miércoles, 28 de noviembre de 2018

Juego de Tronos en Yemen

Y de repente, el mundo vuelve a hablar de Yemen. La crisis que enfrenta Arabia Saudita en el contexto del asesinato del periodista Jamal Khashoggi en su consulado en Estambul el 2 de octubre ha rescatado del olvido la guerra y la violencia que lleva ya varios años y miles de muertos.

Pero ¿que pasa realmente en Yemen más allá de buenos y malos?. Yemen padece varios conflictos políticos y militares. En 2014, los Huthi tomaron el control de la capital, Sanaa, y otras partes del país, con el pretexto de reclamar una mayor participación en el poder. Disolvieron su Parlamento, y forzaron la dimisión del presidente Mansour Hadi, que, tras huir del arresto domiciliario, se refugió en Riad, la capital de Arabia Saudita. La guerra entre el norte y el sur se intensificó con los ataques a la ciudad de Adén, mientras Al-Qaeda cometía actos terroristas y se hacía fuerte.

Entretanto, los Huthi, primero se aliaron con el ex-presidente Ali Abdullah Saleh en el poder de 1978 a 2012, derrocado por el levantamiento popular que quería recuperar el poder, aunque fuera prolongando los problemas del país, y que fue finalmente asesinado por ellos, en 2017, acusado de traicionarles. En 2015, una coalición de 10 países liderada por Arabia Saudita y Emiratos Árabes, respaldada por Estados Unidos, Reino Unido y Francia en apoyo de lo que consideran gobierno legitimo de Yemen, entró en guerra bombardeando posiciones de los rebeldes en la llamada "Operación Tormenta Decisiva". Han recuperado el control de una gran parte del territorio, pero con un altísimo coste económico y humano, la mayor parte de las víctimas son civiles

La historia de Yemen, es la de una tierra compleja, con una estructura tribal muy fuerte y con la proliferación de armas, que han ocasionado más de 35 años de problemas y guerras. La vida nunca ha sido fácil en esta tierra. Hay un sentimiento secesionista en el sur. La guerra de las tribus chiitas Huthi para ampliar su influencia en esta región. El terror de Daesh y AlQaeda que han aprovechado el descontento y el vacío de poder para ganar terreno y seguidores. Y la intervención de la coalición internacional liderada por Arabia Saudita.

Ante este caos, el estado no tiene capacidad para atender las necesidades más urgentes y básicas de su población. Existe un brote de cólera sin precedentes, y el país enfrenta una crisis alimentaria catastrófica. 22 millones de personas necesitan ayuda alimentaria urgente, de ellos, 1.800.000 niños menores de cinco años enfrentan desnutrición aguda.

Yemen es el escenario de una lucha regional entre Teherán y Riad que se está complicando. Está en juego el control del estratégico estrecho de Bab Al-Mandeb, el paso hacia el Canal de Suez, por donde pasa la mayor parte del petróleo del mundo. Esta batalla ha empujado este estado empobrecido aún más hacia el abismo, mientras se ensancha la división sectaria. El país se desangra, hay un vacío político, sin ningún tipo de liderazgo formal, no hay gobierno, la seguridad se deteriora rápidamente, la economía está colapsada y la gente muere

Más allá, de las luchas de poder, y de la geopolítica, la situación ha provocado un peligroso enfrentamiento entre Irán y Arabia Saudita, que necesitan encontrar una solución pragmática, restablecer las relaciones de vecindad y gestionar sus enormes recursos para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos y de la región. La retirada de Donald Trump del acuerdo con Irán sobre su programa nuclear, y la decisión de endurecer la posición de EEUU, puede empeorar la situación.

Desde 1978 más de 550.000 personas han muerto en Yemen, por el hambre, la violencia o asesinadas, se estiman 10.000 desde 2015. Pero, la situación empeora.  El creciente número de víctimas civiles está elevando los temores sobre una situación humanitaria ya deteriorada. Ante esta catástrofe, la comunidad internacional debe actuar con máxima prioridad. Existe un interés moral y estratégico en estabilizar a Yemen, terminar la guerra no es suficiente. Es preciso buscar una salida negociada para desactivar las causas que han alimentado esta situación explosiva.

