lunes, 7 de septiembre de 2020

Seguridad Alimentaria y Sostenibilidad en el Mediterráneo

El COVID-19 ha creado una mayor conciencia de la importancia de la seguridad alimentaria entre productores, empresas, gobiernos y consumidores.

La producción agrícola es uno de los pilares de la economía, ya que representa el 3% del PIB mundial y casi el 30% del empleo global. Sin embargo, los mercados agrícolas son inestables, y reaccionan a pronósticos especulativos de los operadores, con variaciones en los precios, como ya ocurrió en 1986, 1996 o 2008. Los fuertes aumentos de precios desencadenan disturbios y revueltas entre los consumidores, además de una elevada inestabilidad en ingresos para los productores: las pymes agroalimentarias y granjas.

En 2020, esta situación se ha complicado por el cierre de fronteras para contener la pandemia. La inseguridad alimentaria, que afecta ya casi al 40% de la población mundial por la falta de alimentos o su mala calidad, se ve mucho más comprometida por el incorrecto funcionamiento de las cadenas de suministro y la salud pública.

Además, debido a la globalización de los mercados, las cadenas agroalimentarias se han fragmentado, lo que las hace más vulnerables a las crisis económicas y de salud. Estas crisis, que se suman a la degradación de los recursos naturales (tierra, agua, biodiversidad) y al cambio climático, cuestionan directamente el sistema alimentario agroindustrial.

Es el momento de planteamientos eficientes. Las dietas alimentarias patrimoniales, como la Dieta Mediterránea, deben constituir la base de la construcción de sistemas alimentarios regionales, basados en aspectos como la proximidad, solidaridad y autonomía, y por lo tanto, ser así más resistentes a las crisis económicas y sociales, de salud o del clima.

Al movilizar la agroecología, la bioeconomía circular y la gobernanza participativa, estos sistemas tienen la capacidad de garantizar un desarrollo local sostenible recuperando el mercado interno de los productos locales. Todo ello permite contribuir a reducir las fracturas territoriales revitalizando las zonas rurales, y también exportar a un mercado internacional más concienciado.

Es urgente una nueva visión y asociación del sector agrícola y alimentario en el Mediterráneo, basado en redes de desarrollo conjunto, que ayuden a superar las crisis, actuales y futuras.

Una visibilidad a largo plazo compartida es esenial para movilizar los recursos necesarios que desarrollen la cooperación agrícola entre las dos orillas del Mediterráneo e impulsen la construcción de un mercado integrado regional.

La industria agrícola ha pasado en las últimas décadas por una fase de innovación. Ahora, la seguridad alimentaria, las nuevas tendencias y la sostenibilidad significan más oportunidades para las PYMEs agroalimentarias, tan necesarias para apoyar la seguridad alimentaria mundial.

Digitalizar el sector con el fin de aumentar la producción agrícola y hacer frente a los riesgos climáticos ha demostrado su relevancia y promueve la cadena de valor en términos de productividad, trazabilidad, calidad, acceso al mercado o control de la salud.

Las granjas modernas usan soluciones y software para intervenir en parcelas, cumplir con regulaciones, monitorear la certificación de exportación o administrar la fuerza laboral.

En 2019, nuevas empresas agrícolas mundiales invirtieron casi 20.000 millones de dólares en tecnologías digitales. En el Mediterráneo el desafio se encuentra en promover una agricultura moderna, competitiva, global y sostenible en recursos para aumentar el atractivo del sector y ofrecer oportunidades de empleo a jóvenes en un mercado laboral dependiente de la tecnología.

La disponibilidad, el acceso y el consumo de alimentos de calidad son necesarios para el bienestar. En zonas como el África Subsahariana, 4 de cada 10 personas viven en extrema pobreza con menos de 1.90 $ por día. Y, lamentablemente, el número de personas desnutridas está en aumento en todo el mundo, debido a efectos combinados de sequias, inundaciones, plagas, conflictos internacionales, o variaciones en los precios de las materias primas. El Objetivo de Desarrollo Sostenible de cero hambre para 2030 ya casi es inasumible.

Sin embargo, hay opciones. Es posible implementar estrategias para lograr la seguridad alimentaria ayudando a los agricultores y pequeños productores. Es preciso eliminar las barreras. Invertir en energías renovables como la eólica, solar e hidroeléctrica a través de asociaciones público-privadas para aumentar el suministro de electricidad y facilitar la producción y el procesamiento local de alimentos. Es posible mejorar las infraestructuras, carreteras, y caminos para conectar las zonas productoras rurales y agrícolas con los mercados, así como facilitar subsidios directos a los productores rurales que son los que pueden evitar el hambre y la pobreza extrema.

