jueves, 24 de septiembre de 2020

Salvar el textil Mediterráneo

El sector textil Mediterráneo ha sufrido pérdidas millonarias y cierres de empresas debido a la pandemia del COVID-19. 

De manera ejemplar, algunas empresas han reorientado su producción para atender la crisis sanitaria, pero la caída de la demanda afecta a todos los países de la región, en los que el sector textil es muy importante para las economías locales.

Ante esta situación excepcional, el sector debe repensar su posición en el mercado y apostar por la sostenibilidad. El textil es una industria clave que emplea a millones de trabajadores y puede generar un gran número de empleos. El Mediterráneo puede competir con cualquier región del mundo en rapidez de comunicaciones, logística, infraestructuras, mano de obra cualificada, acceso a materiales textiles nuevos y de alta calidad, creatividad y talento para producir. 

La fabricación de máscaras en la región fue un soplo de aire fresco  que ayudó a disminuir el impacto del coronavirus y demostró la imaginación y la inventiva específicos del sector textil. Ahora, es necesario un plan de recuperación real y tomar medidas para salvar el sector y reiniciarlo en este contexto de crisis. Un nuevo modelo de desarrollo, fortalecido, que implica un modelo productivo más sostenible con el medio ambiente y la sociedad, y modernizado por las tecnologías disponibles.

El sector textil, una de las industrias más importantes del mundo, es una industria valorada en 2.500 millones de dólares y emplea a más de 60 millones de trabajadores en toda la cadena productiva, siendo un verdadero motor de desarrollo para la región Mediterránea.

Es obvio que la industria textil mediterránea debería también rediseñar su huella social y ambiental. Y tener en cuenta los recursos naturales, los problemas de la contaminación, la explotación de personas o animales, la producción y distribución desigual de sus productos. Se trata de un negocio global valorado en más de un billón de dólares, pero debe reinventarse.

Además, la cuarta revolución industrial está aquí, ya está impactando en el negocio textil a través de tecnologías de fabricación digital, fabricación aditiva, impresión 3-D y nuevas técnicas de diseño computacional. Por tanto, ha llegado el momento de que la industria textil mediterránea se una para abordar el rápido ritmo de cambio y sumarse a la cuarta revolución.

              Salvar el textil Mediterráneo

Se pueden tomar muchas medidas, tales como potenciar el valor del "Made in Mediterranean" a través de la acción público-privada en la comunicación mediática, o desarrollar una etiqueta que simbolice la calidad, el respeto por el consumidor y el medio ambiente. 

También es posible aprovechar la destacada posición del Mediterráneo como productor textil para fortalecer la lucha contra el contrabando y la subfacturación de importaciones. Promover el consumo y las inversiones textiles regionales. Promover asociaciones sostenibles entre minoristas y fabricantes con una reorganización de la producción basada en la flexibilidad, la rapidez y el nearshoring. Por otra parte, se debe proteger a los trabajadores en las cadenas de suministro y hacer frente a la falta de protección de trabajadores informales 

La pandemia ha revertido la globalización, concienciando de la importancia de las cadenas de suministro regionales, más cortas y simples y por tanto más eficientes, y aprovechando la mano de obra local e impulsando la innovación y el desarrollo de las nuevas tecnologías .

Es conveniente apoyar el retorno hacia la región de un determinado número de actividades industriales, que fomenten la economía mediterránea local. El Mediterráneo ofrece la ubicación ideal como base alternativa a Asia Lejana, acortando los circuitos logísticos con la Unión Europea y reduciendo la huella de carbono.

La industria de la moda se ha reinventado en numerosas ocasiones, ahora debe participar en esta revolución hacia la sostenibilidad, más allá de la próxima temporada. Hay buenas perspectivas para la zona, se promueven las asociaciones entre empresas mediterráneas para competir mejor en el mercado internacional, y se crean plataformas que promuevan y atraigan inversiones a la región.

Es el momento de apostar por creativos apasionados por los nuevos valores en la moda, el diseño, la innovación y la sostenibilidad, facilitando las herramientas y oportunidades para influir en las decisiones y crear nuevas perspectivas. El sector textil mediterráneo debe sin duda explorar el potencial de la colaboración.

