viernes, 5 de junio de 2020

Acelerando la Economía Verde en el gran Mediterráneo


Otra de las consecuencias de esta pandemia de la COVID-19 en el mundo son los cielos azules, los árboles verdes y las noches estrelladas.

 La reducción de la circulación de vehículos y de las actividades industriales ha despejado el aire en ciudades habitualmente contaminadas, dejando a sus residentes asombrados. Esto no significa necesariamente que estemos progresando para mitigar el cambio climático, pero sí demuestra hasta qué punto nuestras acciones afectan a la naturaleza.

La COVID-19 ha interrumpido cadenas de suministro y financiación, y también afectará a los nuevos proyectos de energía solar y eólica. Sin embargo, las energías renovables serán el único sector energético que presenten crecimiento de su demanda este año. De hecho, el carbón verá su mayor disminución de demanda desde la II Guerra Mundial.

Nos encontramos en un contexto particular y complejo, marcado por crecientes incertidumbres económicas, políticas, de seguridad y geoestratégicas. Por ello, es imperativo formular respuestas urgentes y soluciones efectivas para afrontar juntos los grandes desafíos comunes. Es el momento de repensar el Mediterráneo para que sea un actor positivo y reactivo en la escena internacional. Hay que establecer una reflexión mediterránea adecuada para la región en su conjunto porque no se trata solo de energía limpia, sino de una forma diferente de operar, una normalidad diferente.

La región vive inmersa en múltiples desafíos: la pandemia, el desarrollo económico, el cambio climático, la demografía, los jóvenes, la inclusión de la mujer, el paro, la urbanización, la educación, la democracia... Y a pesar de todo, estamos condenados a tener éxito. La región Mediterránea cuenta con una de las poblaciones más jóvenes del mundo. Casi el 50% tiene menos de 30 años. Es increíblemente emocionante y nos obliga a mirar hacia el futuro. Necesitamos nuevas ideas que satisfagan las necesidades de esa población tan joven.

Hay muchos desafíos en juego, en particular en la gestión del turismo y la lucha contra la contaminación. El cambio climático es una seria amenaza para el desarrollo y la sostenibilidad. Es preciso gestionar los recursos, impulsar las políticas energéticas, y conservar nuestro gran patrimonio histórico común.

La hoja de ruta a seguir se puede basar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030. El alcance es ambicioso: poner fin a la pobreza, lograr una educación inclusiva, ciudades sostenibles, el acceso a agua potable, la igualdad entre géneros, el acceso a energías limpias... El problema es que muchos gobiernos ya han incumplido todos los compromisos anteriores y, sin la participación empresarial, estos objetivos seguirán siendo inalcanzables. Es preciso involucrar al sector privado, que no olvidemos que aporta el 60% del PIB mundial y el 90% de los puestos de trabajo.

El cambio climático y la escasez de agua en el Mediterráneo acrecentarán el impacto de los diferentes conflictos y retos. La mayoría de países han empezado a sufrir las consecuencias de la contaminación y sus efectos sobre la población y los demás aspectos de la vida. Hay una creciente conciencia de que la situación afecta a todo el mundo: no entiende de nacionalidad, religión, ni ideas políticas, ni orillas de un mar. Por tanto, la situación nos exige movilizarnos y construir juntos un medio ambiente sostenible.

En el Mediterráneo, es urgente impulsar la creación de economías eficientes en recursos y resistentes al clima. Es el primer paso hacia un futuro que debe incrementar la cooperación entre sus dos riberas y para ello se requieren medidas para ordenar los usos, así como para proteger un ecosistema.

La Economia Verde en el gran Mediterráneo

La economía Verde proporciona una gran oportunidad para fomentar un desarrollo global con crecimiento sostenible y en línea con la Agenda 2030. Está presente en las tecnologías limpias, las energías renovables, los servicios de agua, el transporte verde, la economía circular, la edificación verde, la agricultura sostenible y la conservación ambiental, entre otros. Los empleos verdes ya no son un espejismo sino una realidad cuyo tiempo parece que ha llegado. Todo ello no ofrecerá sino oportunidades de negocios y empleo.

El potencial de la región es considerable. Las energías renovables pueden ser el catalizador para estimular este crecimiento sostenible en el Mediterráneo. Además de energía hidroeléctrica y recursos eólicos, cuenta con la radiación solar más alta del mundo y con grandes extensiones de desierto. Técnicamente, la región podría cubrir sus propias necesidades y las del resto del mundo solamente con energía solar. La inversión total prevista en el sector de energías renovables hasta 2030 será de 250.000 millones de euros. Riqueza debe estar al servicio del Mediterráneo, de sus economías y sus pueblos.