La pandemia de Covid-19 está agravando los problemas ya existentes. Por este motivo, urge impulsar medidas para reactivar el sector agroalimentario y evita su asfixia. Pero también es imperativo sentar las bases para un nuevo modelo de desarrollo sostenible. Es el momento de tomar decisiones valientes

https://atalayar.com/blog/seguridad-alimentaria-y-sostenibilidad-en-el-mediterr%C3%A1neo

 http://www.ascame.org/en/food-security-and-sustainability-mediterranean 

 https://haycanal.com/noticias/14820/seguridad-alimentaria-y-sostenibilidad

 https://elcandelerotecnologico.com/2020/07/16/seguridad-alimentaria-y-sostenibilidad-en-el-mediterraneo/ 

https://www.territoriobitcoin.com/seguridad-alimentaria-y-sostenibilidad-en-el-mediterraneo/ 

 

viernes, 28 de agosto de 2020

Beirut, el sol volverá a salir

Un inmenso daño ha causado la doble explosión que ha devastado Beirut, la capital libanesa. La muerte, el sufrimiento y la destrucción han golpeado a un país que ya estaba en estado de shock dejando miles de heridos, más de un centenar de muertos, 300.000 personas sin hogar y unas pérdidas materiales estimadas en más de tres mil millones de dólares.

Cualquiera sea la causa, el gigantesco hongo naranja y gris que se elevaba sobre el puerto de Beirut evoca implacablemente la implosión del sistema y las estructuras políticas de un país devastado desde hace años por múltiples crisis económicas, políticas, sociales y ahora sanitarias, como consecuencia de la pandemia por Covid19, conflictos interminables que han provocado la caída sin freno de este pequeño país.

El Estado libanés moderno, con un siglo de vida, ha sufrido experiencias desconocidas para otras naciones con historias milenarias: una larga guerra civil de 15 años, invasiones extranjeras, malestar socio-político, terrorismo y además hoy es el país con la mayor tasa de refugiados por habitante del mundo, una densidad enorme que ha tenido un efecto devastador. El país sigue sumido en un conflicto regional que trasciende sus fronteras lo que ha creado una conmoción sin precedentes en su tejido social, político y económico. Líbano ha sobrevivido a todos estos choques. Pero con esta nueva catástrofe no hay señales de ningún respiro para el país de los cedros.

Beirut, en el corazón de Oriente Próximo, en la otra orilla del Mediterráneo, es una ciudad plural, desconcertante, fascinante y adictiva. Tras milenios de ocupaciones de diferentes imperios, y una larga historia de emigraciones forzadas que han traído de vuelta influencias de todo el mundo, se ha convertido en una fusión cultural, política y religiosa única.

Hoy está reconocida como una de las ciudades más antiguas del mundo, otomanas y francesas, y a pesar de vivir tiempos difíciles por décadas de invasiones o la guerra civil, pocos signos quedan de la destrucción. Y, en el caos, en el choque de ideas, edades y visiones, Beirut ha generado algunas de las mentes más innovadoras: escritores, músicos, arquitectos, diseñadores inspirados por las contradicciones y la energía de esta ciudad donde todo es posible, incluso si no está permitido.

En los 20 años previos al estallido de su guerra civil, en 1975, la pequeña capital de este estado frágil y complejo atrajo todo tipo de gentes e ideas. Se publicaron diarios sin censuras. Los bancos locales se llenaron de depósitos de los estados del Golfo. Se cuadruplicó el área construida. Beirut atraía a pensadores, artistas, espías y empresarios de todo el mundo.

Hoy, tras nuevas guerras e invasiones, y nuevas crisis y recuperaciones, la ciudad es el verdadero termómetro de la región, para bien o para mal.

A unos centenares de kilómetros de Beirut, está prohibida la vida nocturna. Se prohíbe hablar de historia o literatura, del respeto a las minorías, de la libertad de expresión, de los derechos de la mujer, de los derechos de los homosexuales o de la laicidad. Beirut es un soplo de aire fresco en una región donde estos y otros temas no pueden todavía expresarse sin denuncia.

Aunque todo esto puede cambiar. Líbano está lejos de ser el país de las maravillas. Está acosado por graves desafíos internos y externos, y una clase política que es un mosaico de alianzas contradictorias basadas en su supervivencia por encima de todo y controlada por los grandes actores regionales. Al Líbano le cuesta aprender la lección y aceptar que es una nación de minorías donde todos pueden vivir, y donde la convivencia es posible si hay voluntad.

La guerra civil terminó hace 30 años, pero la política todavía está dominada por ex caudillos y dinastías familiares enredadas en divisiones sectarias. Mientras tanto, la gente tiene demandas y aspiraciones, como estabilidad, electricidad, agua, recogida de basuras, empleo juvenil, seguridad, oportunidades económicas y un estado que refleje esas demandas y su diversidad.

Cuando el Líbano sangra, todo el mediterráneo sufre con él. La solidaridad internacional debe ejercerse plenamente y acorde con las pérdidas y la destrucción. Es necesaria y urgente la actuación de la Unión Europea y las Naciones unidas. La catástrofe que azota Beirut es una tragedia para los libaneses que se añade a otras tantas que sufre y ha sufrido este pueblo. No hay palabras suficientes para describir la situación.