La única solución a la situación, es tratar de raíz todos los problemas. Las soluciones violentas y militares han demostrado no ser una opción. En esta zona nunca las armas han resuelto nada y solo han dejado muertes, odio, destrucción y que la paz y los anhelos de los pueblos de vida digna y libertad sean un proceso casi imposible de alcanzar. Una solución política debe prevalecer con el tiempo, pero solo si se consideran seriamente todos los desafíos y se abordan las cuestiones económicas, las reformas democráticas, los derechos humanos y de las minorías.

Hace unos días, murió Amal Hussain, la pequeña hambrienta niña yemeni. Imagen de la tragedia de su pueblo y de las terribles consecuencias de la hambruna y la guerra. Murió tras protagonizar otra de las imágenes impactantes de los últimos años que se espera que no quede pronto en el olvido. Tras más de 35 años de dictaduras, violencia y subdesarrollo, la nación más pobre del mundo árabe merece una oportunidad. A Yemen, le sobran bombas y le falta paz.

Crónica Global,  Pensamiento,Sábado, 10/11/2018 

lunes, 26 de noviembre de 2018

La industria mediterránea 4.0

Diez años después de la crisis financiera mundial, ahora emerge una nueva era basada en lo digital. Esta revolución se ha convertido en una realidad para millones de personas y crea nuevas oportunidades para empresas, gobiernos e individuos. Sin embargo, también implica nuevas divergencias y polarizaciones entre economías y sociedades.

Las nuevas tecnologías digitales representan un importante conjunto de desafíos  y generan una nueva competitividad en la economía mundial. No obstante, esta ola no alcanza a muchos países mediterráneos, lo que implica un riesgo de impacto negativo en su crecimiento futuro y su productividad.   

La transición a la cuarta revolución industrial, combinado con una crisis  de gobernabilidad, hace imprescindible reconsiderar a fondo el capital humano y adaptar la educación al mercado laboral para conseguir prosperidad y estabilidad.

Para la región Mediterránea, una transición exitosa garantizará la competitividad empresarial y es un factor determinante para la consolidación industrial regional. Pero: ¿Cuáles son las dificultades ? ¿Cuál es su impacto en la formación y el trabajo? 

En esta región, el reto económico más inmediato no es la diversificación, ni los nuevos regímenes fiscales, sino la creación de empleos productivos y sostenibles para su juventud. Al mismo tiempo, hay que dotarse de la combinación de los talentos y habilidades que conviertan la industria 4.0 en generador de riqueza y paz social. 

Hay que preocuparse por el nivel de formación de la fuerza laboral y por la naturaleza cuantitativa y cualitativa de la educación. los factores que hoy permiten evaluarla mejor son el desarrollo de la cultura digital, las habilidades y la capacidad de pensar de manera creativa.

La región posee un enorme capital humano por desarrollar. La educación, el impulso al sector privado, y la comprensión de esta revolución tecnología serán  ingredientes clave para el éxito. Esta es una tarea compleja, lo que requerirá un amplio consenso con la sociedad  y una acción determinada de los gobiernos.

El potencial digital es ilimitado lo que representa una oportunidad para el Mediterráneo. Un gran mercado con un rápido crecimiento, Hub de innovación, creatividad y el espíritu empresarial. En los jóvenes se encuentra recursos para hallar soluciones a los problemas acuciantes.

Dejar atrás el Mediterráneo en la transformación digital no es una opción. El ritmo de la cuarta revolución industrial no esperará a nadie. A medida que EEUU y Asia avanzan, Europa y el Mediterráneo necesitan forjarse su propia identidad .

EXPANSION, Edición Catalunya, Pag.2 Jueves, 22 Noviembre 2018

lunes, 29 de octubre de 2018

Diplomacia Económica


En los últimos años el mundo entró en una nueva era. EE UU ya no es la potencia hegemónica. China y Rusia se promocionan como actores económicos y militares y la aparición de bloques regionales económicos está causando un desafío cada vez mayor.
 
Las agendas internacionales señalan cuán complejo es el tiempo en que vivimos. Además de las continuas inestabilidades políticas y económicas, los avances tecnológicos obligan a la diplomacia a evolucionar. Nunca ha habido una necesidad más palpable de que los países innoven y fortalezcan sus capacidades para hacer frente a las complejidades y al ritmo de cambio. Igualmente, nunca antes el poder blando había tenido tanto potencial para resolver los desafíos que enfrenta la humanidad.