La industria puede despegar de una recesión masiva, aunque todavía no hayan comenzado los esfuerzos para ello. Es imprescindible tener ambición y formular una nueva visión global mediterránea para que la región se convierta en líder en economía verde. Los parques solares a gran escala y los parques eólicos en tierra ofrecen la fuente de electricidad más barata para aproximadamente dos tercios de la población mundial. El futuro es optimista.

El impacto de la COVID-19 debe acelerar una transición global al 100% de energía renovable con una estrategia regional para alcanzar este rumbo. Debemos crear sistemas de energía sostenibles y abordar las emisiones de CO2.

Saldremos de esta pandemia más fuertes y debemos aprovecharla también para ser más inteligentes. La sostenibilidad tiene que ser una parte importante de la era post COVID-19 en la agenda global. Desde las decisiones individuales hasta las acciones corporativas y gubernamentales, debemos adoptar una economía verde, renovable y circular.

Para garantizar el desarrollo sostenible, los países mediterráneos deben invertir en recursos humanos proporcionando financiación para su desarrollo. El cambio climático afecta todos los aspectos de nuestras vidas: nuestro medio ambiente, nuestra economía y nuestra salud. El tiempo de hablar ha terminado. Es el momento de tomar medidas.

Una nueva era amanece para este sector, situando a esta región en el corazón de la industria global. Una planificación a largo plazo y una visión compartida son esenciales para movilizar los recursos necesarios que desarrollen la cooperación energética entre las dos orillas del Mediterráneo. Todos somos conscientes de la dependencia mutua en materia de energía entre Europa y el Mediterráneo. Hay opciones.

Barcelona, 25 Mayo 2020 











jueves, 14 de mayo de 2020

Innovación y Digitalización Post-Covid-19 : Una necesidad

Doce años después de la crisis financiera mundial, nos enfrentamos a una situación desconocida. Un tsunami sin precedentes que ha confinado a millones de personas en sus hogares, sacudido las bolsas, cerrado empresas, mercados, restaurantes y calles, paralizando nuestras economías. Los precedentes históricos revelan que una situación de este tipo podría alterar los sistemas políticos y económicos, reconfigurar ideas y teorías e imponer cambios radicales en nuestro estilo de vida.

En esta ocasión, los aliados inesperados han sido la innovación y la tecnología digital, que han contribuido a aliviar el impacto de la COVID-19 sobre personas, empresas y gobiernos. En medio del caos emerge una nueva era basada en lo digital, creando nuevas oportunidades. Pero los beneficios de la tecnología no se distribuyen por igual, ya que más de 3.600 millones de personas en el planeta aún no tienen acceso a internet. En la economía informal no existe el teletrabajo. Para millones de niños acceder a una educación en línea es un sueño remoto.

Es el momento de reaccionar de manera coordinada frente a los nuevos desafíos, porque la innovación y la digitalización están aquí para quedarse. Su implantación se ha acelerado y ya no hay vuelta atrás. Ha cambiado la forma en la que trabajamos, aprendemos, compramos o nos relacionamos. Debemos estar preparados para la llamada nueva normalidad.

Nunca antes la agenda digital ha sido tan necesaria y vital. No se trata solamente una respuesta inmediata contra el impacto de la COVID-19, sino que hace indispensable también el impulso de la investigación y la innovación. Los modelos económicos en vigor están sin aliento por la velocidad con la que se suceden los cambios. Nos encontramos en la era de la globalización, el cambio climático, las pandemias, la transformación digital, la economía colaborativa, la concentración urbana y la despoblación del mundo rural. Numerosos cambios que los gobiernos luchan por regular. Sin embargo, estos también implican nuevas divergencias y polarizaciones entre economías y sociedades. Por ello, es preciso dar nuevas respuestas.

El cambio tecnológico amenaza empleos, pero también crea alternativas. Las relaciones en el trabajo, entre empresas, empleados, los servicios, la movilidad... están evolucionando. La única clave para avanzar es mejorar en innovación y educación. Como en todo lo demás, el futuro de Europa, África y el Mediterráneo estriba en adaptarse, compartir experiencias y avanzar juntos.

Siguiendo el modelo actual, los gobiernos mediterráneos se centran en la creación de empleos y no tanto en la creación de empresas. Un modelo caducado que consiste en lanzar programas masivos de empleo público en lugar de financiar e invertir en empresas exitosas que creen empleos. Está claro que el progreso económico está relacionado directamente con actividades de formación, investigación e innovación, y que existe una correlación entre progreso social y la actividad empresarial.