Pero, a pesar de todo, el sol volverá a salir. Los libaneses siguen siendo un pueblo resistente a las incertidumbres, con una red sin igual de emigrantes por todo el mundo. Desde tiempos remotos, Beirut es un puente entre el este y el oeste, la puerta natural hacia y desde la región. Centro comercial, financiero y universitario. Mestiza, con su rica cultura, y su sociedad vibrante. Ocupada y destruida en varias ocasiones, pero tras ocho mil años, siempre renace como el ave fénix. De hecho, no es ninguna sorpresa su reconocida capacidad de recuperación.


viernes, 14 de agosto de 2020

Gas Mediterráneo, ¿Un dividendo o un desafio?


  Los recientes acontecimientos que han tenido lugar en el Mediterráneo oriental por la batalla del gas originan perspectivas peligrosas en las relaciones entre los países vecinos de la región.

El descubrimiento de los últimos yacimientos de gas está incrementando la agitación regional, provocando diversas reacciones: la tensión entre Turquía, Grecia y Chipre; entre Líbano e Israel; la ausencia de una ley de demarcación de límites marítimos entre Líbano, Israel y Chipre, o la guerra en Siria y el apetito de otros jugadores externos como Rusia, China y Qatar, provocan una situación volátil y altamente complicada.

Estos descubrimientos han generado nuevas expectativas en el mercado mundial de la energía; plantean nuevos retos para gobiernos y actores internacionales, e inician la carrera para explotar la riqueza descubierta. Además, tienen implicaciones económicas regionales, ya que probablemente se podría convertir el Mediterráneo oriental en una de las principales áreas globales de suministro de gas. Los recursos de la región se estiman en 122 trillones de pies cúbicos de gas, además de 1,7 millones de metros cúbicos de petróleo en las costas de Siria, Líbano, Chipre, Israel, Egipto y Palestina.

Estados Unidos y Rusia, los mayores productores mundiales de gas natural, están preparados para desempeñar un papel en la intermediación y el beneficio de las próximas crisis. Todo ello conlleva que las potencias europeas, a pesar de ser las principales beneficiarias de esta riqueza, podrían quedar relegadas.

A la región mediterránea no le sobran conflictos ni desafíos estratégicos para los próximos años, y hay muchos factores que se unen para desencadenar una posible crisis. Por ejemplo, los planes de expansión de Turquía en el Mediterráneo, un conflicto que casi desencadena una guerra entre Turquía y Grecia hace unas semanas y que se evitó por los esfuerzos y presiones realizados por la canciller Angela Merkel. Al mismo tiempo, la tensión prevalece en el frente libio, con el riesgo de un conflicto egipcio-turco. En cualquier caso, Europa se encuentra involucrada en luchas de poder y energía en el Mediterráneo.

En la era del eclipse europeo dentro del escenario de las relaciones internacionales, Francia, Italia y España intentan mantener la presencia europea activa en el Mediterráneo porque constituye, junto con Asia occidental y África del Norte, una extensión de la seguridad económica y estratégica europea. Por lo tanto, Europa estaría cometiendo un grave error si la seguridad del Mediterráneo oriental se deja en manos de otras partes.

La seguridad energética es una preocupación fundamental. La UE debería disponer de alternativas para diversificar sus fuentes de suministro, así como sus riesgos políticos y económicos, además de limitar su dependencia del gas ruso, que representa el 38% de sus importaciones. La crisis en Ucrania y la posibilidad de una interrupción en el suministro de gas a Europa muestran la necesidad de obtener soluciones, y los recientes y grandes descubrimientos en el Mediterráneo oriental dan a la UE la opción que justamente está buscando.

Las cantidades globales pueden justificar un nuevo gasoducto entre el Mediterráneo oriental e Italia y el resto de Europa. Desde el sur del Mediterráneo, ya están los gasoductos que transportan el gas desde Argelia a la UE, a donde se dirige el 70% de la producción del país magrebí. Argelia es el tercer exportador mundial de gas con una capacidad de producción de 80.000 millones de pies cúbicos de GNL. Pero sería necesario completar el gasoducto MIDCAT a través de los Pirineos catalanes, cuya capacidad prevista es precisamente de 8.000 millones. Eso convertiría a España en país ‘hub’ o de tránsito, proporcionándole así grandes ingresos y beneficios económicos.

Una de las ventajas de la explotación de gas mediterráneo no es solo la gran oportunidad de desarrollo y crecimiento para los nuevos países productores, sino también para la UE, que para el año 2030 necesitará importar unos 113.000 millones de metros cúbicos anuales.

Hasta el 2035, se espera que la demanda de gas natural crezca en un promedio del 1,9% al año, superando a todas las demás fuentes de energía. Se prevé también que el consumo mundial de energía crezca un 41% hasta 2035.

Los riesgos internos y geopolíticos son las principales causas de todo esto. Algunos países tendrán que unir sus fuerzas si quieren aprovechar sus recursos y encontrar las mejores soluciones económicas y estratégicas para optimizar sus operaciones. Deberán tener en cuenta que explotar esas enormes reservas de gas y atraer la inmensa inversión extranjera no será posible sin promover un entorno pacífico y estable entre ellos.