Por ejemplo, mientras continúa el debate sobre si la ayuda al desarrollo logra sus objetivos, o crea una cultura de dependencia, los beneficios son obvios. No cabe duda de que mejorar las condiciones económicas crea nuevos mercados, priva a los movimientos extremistas de reclutas vulnerables, principalmente jóvenes, y por lo tanto conduce a una mayor seguridad, reduce la emigración y los refugiados, y aumenta las posibilidades de generar riqueza. Es decir, beneficia a la sociedad global, no solo a los países receptores.

Ante esta apuesta, hay que dotarse de una diplomacia económica efectiva y adoptar estrategias complementarias combinando el bilateralismo y el multilateralismo. Priorizar un enfoque basado en el desarrollo humano y centrándose en la juventud y su empoderamiento.

Europa sigue descuidando la importancia de la política del codesarrollo. Sin embargo, la afluencia de inmigrantes africanos continuará mientras el sueño de Europa no sea reemplazado por un sueño africano. Y esto solo ocurrirá si se crea un entorno propicio para el emprendimiento para los jóvenes en su país de origen.  

El desarrollo de una estrategia global de diplomacia económica requiere la implicación de las empresas. Para que la internacionalización empresarial también sea una prioridad es preciso elaborar una política exterior institucional que aborde temas de conflicto e incertidumbre. Hay que adaptar nuevos enfoques a las nuevas complejidades. Las relaciones con otros países objetivo ayuda al desarrollo y a la expansión internacional de las empresas. 

La nueva diplomacia tendrá que enterrar los fantasmas del pasado, contar con las empresas y destinar más recursos a la formación de los jóvenes. La  ayuda al desarrollo tradicional no ofrece soluciones sostenibles y el codesarrollo parece cada vez más, un acierto.

Expansión, Edición Catalunya, Opinión. Pag.2. Viernes 26 Octubre 2018

jueves, 25 de octubre de 2018

Innovación, Innovación, esta es la cuestión


Los modelos económicos en vigor están sin aliento por la velocidad con la que se suceden los cambios. Globalización, ultra-liberalismo, transformación digital, avances tecnológicos, blockchain, economía colaborativa​, concentración urbana y desertización del mundo rural. Numerosos cambios que los gobiernos luchan por regular. Es preciso dar nuevas respuestas.

El cambio tecnológico amenaza empleos, pero también crea alternativas. Las relaciones en el trabajo, entre empresas, empleados, los servicios, la movilidad... están cambiando. La única clave para avanzar es mejorar en innovación y educación. Como en todo lo demás, el futuro de Europa, África y el Mediterráneo esta en adaptarse, compartir experiencias y avanzar juntos.

Siguiendo el modelo actual, los gobiernos mediterráneos se centran en la creación de empleos, no en la creación de empresas. Un modelo caducado que consiste en lanzar programas masivos de empleo público, en lugar de financiar e invertir en empresas exitosas que crearan empleos.

La región mediterránea tendrá que crear cientos de millones de nuevos empleos en las próximas tres décadas. Este desafío presenta una oportunidad para que la región transforme sus economías y aproveche la creatividad de su gran población juvenil y el poder disruptivo de la tecnología para crear riqueza.

Nos guste o no, las líneas de producción requerirán cada vez menos mano de obra gracias a las máquinas más eficientes, la automatización y la robótica. Además, la próxima ola traerá inteligencia artificial, impresión 3D y nuevas capacidades que harán que el trabajo adicional sea redundante. Sabemos ya, que 8 de cada 10 puestos de trabajo se perderán por las nuevas tecnologías --no por la inmigración o la globalización-- y el 64% de trabajo existente hoy será automatizado y el 66% de los puestos de trabajo para los próximos 10 años todavía no se han inventado.

Ante este panorama, y como dijo Benjamin Franklin: "Una inversión en conocimiento paga el mejor interés", está claro que el progreso económico está relacionado directamente con actividades de formación e innovación y hay una correlación entre progreso social y la actividad empresarial.

El ciclo de vida de las empresas debe enseñar a muchos países que el secreto de la eterna juventud es la constante innovación. Las empresas, como las personas, envejecen. Comienzan la vida con ganas de luchar y vivir, alimentado por energía juvenil e ideas frescas. Compiten, se expanden, maduran, y, finalmente, con pocas excepciones, se desvanecen. Lo mismo le puede pasar a los países que pueden perder la ambición de la juventud y dejarse caer en la complacencia.