El ciclo de vida de las empresas debe enseñar a muchos países que el secreto de la eterna juventud es la constante innovación. Los gobiernos tienen que equilibrar los gastos e invertir en infraestructuras tangibles, tales como carreteras, líneas ferroviarias o puertos. No obstante, hay que apostar también por intangibles como la educación, la investigación y el desarrollo. La I+D es el motor clave para construir y consolidar una economía del conocimiento e implantar una cultura de creatividad en la que los jóvenes se inspiren, transformen sus ideas, eleven sus ambiciones y persigan sus sueños.

El espíritu empresarial y el sector privado pueden impulsar la adaptación a la tecnología y la innovación, ser el vehículo para implicar a los jóvenes y avanzar. Hay que fomentar un nuevo marco mental, una nueva actitud, aprovechar la energía juvenil, las ideas frescas, pues son éstas las que traen oportunidades. La innovación es una palanca para la creación de valor porque transforma la manera de hacer negocios y tiene un efecto multiplicador en el crecimiento de una nación y sus empresas.

La innovación es el camino al desarrollo y a la supervivencia. El modelo para el ascenso de una empresa o país. La tecnología ya está aquí, pero por sí sola no es la respuesta. Es un facilitador y acelerador de nuevas formas de ser y de hacer. Para tener capacidad de crear riqueza y asegurar un futuro, innovar no es una opción, es una necesidad.

La región mediterránea tendrá que crear cientos de millones de nuevos empleos en las próximas tres décadas. Este desafío presenta una oportunidad para que la región transforme sus economías y aproveche la creatividad de su gran población juvenil y el poder disruptivo de la tecnología para crear riqueza.

Nos guste o no, las líneas de producción requerirán cada vez de menos mano de obra gracias a máquinas más eficientes, la automatización y la robótica. Además, la próxima ola traerá más inteligencia artificial, impresión 3D y nuevas capacidades que harán que el trabajo adicional sea redundante. Sabemos ya que 8 de cada 10 puestos de trabajo se perderán por las nuevas tecnologías (no por la inmigración o la globalización), que el 64% de trabajo existente hoy será automatizado y que el 66% de los puestos de trabajo para los próximos 10 años todavía no se han inventado.

La transición a la cuarta revolución industrial, combinada con una crisis de gobernabilidad, hace imprescindible reconsiderar a fondo el capital humano y adaptar la educación al mercado laboral para conseguir prosperidad y estabilidad. Las nuevas tecnologías digitales generan una nueva competitividad que, por el momento, no alcanza a muchos países mediterráneos. Para la región, una transición exitosa garantizaría la competitividad empresarial y sería un factor determinante para la consolidación industrial regional. No hacer nada es un riesgo de impacto negativo en su crecimiento futuro y su productividad.

En esta región, el reto económico más inmediato no son la diversificación ni los nuevos regímenes fiscales, sino la creación de empleos productivos y sostenibles para su juventud. Al mismo tiempo, hay que dotarla de la combinación de los talentos y habilidades que conviertan la industria 4.0 en generador de riqueza y paz social. Hay que preocuparse por el nivel de formación de la fuerza laboral y por su naturaleza cuantitativa y cualitativa. Los factores que hoy permiten evaluarla mejor son el desarrollo de la cultura digital, las habilidades y la capacidad de pensar de manera creativa.

La región posee un enorme capital humano por desarrollar. La educación, el impulso al sector privado y la comprensión de esta revolución tecnológica, serán ingredientes clave para el éxito. Esta es una tarea compleja que requerirá un amplio consenso social y una acción determinada de los gobiernos.

El potencial digital es ilimitado, lo que representa una oportunidad para el Mediterráneo. Un gran mercado con un rápido crecimiento. Un hub de innovación, creatividad y el espíritu empresarial. En los jóvenes se encuentran los recursos para hallar soluciones a los problemas acuciantes.

Dejar atrás el Mediterráneo en la transformación digital no es una opción. El ritmo de la cuarta revolución industrial no esperará a nadie. A medida que Estados Unidos y Asia avanzan, Europa y el Mediterráneo necesitan forjarse su propia identidad. Hoy el desequilibrio es obvio, y todo lo que impide mejorar la capacidad innovadora está condicionando el futuro.

