lunes, 29 de octubre de 2018

Diplomacia Económica


En los últimos años el mundo entró en una nueva era. EE UU ya no es la potencia hegemónica. China y Rusia se promocionan como actores económicos y militares y la aparición de bloques regionales económicos está causando un desafío cada vez mayor.
 
Las agendas internacionales señalan cuán complejo es el tiempo en que vivimos. Además de las continuas inestabilidades políticas y económicas, los avances tecnológicos obligan a la diplomacia a evolucionar. Nunca ha habido una necesidad más palpable de que los países innoven y fortalezcan sus capacidades para hacer frente a las complejidades y al ritmo de cambio. Igualmente, nunca antes el poder blando había tenido tanto potencial para resolver los desafíos que enfrenta la humanidad.

Por ejemplo, mientras continúa el debate sobre si la ayuda al desarrollo logra sus objetivos, o crea una cultura de dependencia, los beneficios son obvios. No cabe duda de que mejorar las condiciones económicas crea nuevos mercados, priva a los movimientos extremistas de reclutas vulnerables, principalmente jóvenes, y por lo tanto conduce a una mayor seguridad, reduce la emigración y los refugiados, y aumenta las posibilidades de generar riqueza. Es decir, beneficia a la sociedad global, no solo a los países receptores.

Ante esta apuesta, hay que dotarse de una diplomacia económica efectiva y adoptar estrategias complementarias combinando el bilateralismo y el multilateralismo. Priorizar un enfoque basado en el desarrollo humano y centrándose en la juventud y su empoderamiento.

Europa sigue descuidando la importancia de la política del codesarrollo. Sin embargo, la afluencia de inmigrantes africanos continuará mientras el sueño de Europa no sea reemplazado por un sueño africano. Y esto solo ocurrirá si se crea un entorno propicio para el emprendimiento para los jóvenes en su país de origen.  

El desarrollo de una estrategia global de diplomacia económica requiere la implicación de las empresas. Para que la internacionalización empresarial también sea una prioridad es preciso elaborar una política exterior institucional que aborde temas de conflicto e incertidumbre. Hay que adaptar nuevos enfoques a las nuevas complejidades. Las relaciones con otros países objetivo ayuda al desarrollo y a la expansión internacional de las empresas. 

La nueva diplomacia tendrá que enterrar los fantasmas del pasado, contar con las empresas y destinar más recursos a la formación de los jóvenes. La  ayuda al desarrollo tradicional no ofrece soluciones sostenibles y el codesarrollo parece cada vez más, un acierto.

Expansión, Edición Catalunya, Opinión. Pag.2. Viernes 26 Octubre 2018

jueves, 25 de octubre de 2018

Innovación, Innovación, esta es la cuestión


Los modelos económicos en vigor están sin aliento por la velocidad con la que se suceden los cambios. Globalización, ultra-liberalismo, transformación digital, avances tecnológicos, blockchain, economía colaborativa​, concentración urbana y desertización del mundo rural. Numerosos cambios que los gobiernos luchan por regular. Es preciso dar nuevas respuestas.

El cambio tecnológico amenaza empleos, pero también crea alternativas. Las relaciones en el trabajo, entre empresas, empleados, los servicios, la movilidad... están cambiando. La única clave para avanzar es mejorar en innovación y educación. Como en todo lo demás, el futuro de Europa, África y el Mediterráneo esta en adaptarse, compartir experiencias y avanzar juntos.

Siguiendo el modelo actual, los gobiernos mediterráneos se centran en la creación de empleos, no en la creación de empresas. Un modelo caducado que consiste en lanzar programas masivos de empleo público, en lugar de financiar e invertir en empresas exitosas que crearan empleos.

La región mediterránea tendrá que crear cientos de millones de nuevos empleos en las próximas tres décadas. Este desafío presenta una oportunidad para que la región transforme sus economías y aproveche la creatividad de su gran población juvenil y el poder disruptivo de la tecnología para crear riqueza.