Esta crisis de la COVID-19 nos recuerda la importancia del colectivo, la proximidad, la interdependencia y la necesidad de contar con una visión compartida a largo plazo, algo esencial para movilizar los recursos necesarios para desarrollar la cooperación energética entre las dos orillas del Mediterráneo e impulsar la construcción de un mercado energético en la región.

Han existido diversas iniciativas en el ámbito de la cooperación euro-mediterránea de energía que no han generado resultados significativos. Por ello, los principales actores públicos y privados deberían multiplicar sus esfuerzos para cambiar esta tendencia, puesto que todos son conscientes de la dependencia mutua en materia de energía entre Europa y el Mediterráneo.

https://atalayar.com/blog/gas-del-mediterr%C3%A1neo-%C2%BFun-dividendo-o-un-desaf%C3%ADo

https://elcandelerotecnologico.com/2020/07/31/gas-mediterraneo-un-dividendo-o-un-desafio/

https://www.cronicaeconomica.com/gas-mediterraneo-un-dividendo-o-un-desafio-146086.htm

lunes, 20 de julio de 2020

El futuro puede ser diferente

La industria del automóvil vive tiempos de incertidumbre agravados por la rápida expansión de la COVID-19. 

El mercado automovilístico internacional ya estaba saturado, las grandes empresas presionadas por los aranceles, las tensiones comerciales ya estaban comenzando a diversificar sus cadenas de suministro con el fin de reducir riesgos, y ya estaba en marcha la búsqueda de alternativas. Sin embargo, este es un proceso largo que lleva tiempo. Los fabricantes quedaron seriamente afectados por la repentina caída de la demanda, el confinamiento de los clientes, el cierre de distribuidores, la obligación de reducir la fuerza laboral para proteger a los trabajadores y las dificultades en las cadenas de suministros globales. Y la gran incógnita es el comportamiento que presentará la demanda en los mercados objetivo.

Sin duda, es el sector industrial al que más duramente está afectando esta crisis sanitaria y económica. Un factor clave ha sido la rotura de su propio modelo de abastecimiento, ya que el 80% de la cadena de suministro de automóviles del mundo está conectada a China. No obstante, el sector ha demostrado tener resistencia y potencial. La reactivación de las fábricas industriales es una buena señal y permite reconectar las cadenas de producción globales. El ecosistema automotriz de varios países mediterráneos puede posicionarse para aprovechar las oportunidades que ofrece la planificación continua de este sector y anticipar la recuperación.

En la región mediterránea, los datos previos a la COVID-19 mostraban las buenas cifras del sector, especialmente en España, Turquía y Marruecos. España es el segundo país europeo fabricante, después de Alemania, y el primero del Mediterráneo. El 83% de esta producción se exporta. Francia es el segundo fabricante de la región, seguido de Turquía y Marruecos, países que habían registrado un fuerte crecimiento con un 73% de la fabricación regional destinada a la exportación.

El sector tiene un impacto multiplicador a nivel económico y social por la creación de nuevas empresas, por la generación de empleo masivo y por la creación de estabilidad y riqueza, en una región con una alta tasa de paro juvenil que requiere 50 millones de nuevos empleos para el año 2025. Durante décadas, la industria del automóvil ha ido tejiendo complejas cadenas de suministro a escala global basadas en la máxima eficiencia, en una rigurosa puntualidad y en el suministro de piezas just-in-time. Pero, debido a la pandemia, este procedimiento ha desencadenado un parón total en la producción de vehículos en Europa. Tal vez ha llegado el momento de regionalizar el sector y de apostar por la proximidad y la alianza entre las dos orillas del Mediterráneo como la próxima frontera de crecimiento.

Los grandes fabricantes han invertido miles de millones en el Mediterráneo y África en los últimos años atraídos por las perspectivas de crecimiento que ya no ofrecen los mercados de automóvil más maduros. Las ventas de autos nuevos en Estados Unidos, China y Europa están disminuyendo después de una década extraordinaria. El nuevo grupo de fabricación de automóviles, destinado en gran medida a atender la demanda local y regional, podría convertirse en el modelo para que las empresas reconsideren sus cadenas de suministro globales a medida que aumentan las barreras comerciales en todo el mundo.

La industria del automóvil tiene sentido en una región mediterránea integrada. Europa tiene 500 millones de habitantes, la zona oriental del Mediterráneo otros 600 millones, y África subsahariana incluye 1.000 millones más. Integrar las tres zonas es la solución obvia. En comparación, la población de todo el continente americano (América del norte, central y sur), es de solamente 1.000 millones. Otras ventajas de la región mediterránea son las energías baratas, la disponibilidad de materias primas, la mano de obra joven que puede ser formada en las habilidades requeridas y un gran mercado potencial de consumidores.