La principal clave para la innovación es la formación. Las empresas que invierten en sus empleados para proporcionarles los conocimientos adecuados son las que crecen. Los gobiernos deben hacer lo mismo, mejorando las cualificaciones y fomentando la innovación en todos los sectores clave de la economía y en el sistema educativo. Si dejan de apostar por la educación de las nuevas generaciones, les estarían condenando a depender de otros de por vida.

Existe una gran necesidad de una nueva plataforma de colaboración que reúna a los gobiernos con las empresas y otros actores interesados en la cooperación público-privada del Mediterráneo, que facilite un diálogo progresivo que comprenda y respete los valores y la cultura de la región. Se debe Invertir en los jóvenes para desbloquear el dividendo demográfico en un área donde los intereses de los gobiernos, el sector privado y las organizaciones internacionales se alinean plenamente. Esto requiere hoy una acción conjunta de todos para asegurar una región próspera mañana.

Esta crisis pasará, pero no debemos olvidar que la innovación y la digitalización son el camino para la supervivencia y el desarrollo, el combustible para el progreso constante y el modelo para el ascenso de una empresa, una nación o una región.

Barcelona, Opinión, Lunes, 11 mayo 2020














martes, 28 de abril de 2020

La logística nunca ha sido tan importante


Nos enfrentamos a un desafío capaz de remodelar el mundo. A medida que los países toman medidas esenciales para proteger a su población, ningún sector queda inmune a los cambios.

Fronteras cerradas, trabajo en remoto, prohibiciones de viaje y confinamiento. El brote de coronavirus está redefiniendo cómo permanecemos conectados. Y con una quinta parte del planeta ya aislado, resulta indispensable que se mantenga el flujo de bienes para que los suministros críticos puedan llegar a donde se necesitan. La industria de la logística global se enfrenta a su mayor reto.

El brote de la COVID-19 ha hecho que se incremente la importancia de las cadenas de suministro para dar respuesta en tiempo real y optimizar el movimiento de mercancías, ya sea gestionando el aumento de la demanda minorista en línea o manteniendo la provisión de suministros médicos y productos frescos. La COVID-19 ha mostrado que la logística precisa evolucionar para construir cadenas de suministro más resistentes. Todos dependemos de ellas para lograr la seguridad alimentaria, sanitaria y la estabilidad, pues su cometido es mantener a las personas seguras y las empresas operativas, mientras los clientes se adaptan a los nuevos desafíos.

El comercio mantiene al mundo conectado. El transporte marítimo, por donde circulan el 80% de las mercancías y el 50% del petróleo consumido, es de vital importancia en la geopolítica global. Además, el transporte y la logística fomentan la cooperación y el desarrollo. Son sangre para la economía al movilizar 4,3 billones de dólares. En los países en desarrollo, una logística competitiva ayudaría a solucionar los problemas de inmigración, radicalización o creación de empleo. Sin duda, la economía es una palanca esencial para luchar contra la pobreza, la desigualdad, y resolver condiciones socioeconómicas desesperadas.

La pandemia ha convertido a la cuarta revolución industrial en una realidad para millones de personas. Se están configurando los contornos de un nuevo horizonte. El futuro digital creará nuevas oportunidades para las personas, las empresas y los gobiernos. Pero si se gestiona mal, también traerá nuevas amenazas, polarizaciones entre sociedades o economías divergentes. Los modelos económicos en vigor precisan dar nuevas respuestas, pues las medidas existentes son insuficientes. Hace falta más integración económica, planes de emergencia y soluciones realistas para resolver problemas endémicos.

La magnitud del desafío, deja a las actuales medidas como insuficientes. Sin un sector logístico efectivo, la economía no puede desarrollarse. Una logística eficiente reduce costes en exportación, importación y distribución en el mercado interno. Es la palanca para el crecimiento y la competitividad. La internacionalización requiere poner un especial énfasis en el rendimiento global de las redes de distribución y suministro, pero también en la regionalización de sectores que se benefician de la proximidad geográfica y la complementariedad económica.

Además, el sector está comprometido y ha reaccionado priorizando suministros médicos críticos, manteniendo el flujo de productos frescos y mejorando el uso de tecnologías. El esfuerzo para mantener el comercio ha sido global. Gobiernos y autoridades aeroportuarias en todo el mudo están implementando directrices estrictas, tales como una mayor desinfección, protegiendo también la seguridad y la salud de la fuerza laboral. Hay que agradecer a los trabajadores y empresas del sector su creatividad, innovación y dedicación para mantener la cadena de suministro operativa, ágil y robusta en este momento de crisis.

