lugar el completo levantamiento del asedio.

Antes de esta última guerra, los indicadores sugerían que la economía palestina estaba empeorando. El crecimiento real del PIB se redujo al 5,9% en 2012; al 2,1% en 2013 y hasta el 1% este año.

La economía palestina es insostenible porque se basa en un consumo financiado por donantes y su sector privado sufre un estancamiento permanente. La caída del apoyo de los países amigos en medio de la creciente incertidumbre política y el aumento del déficit comercial, ha creado un gran problema a las autoridades que tratan de pagar los salarios del sector público, mientras que el paro aumenta. La economía debería crecer al 6% anual sólo para absorber las nuevas incorporaciones al mercado laboral.

La dependencia económica entre Israel y Palestina es importante. Palestina importa de sus vecinos siete veces más de lo que les vende. Israel es el principal mercado de exportación palestina: representa el 86 % de sus ventas al exterior, muy por delante del segundo, Jordania, que absorbe un 5%.

Tampoco Israel se salva. Su economía se ha debilitado sobre todo por la guerra en Gaza, que afectó al consumo interno y desplomó la actividad turística, que representa el 7% del PIB. Además, sus exportaciones han caído y su moneda se ha encarecido.

En Gaza la guerra es un riesgo permanente y presente mientras la paz sea un proceso lejano y paralizado. Se espera que esta vez el alto de fuego no termine como otros intentos. Urge lanzar una ofensiva diplomática, un acuerdo político que conduzca a una solución general y permanente de la situación en su totalidad, que tenga en cuenta las aspiraciones a la libertad y dignidad de los palestinos y establecer su propio Estado.