Es frecuente pensar que entre el norte y el sur del Mediterráneo existe competencia, pero esto es un equívoco. En un mundo globalizado hay que competir con otras regiones, especialmente con Asia. Por ello hay que cambiar la visión. Crear un hub mediterráneo para fabricar vehículos tiene enormes posibilidades, convirtiéndose en una plataforma regional que facilitaría la industria, el comercio y la logística a nivel mundial. Todas las experiencias demuestran que la complementariedad norte-sur puede promocionar la región y hacerle jugar un papel protagonista en el panorama mundial del automóvil. Es cuestión de tiempo reestructurar el sector, implementar mecanismos de apoyo y financiación adecuados, y lanzar el ecosistema mediterráneo empresarial.

La región mediterránea puede transformarse en un centro internacional para la fabricación y el ensamblaje desde el que acceder a África, Asia y Europa, e influir en los mercados mundiales. Es posible colocar la región en la escena mundial, atraer más inversiones e incentivar un sector que puede ampliar su capacidad para fabricar, exportar y crear empleos. Hay que apostar por la eficiencia en las cadenas de suministro, desarrollar el coche eléctrico sostenible, y aprovechar las oportunidades y la experiencia para hacer frente a la competencia. La integración regional es el camino hacia la sostenibilidad y la supervivencia.

Barcelona, Julio 2020











viernes, 10 de julio de 2020

Impulsando la Economía Azul en el Mediterráneo

El mundo está evaluando los efectos de la COVID-19 y las vías hacia la recuperación, entre las que destaca la Economía Azul como una prioridad post pandemia. 

El mar tiene un papel esencial que protagonizar en términos de salud, medicina, seguridad alimentaria y energética, en la mitigación y adaptación al cambio climático y en la investigación científica; pero también, y quizás lo más relevante para el futuro tras el virus, en fortalecer la resiliencia para prevenir otros choques similares.

Es preciso centrarse en aprovechar las oportunidades compartidas a nivel regional y global para resolver el impacto de la crisis del coronavirus y trabajar para la recuperación. Algo que se hace evidente en el dominio global que nos une: el mar. Necesitamos aprovechar ese potencial, que representa el 70% de nuestro planeta, para proporcionar el impulso azul a nuestras economías, y construir un mundo más resistente y sostenible.

El océano es fundamental para la vida en la Tierra. Absorbe una cuarta parte de todas las emisiones de dióxido de carbono y captura más del 90% del calor adicional que estas generan. La economía azul está valorada en más de 2,5 billones de dólares anuales; proporciona pescado y marisco a más de 3.000 millones de personas cada día, y transporta alrededor del 90% del comercio mundial. Es una fuente de energía e ingredientes clave para combatir las enfermedades. Para muchos, es sin duda su medio principal de vida, un lugar de trabajo y un hogar.

El mar para los mediterráneos es determinante y protagonista de todo lo que ocurre: medio de vida, transporte, y comunicación. Es como el gran catalizador de todo lo que sucede, ya que de una u otra forma siempre está presente.

Los habitantes del Mediterráneo dependemos extensamente del mar. Obtenemos suministros esenciales y servicios, desde la acuicultura, pasando por la pesca, hasta el turismo. Y, de hecho, la pandemia ha puesto en riesgo todo esto. La industria turística mundial tendrá que hacer frente a incertidumbre y profundos desafíos en los próximos años. El Mediterráneo prevé una disminución del 52% en las llegadas de turistas en 2020 con una caída del 25% del PIB. La seguridad alimentaria también está en riesgo porque se han interrumpido cadenas de suministro por las cuarentenas en un sector tan vulnerable como el de la pesca.

El Mediterráneo debe cooperar para poner en marcha e implementar un sistema de gobernanza marítima sostenible que beneficiará a ambas orillas y así impulsar la contribución económica de los océanos, todo ello en el contexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Es necesario un nuevo modelo económico que impulse el potencial del Mediterráneo. Hay importantes oportunidades para la inversión en la economía azul y el desarrollo sostenible. Se debe, por tanto, unir esfuerzos y fortalecer la colaboración de las comunidades empresariales relacionadas con el sector marítimo regional para aprovechar estas oportunidades y enfrentar estos desafíos.

La llamada economía azul abarca muchos sectores con diferentes tipos de oportunidades de inversión. No es tan fácil de definir como la economía verde, en la que se encuentran las conocidas como energías limpias. Pero el azul podría ser hoy el nuevo verde. Este engloba la seguridad y gestión marítimas, el transporte y las actividades portuarias, la construcción naval, el reciclaje, la energía ‘offshore’, la bioprospección, el papel de los ecosistemas, la pesca y la acuicultura, los servicios.... Además, la educación de la juventud es fundamental para darle forma: la economía azul tiene la capacidad de proporcionar empleos muy necesarios en toda la región.

La economía azul es una fuente esencial de riqueza y prosperidad para el Mediterráneo. La región debe aprovechar ese potencial y las oportunidades de crecimiento, empleo e inversiones que esta proporciona. Las estrategias nacionales deben identificar claramente las prioridades, desarrollar una visión estratégica para el desarrollo sostenible y garantizar las políticas y las acciones necesarias para promover la economía azul, además de salvaguardar el mar.