Más allá del desafío inmediato, hay que impulsar de forma urgente iniciativas para hacer que los flujos comerciales sean más sólidos. La construcción de plataformas digitales será crucial para adaptarnos a largo plazo a este nuevo tipo de crisis. La cadena de suministro digitalizada, además de la red mundial de puertos, terminales y zonas económicas, garantizará mover la carga de un lugar a otro con tan solo un clic. Las nuevas tecnologías están impulsando la logística en línea y permitiendo un comercio más inteligente, con más eficiencia en toda la cadena de suministro, mayor visibilidad y transparencia; permitiendo a su vez que el movimiento de mercancías sea optimizado y redirigido hacia dónde éstas más se necesitan.

Esta pandemia llega en un momento clave. El sector de la logística mundial está en pleno auge, con una mayor exigencia de servicio por parte de los clientes, la irrupción de nuevos competidores, la revisión de los procesos logísticos y su incorporación a la revolución digital. Nos esperan grandes retos, como el uso de big data para gestionar eficientemente flujos logísticos o la implementación de plataformas online que optimicen los volúmenes de carga transportada.

El modelo de potencias marítimas que llevaba siglos transportando cargas a través de alta mar, está dando paso a un futuro más multidireccional y multimodal. El mapa del transporte marítimo mundial cambiará. Es necesario y urgente apostar por la Agenda 2030 y por la sostenibilidad. El 23% de las emisiones de CO2 se atribuyen al transporte, por lo que la prioridad común es avanzar hacia una mayor eficiencia y eco-sostenibilidad en toda la región Mediterránea.

El Mediterráneo cuenta con más de 450 puertos y terminales, representa el 30% del comercio marítimo mundial por volumen y es el primer destino turístico del mundo. Es el punto de confluencia de tres continentes (África, Asia y Europa), en el que viven 500 millones de personas. De esta nueva situación puede emerger una gran plataforma con unas características únicas para facilitar el comercio mundial.

No obstante, es necesaria una mayor integración de las infraestructuras, más interconexión del sur mediante autopistas y el impulso de los corredores multimodales, como el Corredor Mediterráneo. Esto permitiría cambiar las tendencias y beneficiar a todos los componentes de la región. Atraería empresas internacionales, aumentaría las exportaciones e impulsaría la creación de puestos de trabajo y empresas. Cerrar las brechas existentes entre ambas orillas no es fácil, pero lograrlo significaría obtener una red de transporte más efectiva, más comercio y un mayor desarrollo.

La región tiene el alcance y la ambición para convertirse en actor clave en la escena logística internacional. El futuro de la región depende de la capacidad para adaptarse a las nuevas realidades, construir puentes, crear espacios de encuentros para transformar esta amenaza en una oportunidad y convertir la debilidad en una fortaleza. Esto haría que pudiera enfrentarse debidamente a los retos, crear un futuro común sumando capacidades y utilizar esta sinergia en la búsqueda de nuevos caminos. Es el momento de actuar para volver a situar al Mediterráneo como la gran plataforma logística en los flujos este-oeste y como la mejor opción para canalizar las cargas entre Asia, África y Europa. La Logística nunca ha sido tan importante como hoy.

Opinión, Barcelona, 25 Abril 2020


https://atalayar.com/blog/la-log%C3%ADstica-nunca-ha-sido-tan-importante

https://www.territoriobitcoin.com/la-logistica-nunca-ha-sido-tan-importante/

https://www.ticpymes.es/autonomos/noticias/1118164025204/opinion-logistica-nunca-sido-tan-importante.1.html

https://www.cronicaeconomica.com/la-logistica-nunca-ha-sidoi-142785.htm

https://www.economiadehoy.es/la-logistica-nunca-ha-sido-tan-importante

https://www.muycanal.com/2020/04/24/la-logistica-nunca-ha-sido-tan-importante

https://elcandelerotecnologico.com/2020/04/23/la-logistica-nunca-ha-sido-tan-importante/


https://www.eleconomista.es/sanidad/noticias/10503829/04/20/Las-30-normalidades-que-impondra-el-coronavirus-cuando-acabe-la-crisis.html





viernes, 24 de abril de 2020

El turismo también saldrá de esta crisis

Beirut,2012
El turismo será uno de los sectores más afectados por la pandemia del Covid-19, ya que este sector no puede aislarse del contexto local, nacional o mundial en el que opera. Muchos empleos se están viendo amenazados en todo el mundo y en especial en la región mediterránea, porque ya se trate de epidemias, pandemias, guerras, crisis económicas o desastres naturales, lo que ocurre en el entorno afecta también al turismo.