Durante mucho tiempo, la industria textil y de la confección ha dominado los intercambios comerciales en el Mediterráneo. Hoy, sigue desempeñando un papel principal en la mejora de las condiciones económicas, especialmente en el sur del Mediterráneo, donde el sector es de importancia clave

Alrededor del 40% del comercio europeo de textiles y prendas de vestir va a la región mediterránea. La visión de un desarrollo bilateral dirigido a crear un mercado totalmente integrado debería crear una situación de beneficio mutuo para ambos lados del Mediterráneo. 

https://www.economiadehoy.es/salvar-el-textil-mediterraneo

https://www.territoriobitcoin.com/salvar-el-textil-mediterraneo/

https://empresaexterior.com/art/75588/salvar-el-textil-mediterraneo

https://elcandelerotecnologico.com/2020/09/17/salvar-el-textil-mediterraneo/

https://www.ticpymes.es/tecnologia/noticias/1120768049504/opinion-salvar-textil-mediterraneo.1.html

https://haycanal.com/noticias/14987/salvar-el-textil-mediterraneo

https://www.cronicaeconomica.com/salvar-el-textil-mediterraneo-147470.htm

https://www.moroccoworldnews.com/2020/09/320436/save-mediterranean-textile/

https://atalayar.com/blog/salvar-el-textil-del-mediterr%C3%A1neo

https://innovadores.inndux.com/es/salvar-el-textil-mediterraneo/

https://www.muypymes.com/2020/09/21/como-repensar-el-sector-textil-mediterraneo-despues-de-la-irrupcion-de-la-pandemia-del-covid-19

http://www.manlyinterlinings.com/crisis-o-oportunidad-en-el-textil/?_thumbnail_id=2029


martes, 15 de septiembre de 2020

La Pandemia pone a prueba las ciudades

 El Covid-19 ha supuesto un duro examen para las ciudades, ya que estas han tenido que valorar su capacidad para abordar la propagación de la infección. Es decir, comprobar si el entorno urbano era resistente, si funcionan los instrumentos de apoyo, si la gestión de riesgos es eficaz y eficiente, o si un enfoque diferente y más sostenible nos habría ayudado a manejar mejor la situación.

No son preguntas retóricas, son escenarios que debemos prever y abordar en este mundo posterior al virus. Nadie quiere otra pandemia. Nadie quiere una crisis económica derivada. Nadie quiere bloqueos que limitan la actividad social y económica.

Es el momento de la ciudad sostenible, siguiendo el modelo histórico de ciudad mediterránea, compacta y compleja, a la vez que eficiente y estable socialmente. Es el momento de la ciudad habitable, que proporcione un buen lugar para vivir y atraiga empresas y talento. Muchas ciudades deben continuar construyendo su resiliencia a pesar de la pandemia, y resulta crucial integrar la sostenibilidad: desde una mayor eficiencia energética y del agua, a una mejor calidad del aire. Es preciso integrar la sostenibilidad en cada etapa de la construcción, y la producción, promoviendo el reciclaje para garantizar un entorno más limpio y aprovechando el potencial que ofrecen tecnologías digitales para reducirla huella ambiental.
 
En este momento de adaptación, la estrategia es la habitabilidad, y no solo la rentabilidad. Las ciudades no pueden ser sólo lugares eficientes para hacer negocios. Las ciudades están en constante competencia, y el papel que desempeña su identidad es clave. El carácter único de muchas ciudades está amenazado por la presión de la estandarización, por ello, posicionarse y construir una reputación es una fundamental.
 
Ahora es el momento de priorizar el buen gobierno, de concertar a los diferentes agentes, de tener un marco institucional transparente que permita actuaciones de envergadura y asegure estabilidad, especialmente, ante cualquier opción estratégica que la ciudad emprenda.

Pero son varias las condiciones y diversos procesos que dan forma a la identidad de una ciudad, su competitividad y su atractivo Por ejemplo: la calidad del medio urbano, el desempeño de la economía local, la satisfacción de los residentes, la identidad de la comunidad o el sentido de cohesión. Estos factores, tomados en su conjunto, garantizaran el éxito.

Las ciudades del futuro son las sostenibles, innovadoras y emprendedoras, que se adapten a un nuevo mundo digital conectado para ofrecer nuevos empleos , soluciones y salidas económicas. Todas ellas variables fundamentales de la identidad y la marca propia.

Las ciudades solo ocupan un 2% de la superficie del planeta, pero son esenciales para el crecimiento económico global. Determinan la riqueza y la pobreza de sus países. Generan los empleos, producen bienes, prestan servicios y promueven las oportunidades económicas para todo el territorio. Además, albergan al 50% de la población mundial, y se prevé un crecimietno de 65 millones de personas al año. En la próxima década, habrá cerca de 500 ciudades de más de un millón de personas, y varias “mega-ciudades” con poblaciones superiores a los 20 millones.