El espíritu empresarial y el sector privado pueden impulsar la adaptación a la tecnología y la innovación, pueden ser el vehículo para implicar a los jóvenes y avanzar. Requiere trabajar por un cambio de mentalidad, animar a los jóvenes a crear sus propias empresas. Hay que impulsar un nuevo marco mental, una nueva actitud. La innovación trae riesgos, pero también oportunidades. Las personas innovadoras asumen esos riesgos para poder aprovechar las oportunidades.

Al hablar de innovación, parece que tratamos con teorías, de discursos intelectuales alejados de la calle y de la gente y sus problemas. Pero la innovación es el camino al desarrollo y a la supervivencia, el modelo para el ascenso de una empresa o país. La tecnología está aquí, pero por si sola no es la respuesta. Es un facilitador y acelerador de nuevas formas de ser y de hacer. Para tener capacidad de crear riqueza y tener un futuro, innovar no es una opción, es una necesidad.

Crónica Global, Empresas, Innovación, Futuro  Sábado, 20/10/2018

miércoles, 24 de octubre de 2018

Las otras historias de Oriente Próximo

  La información sobre conflictos desestabilizadores, gobiernos represivos, primaveras frustradas, terror, caos y la peor crisis de refugiados, suelen ser los titulares de las noticias que llegan de Oriente Próximo, pero esta no muestra todas las historias ni es la imagen completa de una región en continua evolución. Hay tendencias económicas - como la revolución tecnológica- y sociales  -como la cultura innovadora- que se han puesto en marcha, son positivas y contrarrestan la fatalidad y el pesimismo.

Entre los factores de recuperación económica y revitalización regional está el papel inclusivo de la tecnología, el espíritu empresarial y el impulso del sector privado con una narrativa alternativa que crea nuevas industrias, y en consecuencia, nuevos empleos, y que puede diversificar las economías de la región alejándola de apostar solo por la producción de hidrocarburos.

La energía del futuro de Oriente Medio no será el petróleo, será su capital humano. En la región viven 380 millones de personas, el 60% de ellas menores de 30 años. Los jóvenes deben ser la prioridad. Son la energía que, bien canalizada, puede reconstruir la región, liberarla del sectarismo y la injusticia. El paro, sobretodo el desempleo juvenil, es un problema grave que aumentará si no se proporcionan alternativas.

La creación de empleo, especialmente para la población joven, es un desafío y una prioridad. En los últimos cinco años, la población en edad laboral de la región aumentó en 50,2 millones. Sin embargo, solo encontraron empleo la mitad, unos 25,4 millones de personas.

Los jóvenes, universitarios, emprendedores y nativos digitales, están interesados en las energías renovables, la robótica y las nuevas tecnologías. Hay que convertir esta tendencia en una opción de futuro mediante la creación de un entorno que promueve y fomenta el espíritu empresarial, mejora la educación y apueste por la innovación y un crecimiento inclusivo. La tecnología educativa es necesaria para proporcionar el salto. El ecosistema debe ser propicio para la captación de talento, y ayudar a producir una generación de creadores de empleo en lugar de solicitantes de trabajo. Por tanto, hace falta una acción seria para crear economías inclusivas y empleo juvenil y los gobiernos deben ayudar a fundar nuevas empresas, liberar el camino para el sector privado, y redirigir la inversión pública hacia elementos intangibles como la educación, la investigación y el desarrollo.

Existen también historias de coraje y ambición protagonizadas por mujeres empresarias. Iniciativas innovadoras, con gran impacto en su comunidad y que están cambiando mentalidades. Hay una tendencia ascendente, con participación del 22%, pero lejos aún del promedio mundial del 33%. La participación de las mujeres en la economía aumenta la clase media y reduce las desigualdades. 

Uno de los aspectos más notables es el auge de las startups con una alta tasa de crecimiento, El mundo árabe no será Silicon Valley, pero está en un momento prometedor. Se multiplican las iniciativas, los Business Angels. Crece espectacularmente el comercio electrónico y las grandes empresas internacionales empiezan a apostar por esta región. El numero de fondos de capital riesgo se ha duplicado. Las universidades están construyendo aceleradores e incubadoras para impulsar startups lideradas por jóvenes universitarios. Se notan los vientos de cambio desde Casablanca, Túnez, El Cairo, Ammán, Beirut, Dubái, o Riad. 