Por su carácter transversal, el sector del turismo impacta en otras 70 actividades económicas y representa el 10% del PIB y el 10% del empleo en el mundo. De los 7.200 millones de habitantes del planeta, 1.500 millones cruzaron en 2019 alguna frontera por viajes de placer. Los ingresos generados por el turismo aumentaron hasta los 1,7 billones de dólares, alcanzando casi los 5.000 millones de dólares diarios. Una cifra récord. En la última década, el crecimiento del turismo ha sido vertiginoso con un 69% más de turistas internacionales y las consecuencias de todo ello dependerán de cuál sea el tipo de gestión. Si ésta es responsable, el turismo estimulará el crecimiento inclusivo, creará empleos y pymes, atraerá inversiones e impulsará la economía.

El Mediterráneo es la zona principal de turismo del mundo con cerca de 400 millones de turistas: el 32 % de todas las llegadas de turistas internacionales y el 30% de los ingresos por turismo a nivel mundial. Representa el 13% de las exportaciones, el 23% del sector servicios y emplea a más de 20 millones de personas. En el Mediterráneo, el turismo es una locomotora para el crecimiento y puede serlo además para la recuperación económica ya que puede liderar la creación de empleo y cubrir la necesidad de financiación externa por una mayor afluencia exterior. Esta capacidad de arrastre de otros sectores y sus beneficios colaterales resultan multiplicadores.

En momentos pasados, el sector turístico demostró su capacidad para superar crisis y adaptarse a los cambios, impulsar el crecimiento y crear puestos de trabajo, a pesar de los desafíos económicos, geopolíticos, del terrorismo o de los desastres naturales. El optimismo es clave, pero es necesario un cambio. La crisis obliga a repensar el modelo económico. Es preciso examinar las formas de hacer y encontrar nuevos caminos para la comercialización, reinventarse y crecer. Hay que trabajar con los territorios, revisar el turismo social y cuidar el patrimonio; en definitiva, apostar por un turismo sostenible. La misma perspectiva de cambio climático supone una seria amenaza para el desarrollo y la sostenibilidad. Existen muchos desafíos determinantes para el futuro, particularmente en términos de gestión del turismo, el clima y el medio ambiente, la estrategia y la sostenibilidad. Es urgente potenciar la oferta presente en todos los países del Mediterráneo, tanto por su diversidad cultural como por su importancia histórica, haciendo especial énfasis en la gran biodiversidad existente.

Salir de esta gran crisis y poner en valor el turismo en el Mediterráneo es la respuesta más obvia. Pero, ¿cuál es la estrategia? ¿Qué herramientas pondrán en marcha los actores económicos y las comunidades? El intercambio de prácticas y la coordinación entre los países de las dos orillas debería ser la prioridad.
Los gobiernos, el sector privado y la comunidad internacional deben trabajar juntos para superar el COVID-19 y esta crisis social y económica sin precedentes. Sin embargo, la capacidad de estímulo variará considerablemente de un país a otro. Varios factores entrarán en juego, tales como infraestructuras, recursos humanos, capacidad económica e incluso factores políticos. Es urgente mitigar el impacto de la crisis, garantizar la recuperación del turismo y permitir que el sector desempeñe un papel de liderazgo en la recuperación general.

Para acelerar la recuperación, es necesario impulsar medidas de estímulo y proporcionar incentivos financieros para la inversión y explotación turística y preparación para el futuro. Proporcionar incentivos para la retención laboral, apoyar las pymes y las stratups del sector y proteger a los grupos más vulnerables. Revisar impuestos, y cargos y regulaciones que afectan el transporte y el turismo. Garantizar la protección del consumidor y la confianza. Impulsar los eventos y congresos. Promover nuevos trabajos y la adquisición de habilidades, especialmente digitales. Incluir el turismo en los mecanismos de emergencia económica a nivel nacional, regional y mundial para restablecer la confianza y estimular la demanda. Crear mecanismos y estrategias de gestión de crisis. En conclusión, priorizar el turismo en los programas de recuperación nacionales, regionales o internacionales y en la ayuda al desarrollo.

A pesar de que la situación resulta alarmante, la imagen no es tan sombría. Hay una gran capacidad, un enorme potencial para recuperar el lugar esencial en las economías nacionales dentro del marco de prioridades de desarrollo sostenible. La pandemia es una oportunidad sin precedentes para reconfigurar el sector y garantizar, no solamente su crecimiento, sino su sostenibilidad, con la inclusión y la responsabilidad como prioridades. Es el momento de diversificar mercados, productos y servicios. Invertir en sistemas de análisis de mercado, inteligencia económica y transformación digital, y en capital humano y talentos.