Nos guste o no, las líneas de producción requerirán cada vez menos mano de obra gracias a las máquinas más eficientes, la automatización y la robótica. Además, la próxima ola traerá inteligencia artificial, impresión 3D y nuevas capacidades que harán que el trabajo adicional sea redundante. Sabemos ya, que 8 de cada 10 puestos de trabajo se perderán por las nuevas tecnologías --no por la inmigración o la globalización-- y el 64% de trabajo existente hoy será automatizado y el 66% de los puestos de trabajo para los próximos 10 años todavía no se han inventado.

Ante este panorama, y como dijo Benjamin Franklin: "Una inversión en conocimiento paga el mejor interés", está claro que el progreso económico está relacionado directamente con actividades de formación e innovación y hay una correlación entre progreso social y la actividad empresarial.

El ciclo de vida de las empresas debe enseñar a muchos países que el secreto de la eterna juventud es la constante innovación. Las empresas, como las personas, envejecen. Comienzan la vida con ganas de luchar y vivir, alimentado por energía juvenil e ideas frescas. Compiten, se expanden, maduran, y, finalmente, con pocas excepciones, se desvanecen. Lo mismo le puede pasar a los países que pueden perder la ambición de la juventud y dejarse caer en la complacencia.

El espíritu empresarial y el sector privado pueden impulsar la adaptación a la tecnología y la innovación, pueden ser el vehículo para implicar a los jóvenes y avanzar. Requiere trabajar por un cambio de mentalidad, animar a los jóvenes a crear sus propias empresas. Hay que impulsar un nuevo marco mental, una nueva actitud. La innovación trae riesgos, pero también oportunidades. Las personas innovadoras asumen esos riesgos para poder aprovechar las oportunidades.

Al hablar de innovación, parece que tratamos con teorías, de discursos intelectuales alejados de la calle y de la gente y sus problemas. Pero la innovación es el camino al desarrollo y a la supervivencia, el modelo para el ascenso de una empresa o país. La tecnología está aquí, pero por si sola no es la respuesta. Es un facilitador y acelerador de nuevas formas de ser y de hacer. Para tener capacidad de crear riqueza y tener un futuro, innovar no es una opción, es una necesidad.

Crónica Global, Empresas, Innovación, Futuro  Sábado, 20/10/2018

miércoles, 24 de octubre de 2018

Las otras historias de Oriente Próximo

  La información sobre conflictos desestabilizadores, gobiernos represivos, primaveras frustradas, terror, caos y la peor crisis de refugiados, suelen ser los titulares de las noticias que llegan de Oriente Próximo, pero esta no muestra todas las historias ni es la imagen completa de una región en continua evolución. Hay tendencias económicas - como la revolución tecnológica- y sociales  -como la cultura innovadora- que se han puesto en marcha, son positivas y contrarrestan la fatalidad y el pesimismo.

Entre los factores de recuperación económica y revitalización regional está el papel inclusivo de la tecnología, el espíritu empresarial y el impulso del sector privado con una narrativa alternativa que crea nuevas industrias, y en consecuencia, nuevos empleos, y que puede diversificar las economías de la región alejándola de apostar solo por la producción de hidrocarburos.

La energía del futuro de Oriente Medio no será el petróleo, será su capital humano. En la región viven 380 millones de personas, el 60% de ellas menores de 30 años. Los jóvenes deben ser la prioridad. Son la energía que, bien canalizada, puede reconstruir la región, liberarla del sectarismo y la injusticia. El paro, sobretodo el desempleo juvenil, es un problema grave que aumentará si no se proporcionan alternativas.

La creación de empleo, especialmente para la población joven, es un desafío y una prioridad. En los últimos cinco años, la población en edad laboral de la región aumentó en 50,2 millones. Sin embargo, solo encontraron empleo la mitad, unos 25,4 millones de personas.