Grandes y conectadas, trascienden las fronteras y perturban las agendas internacionales. Son imanes para los negocios, la gente, el dinero y la innovación, y conducen la economía mundial. Las 600 ciudades más grandes representan más del 60% del PIB mundial y en el top 20 están ubicadas un tercio de las grandes empresas, y casi la mitad de los ingresos. Este es el siglo de las ciudades y en ellas reside el verdadero poder más allá de los estados.

Las ciudades globales son  líderes en el comercio, las artes, la ciencia y la educación. Tienen el alcance, la ambición y el poder para dar forma, no solo al mundo de la economía, sino también ser su modelo, promover sus ideas, su cultura, sus políticas y su futuro. Ya no son sólo lugares para vivir, se han convertido en actores líderes en la  escena mundial.

Cada vez más ciudades están actuando como motores de estabilización, proporcionando centros para el desarrollo. Muchos países dependen de sus ciudades existentes y emergentes para actuar como oasis en un desierto muchas veces seco y con mucho espejismo decepcionante.
 
Las ciudades son un reflejo de las dificultades y los retos a los que se enfrentan los países. Pero sólo serán capaces de hacer frente a sus mayores desafíos si cuentan con herramientas de gestión adecuadas. La asociación público- privada adquiere cada vez más importancia como modelo de participación activa de todos en pro del crecimiento de la ciudad y el bien común, que es la suma para el desarrollo del país.
 
En el futuro, las ciudades deben ser más flexibles, ágiles y receptivas a los desafíos y tener la capacidad de identificar y adoptar soluciones alternativas a los problemas apremiantes. En la era post Covid-19, la solución es un enfoque dual: el primero enfocado en proteger a las personas y el segundo en asegurar las infraestructuras.
 
Las ciudades deben explorar las sinergias a través de múltiples planes de acción, por lo que una sola estrategia o acción puede abordar múltiples tensiones potenciales, y solucionar problemas de salud, bienestar, liderazgo, infraestructuras, ecosistema, economía o sociedad.

En el mundo posterior al Covid-19, habrá un mayor uso de la tecnología, los datos y el Big Data en tiempo real y una infraestructura abierta de tecnología de información y comunicaciones que bien gestionadas, pueden ayudar a proteger el bienestar de las personas, favorecer el crecimiento y crear un impacto en el entorno.  
En resumen, una ciudad es atractiva mientras sea diferente, creando una verdadera armonia entre el entorno natural y la infraestructura construida. Es el camino hacia la resiliencia, porque los países han dejado de ser referencias de primer nivel. La verdadera acción ya no es de las naciones sino de sus centros urbanos. 

https://www.thesmartcityjournal.com/en/homen/cities/2430-the-pandemic-tests-the-cities

https://haycanal.com/noticias/14906/la-pandemia-pone-a-prueba-a-las-ciudades

https://www.economiadehoy.es/la-pandemia-pone-a-prueba-a-las-ciudades

https://www.eldigitalcastillalamancha.es/el-comentario/35857288/La-pandemia-pone-a-prueba-a-las-ciudades.html

https://www.cronicaeconomica.com/la-pandemia-pone-a-prueba-a-las-ciudades-147015.htm

https://www.ticpymes.es/tecnologia/noticias/1120445049504/opinion-pandemia-pone-prueba-ciudades.1.html

https://elcandelerotecnologico.com/2020/09/03/la-pandemia-pone-a-prueba-a-las-ciudades/

https://www.thesmartcityjournal.com/es/home-es/ciudades/2429-la-pandemia-pone-a-prueba-a-las-ciudades

http://www.ascame.org/en/pandemic-tests-cities

https://www.tecnonews.info/noticias/la_pandemia_pone_a_prueba_a_las_ciudades


lunes, 7 de septiembre de 2020

Seguridad Alimentaria y Sostenibilidad en el Mediterráneo

El COVID-19 ha creado una mayor conciencia de la importancia de la seguridad alimentaria entre productores, empresas, gobiernos y consumidores.

La producción agrícola es uno de los pilares de la economía, ya que representa el 3% del PIB mundial y casi el 30% del empleo global. Sin embargo, los mercados agrícolas son inestables, y reaccionan a pronósticos especulativos de los operadores, con variaciones en los precios, como ya ocurrió en 1986, 1996 o 2008. Los fuertes aumentos de precios desencadenan disturbios y revueltas entre los consumidores, además de una elevada inestabilidad en ingresos para los productores: las pymes agroalimentarias y granjas.

En 2020, esta situación se ha complicado por el cierre de fronteras para contener la pandemia. La inseguridad alimentaria, que afecta ya casi al 40% de la población mundial por la falta de alimentos o su mala calidad, se ve mucho más comprometida por el incorrecto funcionamiento de las cadenas de suministro y la salud pública.