Hasta ahora, los intereses turísticos nacionales y la competitividad entre los países mediterráneos han primado. Ha llegado el momento de apostar por la cooperación regional y la voluntad de aunar esfuerzos para salir reforzados de esta pandemia.

Hay que seguir. Es posible enfrentarse a retos, incertidumbres, pandemias y el desafío del cambio climático mejor organizados y con mejores perspectivas para la perdurabilidad a largo plazo. Una vez más, el turismo también saldrá de esta crisis.

Opinión, Barcelona, Miércoles, 15 Abril 2020





















miércoles, 11 de marzo de 2020

El poder de las ferias y congresos

Después de la tormenta que provocó la anulación del MWC en Barcelona, conviene comprender mejor el fenómeno de los eventos y su impacto en la economía. Se organizan numerosos congresos y ferias en todo el mundo abarcando una amplia variedad de temas y sectores. Líderes mundiales y miles de personas, empresarios, emprendedores o políticos, acuden al Foro de DAVOS o al MWC, entre otros. Aunque hay quienes cuestionan esta industria, son una plataforma indiscutible de intercambios y reuniones al servicio de la diplomacia y la economía.

Las ferias y mercados son tan antiguos como la Humanidad. Tras la caída del muro de Berlín, se facilitó que los líderes se reunieran en formatos menos rígidos, y los congresos y ferias se convirtieron en una gran oportunidad para discutir temas de gran importancia, mejorando las relaciones internacionales y el intercambio comercial.

Son una plataforma excepcional para el desarrollo y generan numerosos impactos económicos. En una sola feria o congreso es posible ver, escuchar, aprender, promocionar la economía e innovación de un país, generar proyectos, impulsar un sector, crear nuevas relaciones comerciales, identificar oportunidades de inversión o negocio, formar alianzas o empresas conjuntas, comprender las últimas tendencias y pronósticos e intercambiar ideas con los actores más interesantes. Otra ventaja es el ahorro de tiempo que implica, por ejemplo, asistir al MWC, que permite establecer numerosos contactos en sólo tres días. En la era de la tecnificación online y las pantallas, aún es importante el encuentro personal y estrechar la mano.

Es fácil subestimar la contribución de esta industria. Pero gobiernos y ciudades han comenzado a apreciar su valioso papel en las economías del conocimiento y la innovación. Genra beneficios directos reconocidos, como el turismo de negocios o el impulso de proyectos locales, que se convierten en facilitadores del desarrollo urbano con nuevas empresas, empleos, y dinamizan otros sectores, aportando identidad, visibilidad y reputación a cualquier ciudad.
 
Si bien la contribución global de la industria de las ferias y congresos aún no se ha cuantificado, algunos estudios calculan su tamaño global en 750.000 millones de euros y se proyecta un crecimiento del 50% hasta 2025. Sólo la actividad ferial global reúne cada año a 4.5 millones de empresas expositoras, atrae a 303 millones de visitantes y crea 3.2 millones de empleos.

Sin olvidar que estas reuniones son el termómetro de la situación tanto política como económica o empresarial del mundo.

EXPANSIÓN, Opinión,  Edición Catalunya, Pag.2,  Martes, 10 marzo 2020

lunes, 24 de febrero de 2020

Diplomacia económica en un mundo caótico

La agenda internacional revela la complejidad del tiempo en que vivimos, con continuas inestabilidades políticas, avances tecnológicos y presiones económicas. La diplomacia ha de estar en constante evolución.

Tras décadas construyendo una imagen de gigante, en unas pocas semanas, el coronavirus, un enemigo inesperado, ha revelado la fragilidad de China. Nunca ha habido una necesidad más palpable de que los países innoven y fortalezcan sus capacidades diplomáticas para hacer frente a las complejidades y al ritmo de cambio que estamos presenciando. Igualmente, nunca antes el llamado soft power (poder blando) había tenido tanto potencial para resolver los desafíos que enfrenta la humanidad.

Conflictos políticos o económicos, religiosos o culturales, climáticos, étnicos, lingüísticos. Realidades complejas que tienen efectos directos en el proceso de internacionalización empresarial y institucional. Es preciso elaborar estrategias creativas y tener en cuenta las nuevas situaciones para evitar desconfianzas, incertidumbres e incluso violencia.