Los sectores de esta economía del mar se apoyan en los ecosistemas marinos naturales y los recursos marítimos. Existen interrelaciones evidentes: los turistas requieren de transporte marítimo y disfrutan de pescado o marisco tradicional. La energía eólica marina puede interferir con las actividades pesqueras. La construcción naval y el reciclaje dependen en gran medida de la demanda del sector del transporte. Algunas actividades innovadoras (por ejemplo, el turismo de pesca) enfatizan aún más la importancia de la integración entre diferentes sectores. La adopción de un enfoque intersectorial es crucial para analizar y desarrollar estrategias que beneficien a varios sectores económicos.

Desarrollar una economía azul saludable y sostenible es imprescindible. Invertir en acciones oceánicas clave como la descarbonización del transporte marítimo, la conservación y restauración de manglares, la producción sostenible de productos del mar o el desarrollo de energías renovables, proporciona beneficios globales. No se trata solo de beneficios financieros, sino también de mejores resultados de salud para los consumidores, una biodiversidad más rica y trabajos más seguros, entre otras prestaciones. Un mar sostenible debe verse no solo como un imperativo de conservación, sino también como una prioridad para el futuro de la economía, el ecosistema y la sociedad.








martes, 7 de julio de 2020

Rescatar Pymes, Salvar la economia

Otra vez las pymes son víctima de una crisis económica mundial originada por la pandemia de la COVID-19, lo que representa una gran amenaza para su continuo funcionamiento y para el sustento de los trabajadores. El papel de las Pymes (pequeñas y medianas empresas) como columna vertebral de la economía global y su difícil situación actual hacen que sea urgente lanzar planes específicos que proporciones herramientas concretas para ayudar a rescatarlas.

Decenas de miles de pymes podrían quebrar, o están a punto de hacerlo, debido a esta nueva crisis. 

Ciertamente estamos viviendo uno de los períodos más difíciles en la historia de las pequeñas y medianas empresas. Los empresarios tienen dificultades para resistir el choque y acceder a financiación en condiciones razonables para sus operativas o su expansión.

De esos miles de empresarios que podrían perder sus negocios, no se sabe cuántos emprenderán nuevas aventuras. No hay cifras fiables, pero probablemente serán muy pocos los que lo hagan por la sencilla razón de que no sólo perderían su inversión, sino quizás también sus ahorros y préstamos personales. ¿Cómo podemos crear un entorno adecuado para que las pymes crezcan y prosperen incluso durante la crisis? ¿Cuáles son las respuestas y medidas políticas que se han establecido para apoyar el desarrollo de las pymes? ¿Qué hay que hacer para ayudar a su crecimiento?

Las pymes son un factor clave y de impacto. Son las que generan más empleo. A modo de ejemplo, se calcula que, por cada millón de euro invertido desde una pyme, se crean 14,7 puestos de trabajo frente a los 3,1 que se generan si la inversión viene de una gran empresa. Las pymes contribuyen en más del 40% al PIB en las economías emergentes. El sector privado aporta 9 de cada 10 puestos de trabajo en los países en vías de desarrollo, juega papel clave en la creación de nuevos puestos, fomenta el crecimiento y posee un enorme potencial.

Las pymes en el Mediterráneo son una parte inseparable de su economía. La región cuenta con 25 millones de pymes. Todas las administraciones reconocen su importancia e impacto para crear riqueza y diversificar las economías, teniendo en cuenta que estas y las empresas informales representan el 90% del tejido empresarial, el 60% del PIB y el 70% del empleo en la región. Pero las pymes solo reciben el 8% del total de préstamos bancarios. Sin embargo, este reconocimiento no ha dado lugar a soluciones efectivas para los problemas endémicos que sufren estas empresas, sino que se manifiestan de forma trágica en cada crisis.

No son suficientes ni satisfactorias las medidas gubernamentales o los programas de financiamiento puestos en marcha. La asimetría de la información y la estructura del sistema financiero, las exigencias de garantías y las elevadas tasas, son imposibles de aceptar. A pesar de un creciente número de aceleradoras de startups y de fondos para la región, la creación de empleo, la competitividad, mayor productividad y el crecimiento económico, ayudan a reducir la pobreza. Por lo tanto, las pymes son la clave del crecimiento inclusivo del Mediterráneo y resultan esenciales, especialmente para el surgimiento de la clase media regional y el acceso al empleo.

A pesar de una maraña de obstáculos, algunas pymes han prosperado en la región. Existe una dureza y resistencia entre los empresarios de la región que les permite superar prácticamente todos los obstáculos. Ellos merecen todo el apoyo que puedan obtener, sobre todos de las administraciones, los bancos, los inversores o las firmas de capital riesgo o privado. Las pymes tendrán un papel esencial que desempeñar en la creación de los 20 millones de empleos necesarios para absorber a los recién llegados al mercado laboral en los próximos años.