Los jóvenes, universitarios, emprendedores y nativos digitales, están interesados en las energías renovables, la robótica y las nuevas tecnologías. Hay que convertir esta tendencia en una opción de futuro mediante la creación de un entorno que promueve y fomenta el espíritu empresarial, mejora la educación y apueste por la innovación y un crecimiento inclusivo. La tecnología educativa es necesaria para proporcionar el salto. El ecosistema debe ser propicio para la captación de talento, y ayudar a producir una generación de creadores de empleo en lugar de solicitantes de trabajo. Por tanto, hace falta una acción seria para crear economías inclusivas y empleo juvenil y los gobiernos deben ayudar a fundar nuevas empresas, liberar el camino para el sector privado, y redirigir la inversión pública hacia elementos intangibles como la educación, la investigación y el desarrollo.

Existen también historias de coraje y ambición protagonizadas por mujeres empresarias. Iniciativas innovadoras, con gran impacto en su comunidad y que están cambiando mentalidades. Hay una tendencia ascendente, con participación del 22%, pero lejos aún del promedio mundial del 33%. La participación de las mujeres en la economía aumenta la clase media y reduce las desigualdades. 

Uno de los aspectos más notables es el auge de las startups con una alta tasa de crecimiento, El mundo árabe no será Silicon Valley, pero está en un momento prometedor. Se multiplican las iniciativas, los Business Angels. Crece espectacularmente el comercio electrónico y las grandes empresas internacionales empiezan a apostar por esta región. El numero de fondos de capital riesgo se ha duplicado. Las universidades están construyendo aceleradores e incubadoras para impulsar startups lideradas por jóvenes universitarios. Se notan los vientos de cambio desde Casablanca, Túnez, El Cairo, Ammán, Beirut, Dubái, o Riad. 

Estos jóvenes graduados son aprendices conocedores, adaptables, y trabajadores. Son empresarios digitales, agentes de cambio pacífico y positivo y portadores de los nuevos valores de la región árabe: el trabajo duro, la apertura y el aprendizaje. La brecha de financiamiento  para las Pymes en la región es significativa: se necesitan 280.000 millones de dólares (unos 242.000 millones de euros). Las pymes representan el 75% de los empleos en la región, pero solo reciben el 8% de los préstamos. Empoderar a esta generación, invirtiendo en sus nuevas empresas es el mejor uso constructivo de su energía. 

La innovación es una cuestión de supervivencia para sociedades y países, y el talento, la materia prima de la economía, se extiende por la región. El cambio constructivo puede provenir de la inversión en la innovación y en el espíritu empresarial que lleven a una revolución económica que beneficiará a todos, Desde el exterior hay mucha confusión y sensación de caos en esta región. Pero el caos puede ser el amigo del emprendedor, y el espíritu empresarial consiste en alterar el status quo.

El Periódico de Catalunya, Opinión, Pag. 8   Lunes, 15 Octubre 2018

viernes, 28 de septiembre de 2018

Egipto, la carta económica

Rodeado de países en conflicto, y con grandes problemas internos, Egipto arrastra una inestabilidad política y económica sin precedentes desde el levantamiento que derrocó al Presidente Mubarak en 2011. Sin embargo, ha evitado el caos de sus vecinos, y ha estado aplicando duras reformas económicas, como la liberalización del tipo de cambio de su divisa, recortes profundos en los subsidios de combustible y electricidad, y un nuevo IVA. Tras unos años duros, la economía de Egipto está saliendo a flote con una mejora lenta, un moderado crecimiento y una inflación controlada.

Las calificaciones de deuda siguen estando limitadas por el déficit fiscal y los bajos niveles de ingresos. Se deben incrementar las exportaciones no petroleras para garantizar un aumento constante de divisas y continuar atrayendo nuevas inversiones extranjeras en todos los sectores de la economía. Pero la tendencia refleja una recuperación en el consumo, mayor inversión y exportaciones netas, y se estima un crecimiento medio del 5% en los próximos cuatro años.

Otra buena señal es que los turistas vuelven a visitar la tierra de los faraones. El turismo, que representa el 12% del PIB y un porcentaje similar del empleo, crece. En 2017 Egipto recibió 8,5 millones de turistas, un 55% más que en 2016, una tendencia que continua, en la primera mitad de 2018 el alza ha sido del 40%.