Estos jóvenes graduados son aprendices conocedores, adaptables, y trabajadores. Son empresarios digitales, agentes de cambio pacífico y positivo y portadores de los nuevos valores de la región árabe: el trabajo duro, la apertura y el aprendizaje. La brecha de financiamiento  para las Pymes en la región es significativa: se necesitan 280.000 millones de dólares (unos 242.000 millones de euros). Las pymes representan el 75% de los empleos en la región, pero solo reciben el 8% de los préstamos. Empoderar a esta generación, invirtiendo en sus nuevas empresas es el mejor uso constructivo de su energía. 

La innovación es una cuestión de supervivencia para sociedades y países, y el talento, la materia prima de la economía, se extiende por la región. El cambio constructivo puede provenir de la inversión en la innovación y en el espíritu empresarial que lleven a una revolución económica que beneficiará a todos, Desde el exterior hay mucha confusión y sensación de caos en esta región. Pero el caos puede ser el amigo del emprendedor, y el espíritu empresarial consiste en alterar el status quo.

El Periódico de Catalunya, Opinión, Pag. 8   Lunes, 15 Octubre 2018

viernes, 28 de septiembre de 2018

Egipto, la carta económica

Rodeado de países en conflicto, y con grandes problemas internos, Egipto arrastra una inestabilidad política y económica sin precedentes desde el levantamiento que derrocó al Presidente Mubarak en 2011. Sin embargo, ha evitado el caos de sus vecinos, y ha estado aplicando duras reformas económicas, como la liberalización del tipo de cambio de su divisa, recortes profundos en los subsidios de combustible y electricidad, y un nuevo IVA. Tras unos años duros, la economía de Egipto está saliendo a flote con una mejora lenta, un moderado crecimiento y una inflación controlada.

Las calificaciones de deuda siguen estando limitadas por el déficit fiscal y los bajos niveles de ingresos. Se deben incrementar las exportaciones no petroleras para garantizar un aumento constante de divisas y continuar atrayendo nuevas inversiones extranjeras en todos los sectores de la economía. Pero la tendencia refleja una recuperación en el consumo, mayor inversión y exportaciones netas, y se estima un crecimiento medio del 5% en los próximos cuatro años.

Otra buena señal es que los turistas vuelven a visitar la tierra de los faraones. El turismo, que representa el 12% del PIB y un porcentaje similar del empleo, crece. En 2017 Egipto recibió 8,5 millones de turistas, un 55% más que en 2016, una tendencia que continua, en la primera mitad de 2018 el alza ha sido del 40%.

La visión del Gobierno para 2030 es un buen punto de partida. La nueva estrategia planea impulsar el desarrollo económico, la energía, la investigación científica, la transparencia y la eficiencia de las instituciones. Y la nueva Ley de inversiones es un paso positivo para mejorar el entorno legal y comercial. Sin embargo, se necesitan mayores esfuerzos, especialmente reducir el sector público, potenciar el crecimiento del sector privado y reducir la deuda pública.

Con una superficie de un millón de kilómetros cuadrados, y más de 90 millones de habitantes, la escala del programa de reforma económica es el desafío más grande de su historia reciente, pero es también una oportunidad para consolidarse como potencia regional. Tiene todos los componentes necesarios: el Canal de Suez, las remesas, el turismo, recursos, personas, dinamismo, espíritu empresarial, ubicación y vínculos globales. El país del Nilo se encuentra en medio de una etapa abierta a todos los escenarios. Deberá enfrentarse a retos importantes, y acelerar las reformas. El futuro se juega en ganar la carta económica.

Expansión, Edición Catalunya, Pag.2,  Miércoles, 26 septiembre 2018

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Turquia: Preocupación Creciente

Turquia eligió a principios de verano a Recep Tayyip Erdogan como el primer Presidente ejecutivo del país con nuevos poderes ampliados. 

Pero la nueva era no ha empezado bien y varios graves acontecimientos han impactado sobre la economía que está a medio gas y que era la razón principal de su éxito en los últimos años.