Sin embargo, estas se enfrentan a muchos obstáculos, incluido el acceso a la financiación. Debemos adaptar nuestros sistemas para apoyarlas de manera más efectiva y participar así en su desarrollo. Sus necesidades de financiación ascienden a 200 mil millones de Euros. Necesidades que constituyen un freno real para su crecimiento y, por lo tanto, para el desarrollo económico de los países de la región.

En el Mediterráneo, enfrentan desafíos constantes principalmente impulsados por un panorama de comercio electrónico que cambia rápidamente, el aumento de la digitalización y el crecimiento de la demanda de los clientes; lo que indica que la tecnología y la transformación digital continuarán jugando un papel importante en el futuro del comercio y la industria. Se debe brindar apoyo directo e inmediato a las pymes para garantizar su operación continua. Es decir, asegurar que el apoyo les llegue a ellas y a sus trabajadores rápidamente, adaptar los programas sociales existentes dirigidos por el gobierno, y garantizar el comercio abierto y el flujo acelerado de bienes esenciales a través de las fronteras.

Por tanto, hay que apoyar y mejorar su entorno, alargar su ciclo de vida, impulsar su asociación con el sector público y facilitar su acceso a la financiación, en especial a las más vulnerables. Es necesario dibujar políticas, programas e iniciativas específicos de apoyo a las pymes teniendo en cuenta que son y serán el motor del crecimiento económico, generadoras de empleo e impulsoras una verdadera integración económica. A menudo, las pymes quedan al margen de los grandes circuitos, a pesar de su contribución efectiva a la movilización de los ahorros, a la modernización de las economías, al aumento de la competitividad y al desarrollo de los intercambios internacionales. Hay que implementar canales para el diálogo entre el gobierno, los empleadores, los trabajadores y las comunidades.

Animar a los bancos e instituciones financieras convencionales a invertir en sectores productivos y a financiar a las pymes y a las microempresas en los países mediterráneos. Para recuperarse de la crisis se necesita estimular al sector privado, especialmente las pymes. Por otra parte, es relevante trabajar para eliminar los principales obstáculos para la creación y el desarrollo de negocios, proporcionando experiencia contable, técnica o legal, y brindando asesoramiento, capacitación, monitoreo o conciencia de los problemas ambientales y sociales. También hay que crear centros de apoyo para pequeñas empresas en la economía informal, las cuales ocupan un lugar central en todas las sociedades mediterráneas.

Los países de esta región deben impulsar la diversificación de sus economías con el objetivo de generar empleo sostenible, especialmente para los jóvenes, pues estos alcanzan una media del 45% de paro. En este contexto, el apoyo al desarrollo del espíritu empresarial tiene que ser una estrategia esencial. Para ello, los gobiernos deben ofrecer una plataforma acogedora a la iniciativa emprendedora y proporcionar un entorno de negocios transparente y eficaz, si quieren salir de la crisis y en vista del potencial material y humano del que disponen.

En el Mediterráneo, el espíritu empresarial y creativo tiene raíces que nos impulsan a ayudar activamente a la creación de pymes muy valiosas y necesarias para las economías. Esa suma debe convertirse en un elemento de competitividad y una ventaja comparativa con relación a otras economías. Una economía que fomente y permita iniciar nuevas empresas y cree un ecosistema que facilite otros tipos de actividad económica productiva. Apostar por las pymes se traduce por parte de los organismos políticos y financieros nacionales y multilaterales, en dedicar una atención particular en los próximos años a estas empresas con el fin de mejorar sus condiciones de sostenibilidad y de garantizar su plena participación en el proceso de desarrollo y crecimiento.









viernes, 5 de junio de 2020

Acelerando la Economía Verde en el gran Mediterráneo


Otra de las consecuencias de esta pandemia de la COVID-19 en el mundo son los cielos azules, los árboles verdes y las noches estrelladas.

 La reducción de la circulación de vehículos y de las actividades industriales ha despejado el aire en ciudades habitualmente contaminadas, dejando a sus residentes asombrados. Esto no significa necesariamente que estemos progresando para mitigar el cambio climático, pero sí demuestra hasta qué punto nuestras acciones afectan a la naturaleza.

La COVID-19 ha interrumpido cadenas de suministro y financiación, y también afectará a los nuevos proyectos de energía solar y eólica. Sin embargo, las energías renovables serán el único sector energético que presenten crecimiento de su demanda este año. De hecho, el carbón verá su mayor disminución de demanda desde la II Guerra Mundial.

Nos encontramos en un contexto particular y complejo, marcado por crecientes incertidumbres económicas, políticas, de seguridad y geoestratégicas. Por ello, es imperativo formular respuestas urgentes y soluciones efectivas para afrontar juntos los grandes desafíos comunes. Es el momento de repensar el Mediterráneo para que sea un actor positivo y reactivo en la escena internacional. Hay que establecer una reflexión mediterránea adecuada para la región en su conjunto porque no se trata solo de energía limpia, sino de una forma diferente de operar, una normalidad diferente.