La visión del Gobierno para 2030 es un buen punto de partida. La nueva estrategia planea impulsar el desarrollo económico, la energía, la investigación científica, la transparencia y la eficiencia de las instituciones. Y la nueva Ley de inversiones es un paso positivo para mejorar el entorno legal y comercial. Sin embargo, se necesitan mayores esfuerzos, especialmente reducir el sector público, potenciar el crecimiento del sector privado y reducir la deuda pública.

Con una superficie de un millón de kilómetros cuadrados, y más de 90 millones de habitantes, la escala del programa de reforma económica es el desafío más grande de su historia reciente, pero es también una oportunidad para consolidarse como potencia regional. Tiene todos los componentes necesarios: el Canal de Suez, las remesas, el turismo, recursos, personas, dinamismo, espíritu empresarial, ubicación y vínculos globales. El país del Nilo se encuentra en medio de una etapa abierta a todos los escenarios. Deberá enfrentarse a retos importantes, y acelerar las reformas. El futuro se juega en ganar la carta económica.

Expansión, Edición Catalunya, Pag.2,  Miércoles, 26 septiembre 2018

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Turquia: Preocupación Creciente

Turquia eligió a principios de verano a Recep Tayyip Erdogan como el primer Presidente ejecutivo del país con nuevos poderes ampliados. 

Pero la nueva era no ha empezado bien y varios graves acontecimientos han impactado sobre la economía que está a medio gas y que era la razón principal de su éxito en los últimos años.

Nadie puede negar el milagro económico impulsado por el presidente Erdogan, que ha logrado multiplicar por cinco el nivel de ingresos per cápita en doce años y reducir la tasa de analfabetismo. Además, Turquía es hoy una de las 20 economías del mundo y juega un mayor papel en el escenario mundial.

Además, Turquía atrajo más de 180.000 millones de dólares de inversión extranjera en la última década. 50.000 empresas extranjeras se han instalado en su territorio, y su economía ha crecido en unos 800.000 millones de dólares al año. Ahora, Turquía es el sexto mayor socio comercial de la UE, con un volumen de comercio total de 140.000 millones de euros.

En los últimos diez años, crecieron el número de empresas españolas establecidas en Turquía a 610 y las inversiones de España superaron los 10.000 millones de euros. El volumen del comercio bilateral alcanzó los 9.800 millones de euros.

Pero desde el intento de golpe de Estado de julio de 2016, la ola de ataques terroristas, la cuestión kurda, las tensiones con Rusia, EEUU y la UE, la guerra en Siria y la creciente erosión de las instituciones democráticas, las cosas han empeorado. De momento no afectó a las tasas de crecimiento, y de hecho la economía turca creció en un asombroso 7,4% en el primer trimestre de 2018. Pero, a pesar de la  solidez de la expansión económica en los últimos años, hay dudas de que el impulso pueda mantenerse por mucho más tiempo.

El crecimiento se mantiene principalmente porque el Estado comenzó a inyectar dinero en la economía pero descuidó otras cuestiones clave como la inflación y la devaluación de la moneda, el aumento del déficit por cuenta corriente y el desempleo. La inversión extranjera directa ha caído a su nivel más bajo desde 2010, la tasa de crecimiento es la más baja desde 2008 y la recesión es una preocupación creciente.

Son muchos retos por resolver en un entorno de incertidumbres políticas y económicas. Se avecina una desaceleración de una economía que necesita impulsar cambios estructurales. Lograr esto en medio de la tensión política interna, regional e internacional será difícil pero no imposible.

La economía es lo suficientemente fuerte para soportar tormentas y el país tiene numerosos puntos fuertes: un PIB de 800.000 millones de dólares, una población de 80 millones, una ubicación geográfica con acceso a 1.600 millones de personas en Europa, Oriente Medio y Asia Central, instituciones modernizadas y un clima de negocios abierto. Pero el crecimiento está por debajo de su potencial, lejos del 9% de los mejores años, por eso necesita crecer más del 4% para crear empleo y atraer inversores para financiar el déficit.