Nadie puede negar el milagro económico impulsado por el presidente Erdogan, que ha logrado multiplicar por cinco el nivel de ingresos per cápita en doce años y reducir la tasa de analfabetismo. Además, Turquía es hoy una de las 20 economías del mundo y juega un mayor papel en el escenario mundial.

Además, Turquía atrajo más de 180.000 millones de dólares de inversión extranjera en la última década. 50.000 empresas extranjeras se han instalado en su territorio, y su economía ha crecido en unos 800.000 millones de dólares al año. Ahora, Turquía es el sexto mayor socio comercial de la UE, con un volumen de comercio total de 140.000 millones de euros.

En los últimos diez años, crecieron el número de empresas españolas establecidas en Turquía a 610 y las inversiones de España superaron los 10.000 millones de euros. El volumen del comercio bilateral alcanzó los 9.800 millones de euros.

Pero desde el intento de golpe de Estado de julio de 2016, la ola de ataques terroristas, la cuestión kurda, las tensiones con Rusia, EEUU y la UE, la guerra en Siria y la creciente erosión de las instituciones democráticas, las cosas han empeorado. De momento no afectó a las tasas de crecimiento, y de hecho la economía turca creció en un asombroso 7,4% en el primer trimestre de 2018. Pero, a pesar de la  solidez de la expansión económica en los últimos años, hay dudas de que el impulso pueda mantenerse por mucho más tiempo.

El crecimiento se mantiene principalmente porque el Estado comenzó a inyectar dinero en la economía pero descuidó otras cuestiones clave como la inflación y la devaluación de la moneda, el aumento del déficit por cuenta corriente y el desempleo. La inversión extranjera directa ha caído a su nivel más bajo desde 2010, la tasa de crecimiento es la más baja desde 2008 y la recesión es una preocupación creciente.

Son muchos retos por resolver en un entorno de incertidumbres políticas y económicas. Se avecina una desaceleración de una economía que necesita impulsar cambios estructurales. Lograr esto en medio de la tensión política interna, regional e internacional será difícil pero no imposible.

La economía es lo suficientemente fuerte para soportar tormentas y el país tiene numerosos puntos fuertes: un PIB de 800.000 millones de dólares, una población de 80 millones, una ubicación geográfica con acceso a 1.600 millones de personas en Europa, Oriente Medio y Asia Central, instituciones modernizadas y un clima de negocios abierto. Pero el crecimiento está por debajo de su potencial, lejos del 9% de los mejores años, por eso necesita crecer más del 4% para crear empleo y atraer inversores para financiar el déficit.

El presidente Erdogan es una personalidad extraordinaria e inteligente, pero su estilo ha unido en su contra, todas las contradicciones tanto internas como externas. Parece querer dominar todo. Pero su proyecto de un partido de un solo hombre es muy frágil. Los últimos acontecimientos muestran esta debilidad política.

Con el nuevo mandato se teme que el control del presidente sobre la política fiscal y monetaria implique que haya más arbitrariedad en el entorno económico. Un ejemplo es el último decreto ley en el que Erdogan como presidente nombra al Erdogan ciudadano como presidente del mayor fondo soberano estatal con unos 200.000 millones de dólares. Esta tendencia podría inquietar a las empresas internacionales y afectar las esperanzas de los turcos de poder unirse algún día a la Unión Europea.

Hace dos décadas, Erdogan era el portador de un nuevo mensaje de pluralismo y poder compartido. Hoy, él mismo es el mensaje. Ya no se vota por un programa, una filosofía o incluso una nueva élite gobernante: se vota por Erdogan.

Hace cuatro años, Turquía parecía haberse convertido en un modelo de apertura económico que enfatizaba la empresa privada y un sector público solido que respetaba las normas y prácticas internacionales, especialmente en lo que respecta a la transparencia y el Estado de derecho. Hoy, sin embargo, la economía turca parece ser propensa a las tentaciones intervencionistas y las prácticas corruptas​.

El presidente debe encontrar un equilibrio, hay muchos frentes abiertos, y el futuro de Turquía depende de su respuesta ante los desafíos tanto internos como externos. Si la inestabilidad persiste puede desestabilizar al país, dañar su crecimiento y afectar a Europa.

Crónica Global, Pensamiento, Viernes, 21 septiembre 2018