La región vive inmersa en múltiples desafíos: la pandemia, el desarrollo económico, el cambio climático, la demografía, los jóvenes, la inclusión de la mujer, el paro, la urbanización, la educación, la democracia... Y a pesar de todo, estamos condenados a tener éxito. La región Mediterránea cuenta con una de las poblaciones más jóvenes del mundo. Casi el 50% tiene menos de 30 años. Es increíblemente emocionante y nos obliga a mirar hacia el futuro. Necesitamos nuevas ideas que satisfagan las necesidades de esa población tan joven.

Hay muchos desafíos en juego, en particular en la gestión del turismo y la lucha contra la contaminación. El cambio climático es una seria amenaza para el desarrollo y la sostenibilidad. Es preciso gestionar los recursos, impulsar las políticas energéticas, y conservar nuestro gran patrimonio histórico común.

La hoja de ruta a seguir se puede basar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030. El alcance es ambicioso: poner fin a la pobreza, lograr una educación inclusiva, ciudades sostenibles, el acceso a agua potable, la igualdad entre géneros, el acceso a energías limpias... El problema es que muchos gobiernos ya han incumplido todos los compromisos anteriores y, sin la participación empresarial, estos objetivos seguirán siendo inalcanzables. Es preciso involucrar al sector privado, que no olvidemos que aporta el 60% del PIB mundial y el 90% de los puestos de trabajo.

El cambio climático y la escasez de agua en el Mediterráneo acrecentarán el impacto de los diferentes conflictos y retos. La mayoría de países han empezado a sufrir las consecuencias de la contaminación y sus efectos sobre la población y los demás aspectos de la vida. Hay una creciente conciencia de que la situación afecta a todo el mundo: no entiende de nacionalidad, religión, ni ideas políticas, ni orillas de un mar. Por tanto, la situación nos exige movilizarnos y construir juntos un medio ambiente sostenible.

En el Mediterráneo, es urgente impulsar la creación de economías eficientes en recursos y resistentes al clima. Es el primer paso hacia un futuro que debe incrementar la cooperación entre sus dos riberas y para ello se requieren medidas para ordenar los usos, así como para proteger un ecosistema.

La Economia Verde en el gran Mediterráneo

La economía Verde proporciona una gran oportunidad para fomentar un desarrollo global con crecimiento sostenible y en línea con la Agenda 2030. Está presente en las tecnologías limpias, las energías renovables, los servicios de agua, el transporte verde, la economía circular, la edificación verde, la agricultura sostenible y la conservación ambiental, entre otros. Los empleos verdes ya no son un espejismo sino una realidad cuyo tiempo parece que ha llegado. Todo ello no ofrecerá sino oportunidades de negocios y empleo.

El potencial de la región es considerable. Las energías renovables pueden ser el catalizador para estimular este crecimiento sostenible en el Mediterráneo. Además de energía hidroeléctrica y recursos eólicos, cuenta con la radiación solar más alta del mundo y con grandes extensiones de desierto. Técnicamente, la región podría cubrir sus propias necesidades y las del resto del mundo solamente con energía solar. La inversión total prevista en el sector de energías renovables hasta 2030 será de 250.000 millones de euros. Riqueza debe estar al servicio del Mediterráneo, de sus economías y sus pueblos.

La industria puede despegar de una recesión masiva, aunque todavía no hayan comenzado los esfuerzos para ello. Es imprescindible tener ambición y formular una nueva visión global mediterránea para que la región se convierta en líder en economía verde. Los parques solares a gran escala y los parques eólicos en tierra ofrecen la fuente de electricidad más barata para aproximadamente dos tercios de la población mundial. El futuro es optimista.

El impacto de la COVID-19 debe acelerar una transición global al 100% de energía renovable con una estrategia regional para alcanzar este rumbo. Debemos crear sistemas de energía sostenibles y abordar las emisiones de CO2.

Saldremos de esta pandemia más fuertes y debemos aprovecharla también para ser más inteligentes. La sostenibilidad tiene que ser una parte importante de la era post COVID-19 en la agenda global. Desde las decisiones individuales hasta las acciones corporativas y gubernamentales, debemos adoptar una economía verde, renovable y circular.

Para garantizar el desarrollo sostenible, los países mediterráneos deben invertir en recursos humanos proporcionando financiación para su desarrollo. El cambio climático afecta todos los aspectos de nuestras vidas: nuestro medio ambiente, nuestra economía y nuestra salud. El tiempo de hablar ha terminado. Es el momento de tomar medidas.

Una nueva era amanece para este sector, situando a esta región en el corazón de la industria global. Una planificación a largo plazo y una visión compartida son esenciales para movilizar los recursos necesarios que desarrollen la cooperación energética entre las dos orillas del Mediterráneo. Todos somos conscientes de la dependencia mutua en materia de energía entre Europa y el Mediterráneo. Hay opciones.

Barcelona, 25 Mayo 2020