El presidente Erdogan es una personalidad extraordinaria e inteligente, pero su estilo ha unido en su contra, todas las contradicciones tanto internas como externas. Parece querer dominar todo. Pero su proyecto de un partido de un solo hombre es muy frágil. Los últimos acontecimientos muestran esta debilidad política.

Con el nuevo mandato se teme que el control del presidente sobre la política fiscal y monetaria implique que haya más arbitrariedad en el entorno económico. Un ejemplo es el último decreto ley en el que Erdogan como presidente nombra al Erdogan ciudadano como presidente del mayor fondo soberano estatal con unos 200.000 millones de dólares. Esta tendencia podría inquietar a las empresas internacionales y afectar las esperanzas de los turcos de poder unirse algún día a la Unión Europea.

Hace dos décadas, Erdogan era el portador de un nuevo mensaje de pluralismo y poder compartido. Hoy, él mismo es el mensaje. Ya no se vota por un programa, una filosofía o incluso una nueva élite gobernante: se vota por Erdogan.

Hace cuatro años, Turquía parecía haberse convertido en un modelo de apertura económico que enfatizaba la empresa privada y un sector público solido que respetaba las normas y prácticas internacionales, especialmente en lo que respecta a la transparencia y el Estado de derecho. Hoy, sin embargo, la economía turca parece ser propensa a las tentaciones intervencionistas y las prácticas corruptas​.

El presidente debe encontrar un equilibrio, hay muchos frentes abiertos, y el futuro de Turquía depende de su respuesta ante los desafíos tanto internos como externos. Si la inestabilidad persiste puede desestabilizar al país, dañar su crecimiento y afectar a Europa.

Crónica Global, Pensamiento, Viernes, 21 septiembre 2018

lunes, 16 de julio de 2018

Las paradojas del fútbol


Ahora que el Mundial 2018 en la Rusia de Putin llega a su final, es un buen momento para valorar el impacto del fútbol en la economía, la sociedad y la política.

En lo económico, este deporte espectáculo se consolida como una actividad muy relevante porque tiene lo esencial para todo negocio exitoso, una elevada demanda, representada por millones de consumidores ávidos de buen fútbol​ cada semana.

Y el negocio crece, porque la fiebre del fútbol se expande por el mundo, nadie se escapa de su hechizo, es el deporte rey. Cuenta con más de 1.600 millones de aficionados. Una comunidad de 240 millones de personas, 1,5 millones de clubs, y genera un PIB de medio billón de dólares.

A nivel político, desde la aparición del arte deportivo para competir en las ciudades griegas, la competencia no siempre ha sido solo entre atletas, sino por otros objetivos a menudo ocultos. Es conocido el uso como poder blando de este deporte en el campo de la política bajo regímenes totalitarios y militares, o para aprovechar los contactos, establecer relaciones, aumentar la popularidad o mejorar la imagen de un país. Tampoco se han librado algunos países democráticos. En Italia, Silvio Berlusconi aprovechó el trampolín que le proporcionó el Milán para acceder luego a encabezar el Gobierno de su país.

A nivel social, la pelota ha logrado más que la política tanto en la integración como en destacar la riqueza y las posibilidades de la diversidad en las sociedades europeas.

El fútbol ha ayudado a la integración cultural y étnica y es una encarnación de la diversidad. Las selecciones de Alemania, Francia y Bélgica, entre otras, incluyen jugadores nacidos en África, Sudamérica y el Caribe, o nacidos de padres que emigraron de Argelia, Marruecos, Camerún, Malí, Togo, Mozambique... Es el caso de la selección francesa o la belga que han disputado el liderazgo del Mundial de Rusia o de la selección alemana, que ganó el Mundial de Brasil de 2014 con jugadores de ascendencia turca, africana y magrebí.

La magia del fútbol reúne a equipos nacionales compuestos por jugadores de diferentes orígenes étnicos, todos defendiendo la misma camiseta y colores con pasión. Son la mejor respuesta a las estrechas tendencias ultranacionalistas que los partidos europeos de extrema derecha pretenden explotar. Una paradoja ante las olas racistas de los conservadores europeos defensores de las banderas e identidades únicas.