Seguridad y derechos individuales son componentes clave de la internacionalización en un mundo global y en conflicto. Y el objetivo es reducir riesgos al elaborar una estrategia de expansión internacional.

Es imprescindible dotarse de una diplomacia económica efectiva. La diplomacia debe tener más peso, combinando bilateralismo y multilateralismo, adoptando un enfoque basado en el desarrollo humano y centrándose en la juventud.

Europa sigue descuidando la importancia de la política del codesarrollo. De hecho, los países europeos se encuentran en una posición cautelosa con respecto a la inmigración. Pero, la afluencia de inmigrantes africanos o asiáticos continuará, mientras el sueño de Europa no sea remplazado por el sueño africano o el sueño asiático. Para ello, debe crearse un entorno propicio para el emprendimiento en todos los países. El comercio no debe ser un arma, sino un mecanismo que ayude a los bienes de cambio de los países, que aumente el bienestar y ayude a escapar de la pobreza.

La internacionalización de las empresas también debe ser una prioridad en la política exterior. Elaborar una estrategia exterior institucional que aborde temas de conflicto e incertidumbre, que adopte nuevos enfoques a las nuevas complejidades operacionales. Las relaciones diplomáticas y políticas con otros países que son objetivos de la expansión internacional son imprescindibles para alcanzar  la promoción económica del país y sus empresas y conseguir favorables acuerdos comerciales y financieros.

El acuerdo político protege las inversiones, evita las guerras comerciales y la nacionalización de empresas. La nueva diplomacia tendrá que enterrar los fantasmas del pasado, las grandezas, los prejuicios y las prepotencias. Contar con las empresas y destinar más recursos a la formación de los jóvenes. La ayuda al desarrollo tradicional no ofrece soluciones sostenibles. El codesarrollo parece cada vez  más que un acierto.

El Periódico de Catalunya, Economía, Opinión  Pag.26,  Martes, 18 de febrero de 2020

Edición Online: 

viernes, 14 de febrero de 2020

Proteccionismo y orden económico

El orden económico y comercial establecido desde la II Guerra Mundial está llegando a su fin. Se está formando un nuevo orden en el que destaca la guerra comercial, y en el que los estados están buscando principalmente asegurar sus intereses políticos y económicos individuales mediante aranceles, cuotas de importación y otras medidas proteccionistas.

Sin embargo, este proteccionismo podría poner freno a las posibilidades de crecimiento económico mundial. La naturaleza de los problemas que enfrentamos hoy en día es de tal magnitud que ningún país puede hacer frente a ellos en solitario. En un mundo interconectado los acontecimientos en un país puede tener un impacto significativo sobre todos los demás.

Problemas como el cambio climático y la seguridad geopolítica, las epidemias, las superpoblación, la desigualdad, el hambre, la seguridad alimentaria, las migraciones o el desempleo requieren de enfoques de colaboración para resolverlos a nivel mundial.

En 1930, EEUU aprobó la ley de Aranceles (conocida como Ley Hawley-Smoot), una norma proteccionista que agravó la Gran Depresión y provocó una recesión económica mundial, que se crearan conflictos y que millones de personas perdieran su empleo en distintas partes del mundo.

Se demostró que el proteccionismo no era la solución. Además, el sistema multilateral del comercio, que aportó numerosos beneficios y contribuyó al crecimiento y la creación de riqueza, ya no cumple con sus objetivos. Hoy, la OMC es inadecuada, y es preciso emprender una reforma para mejorar su funcionamiento
Es indispensable una respuesta global para hacer frente a las crisis económicas, que se agravan, pero que son evitables. Porque, por el momento, no hay un equilibrio entre los que producen pero que no consumen, y los que consumen pero no producen.

Estos retos requieren el desarrollo de nuevos modelos. Si bien cada país debe determinar su propia forma de hacer las cosas en casa, cuando se trata de estos nuevos problemas hay que pensar a largo plazo y tener en cuenta no sólo la situación inmediata, sino la de las próximas generaciones.

La comunidad internacional debe negociar un pacto de crecimiento global y evitar el aumento del proteccionismo para guiar la toma de decisiones empresariales. La responsabilidad no es mirar el mundo de una manera miope, pero si buscar una manera sistemática y en colaboración.

Porque incluso el proteccionismo no proporcionará una póliza de seguro para la supervivencia o para volver a imponer el miedo y el silencio.

Expansión. Edición Catalunya. Pag.2. Viernes, 14 febrero 2020


 edición online
https://atalayar.com/blog/proteccionismo-y-orden-econ%C3%B3mico