Lamentablemente, estos avances en la integración en el fútbol no reflejan la difícil realidad experimentada por muchas comunidades, y la de los inmigrantes y refugiados en Europa.

Entre los valores positivos, tenemos el ejemplo de entrenadores de fútbol como Pep Guardiola, Jürgen Klopp o Robert Martínez, que para obtener lo mejor de sus equipos diversos, han desarrollado maneras de motivar al personal con una acción firme y coherente y construyendo y fortaleciendo la cultura de equipo. Algunos directivos de empresa y algunos políticos podrían tomar nota para mejorar su manera de gestionar y conciliar realidades diversas.

También es cierto que hay quien ve el fútbol como un modelo basado en el culto a sus figuras y la glorificación del esfuerzo físico en lugar del esfuerzo intelectual. Hay una ausencia de una conciencia crítica entre el público, ya que cada partido proporciona una felicidad ilusoria e instantánea, y, en muchas ocasiones, se retratan como ideales, sentimientos machistas o racistas.

No tenemos que olvidar importancia de la participación femenina en este deporte, como signo de igualdad y diversidad, y hay que apoyar que, a pesar del enorme esfuerzo, el fútbol femenino sigue sin disponer de suficiente repercusión mediática ni la adecuada inversión económica.

Pero, con el enfoque adecuado, el fútbol en particular puede contribuir al desarrollo atrayendo un cambio social, facilitando el respeto mutuo y un mejor entendimiento. La competición deportiva puede unificar, puesto que todos podemos ser parte de él, sin tener en cuenta ideologías políticas, sexo, raza o religión. El deporte puede ser uno de los instrumentos para abordar la violencia e inseguridad en las regiones en conflicto y para ofrecer mejores oportunidades a los jóvenes. Más allá de choques de civilizaciones o de la confusión provocada por el fanatismo o la ignorancia.

El deporte puede impulsar la capacidad para adquirir y producir conocimiento, que es un factor fundamental de competitividad. El carácter polivalente del fútbol le permite abarcar funciones educativas, sociales, de salud, además de económicas. Valores positivos como los que transmite, y la pasión con la que lo viven los jóvenes y que fastidia mucho a los grupos que expanden el terror, a los extremistas políticos y a los que aprovechan la división para crecer.

El fútbol, a pesar de muchas contradicciones, tiene una vertiente positiva: puede ayudar a la integración, promocionar la diversidad, crear marcos de encuentros en un momento en que se multiplican los desencuentros y los muros. Millones de fans y seguidores quieren vibrar de emoción con sus futbolistas y sus equipos preferidos más allá de colores, naciones, religiones... Es seguramente el mensaje que se podría lanzar en estos momentos de creciente tensión entre los extremistas de todos los ámbitos y lados.

Crónica Global, Opinión-Pensamiento, Viernes,13 julio 2018

lunes, 2 de julio de 2018

Barcelona: La logística como apuesta

El mapa del transporte mundial está cambiando. Emergen nuevos actores y potencias o regiones y nuevas ciudades como centros de distribución internacionales. El comercio mundial evoluciona y el modelo de potencias marítimas que llevaba siglos transportando cargas a través de alta mar está dando paso a un futuro más multidireccional y multimodal.

En esta nueva dinámica China empieza a ejercer una mayor influencia. El lanzamiento de la nueva ruta de la seda, una iniciativa con una enorme inversión, tiene como objetivo reorganizar el comercio intercontinental a través de una nueva red de conexiones marítimas y terrestres entre Asia, Europa y África, basada en las antiguas rutas comerciales, y el Mediterráneo es clave para China.

Por mar circulan el 80% de las mercancías y alrededor del 50% del petróleo. Ante esta expansión de China en los puertos del Mare Nostrum, es urgente liberar el potencial económico de la región. Hay que apostar por la integración y construir una estrategia mediterránea económica y financiera unificada que impulse las inversiones, la construcción, la modernización y gestión de las infraestructuras imprescindibles y que permita crecer y competir con otras regiones.

Hace más de 2000 años se creó el primer concepto de puerto libre o puerto franco, entre caldeos, fenicios y cartagineses para facilitar el comercio en el Mediterráneo. Pero el Mare Nostrum corre el riesgo de perder su liderazgo a pesar de sus ventajas naturales: una situación estratégica entre tres continentes y acceso a cientos de millones de habitantes. Pero necesita más integración de las infraestructuras, desarrollar la interconexión del sur, urge crear una red de comunicación terrestre, aérea y marítima eficiente y impulsar los corredores multimodales. Y solo puede hacerse realidad con una alianza regional y su asociación con Europa.

Se debe actuar para transformar esta gran plataforma logística decisiva en los flujos entre este-oeste. Y la mejor opción para canalizar las cargas entre Asia, África y Europa. En esta escenario de cambios, Barcelona tiene mucho que aportar y es la alternativa más eficaz y ágil también económica a otras opciones portuarias europeas.

Barcelona, por su situación geográfica, sus capacidades e infraestructuras podría consolidarse como la gran plataforma del sector logístico y de transporte del Mediterráneo aunque la competencia será dura. Debe prepararse ante los retos que se avecinan. La apuesta por las infraestructuras debe seguir siendo prioritaria, especialmente el corredor mediterráneo y la creación de redes y servicios logísticos de mayor eficiencia.

Transformar Barcelona en un centro logístico para el Mediterráneo representa una alternativa: un híbrido que reduce la tensión entre la integración global y la capacidad de respuesta local. Tanto las organizaciones internacionales y regionales como las grandes empresas multinacionales pueden seleccionar la ciudad como sede, plataforma o como una base natural para cubrir o ampliar su expansión en mercados vecinos y como centro de enlace para toda la región mediterránea.

Barcelona es el primer centro logístico del Mediterráneo, es única y diferente de otros enclaves. Dispone en un reducido espacio de un gran puerto, tanto para mercancías como para pasajeros y cruceros. También la zona de actividades logísticas más importantes del sur de Europa, un gran aeropuerto internacional, una zona franca, Mercabarna y una gran feria de congresos de referencia para el sector en el sur de Europa y el Mediterráneo: el Salón Internacional de Logística (SIL) que ya es el hub anual de reflexión, discusión y negocios. Esta oferta dota a Barcelona de una oportunidad única para liderar la logística regional.

El peso del sector logístico es muy importante a nivel mundial. Sin una logística efectiva, la economía no puede desarrollarse; una logística eficiente contribuirá a reducir el coste total de los productos para la exportación, importación y distribución en el mercado interno. Es simplemente sangre para la economía, un gran apoyo para el ecosistema industrial y una verdadera palanca para el crecimiento y la competitividad. La creciente internacionalización requiere poner un especial énfasis en el rendimiento global de las redes de distribución y suministro.

Un ejemplo es la macroampliación del canal de Suez en Egipto y la importancia que puede tener para Barcelona y sus terminales de contenedores. Una parte importante del tráfico de contenedores que pasa por el canal de Suez se podría descargar en Barcelona y cargarlo en trenes con destino a Europa central, con lo que la mercancía podría llegar a su destino en 48 ó 72 horas. Si se descargase en Barcelona la totalidad del barco, a continuación se podría volver a cargar con los contenedores llegados asimismo por ferrocarril desde Europa central con destino a Oriente, y el barco podría volver a zarpar mucho más rápidamente.

Apostar por la integración mediterránea cambiaria las tendencias y beneficia a todos los componentes de la región. Atraería empresas internacionales, aumentaría las exportaciones e impulsaría la creación de puestos de trabajo y de empresas locales. Esto impactaría positivamente en todos los países de ambas orillas, especialmente España y Italia. Cerrar las brechas existentes entre ambas orillas no será fácil, pero lograrlo significaría una red de transporte más efectiva, más comercio y desarrollo, y en esto Barcelona tiene el alcance y la ambición para convertirse en actor clave en la escena logística internacional, una apuesta ganadora.

Crónica Global, Opinión-Pensamiento, Jueves, 31 de Mayo 2018