Además, debido a la globalización de los mercados, las cadenas agroalimentarias se han fragmentado, lo que las hace más vulnerables a las crisis económicas y de salud. Estas crisis, que se suman a la degradación de los recursos naturales (tierra, agua, biodiversidad) y al cambio climático, cuestionan directamente el sistema alimentario agroindustrial.

Es el momento de planteamientos eficientes. Las dietas alimentarias patrimoniales, como la Dieta Mediterránea, deben constituir la base de la construcción de sistemas alimentarios regionales, basados en aspectos como la proximidad, solidaridad y autonomía, y por lo tanto, ser así más resistentes a las crisis económicas y sociales, de salud o del clima.

Al movilizar la agroecología, la bioeconomía circular y la gobernanza participativa, estos sistemas tienen la capacidad de garantizar un desarrollo local sostenible recuperando el mercado interno de los productos locales. Todo ello permite contribuir a reducir las fracturas territoriales revitalizando las zonas rurales, y también exportar a un mercado internacional más concienciado.

Es urgente una nueva visión y asociación del sector agrícola y alimentario en el Mediterráneo, basado en redes de desarrollo conjunto, que ayuden a superar las crisis, actuales y futuras.

Una visibilidad a largo plazo compartida es esenial para movilizar los recursos necesarios que desarrollen la cooperación agrícola entre las dos orillas del Mediterráneo e impulsen la construcción de un mercado integrado regional.

La industria agrícola ha pasado en las últimas décadas por una fase de innovación. Ahora, la seguridad alimentaria, las nuevas tendencias y la sostenibilidad significan más oportunidades para las PYMEs agroalimentarias, tan necesarias para apoyar la seguridad alimentaria mundial.

Digitalizar el sector con el fin de aumentar la producción agrícola y hacer frente a los riesgos climáticos ha demostrado su relevancia y promueve la cadena de valor en términos de productividad, trazabilidad, calidad, acceso al mercado o control de la salud.

Las granjas modernas usan soluciones y software para intervenir en parcelas, cumplir con regulaciones, monitorear la certificación de exportación o administrar la fuerza laboral.

En 2019, nuevas empresas agrícolas mundiales invirtieron casi 20.000 millones de dólares en tecnologías digitales. En el Mediterráneo el desafio se encuentra en promover una agricultura moderna, competitiva, global y sostenible en recursos para aumentar el atractivo del sector y ofrecer oportunidades de empleo a jóvenes en un mercado laboral dependiente de la tecnología.

La disponibilidad, el acceso y el consumo de alimentos de calidad son necesarios para el bienestar. En zonas como el África Subsahariana, 4 de cada 10 personas viven en extrema pobreza con menos de 1.90 $ por día. Y, lamentablemente, el número de personas desnutridas está en aumento en todo el mundo, debido a efectos combinados de sequias, inundaciones, plagas, conflictos internacionales, o variaciones en los precios de las materias primas. El Objetivo de Desarrollo Sostenible de cero hambre para 2030 ya casi es inasumible.

Sin embargo, hay opciones. Es posible implementar estrategias para lograr la seguridad alimentaria ayudando a los agricultores y pequeños productores. Es preciso eliminar las barreras. Invertir en energías renovables como la eólica, solar e hidroeléctrica a través de asociaciones público-privadas para aumentar el suministro de electricidad y facilitar la producción y el procesamiento local de alimentos. Es posible mejorar las infraestructuras, carreteras, y caminos para conectar las zonas productoras rurales y agrícolas con los mercados, así como facilitar subsidios directos a los productores rurales que son los que pueden evitar el hambre y la pobreza extrema.

La pandemia de Covid-19 está agravando los problemas ya existentes. Por este motivo, urge impulsar medidas para reactivar el sector agroalimentario y evita su asfixia. Pero también es imperativo sentar las bases para un nuevo modelo de desarrollo sostenible. Es el momento de tomar decisiones valientes

https://atalayar.com/blog/seguridad-alimentaria-y-sostenibilidad-en-el-mediterr%C3%A1neo

 http://www.ascame.org/en/food-security-and-sustainability-mediterranean 

 https://haycanal.com/noticias/14820/seguridad-alimentaria-y-sostenibilidad

 https://elcandelerotecnologico.com/2020/07/16/seguridad-alimentaria-y-sostenibilidad-en-el-mediterraneo/ 

https://www.territoriobitcoin.com/seguridad-alimentaria-y-sostenibilidad-en-el-mediterraneo/ 

 

viernes, 28 de agosto de 2020

Beirut, el sol volverá a salir

Un inmenso daño ha causado la doble explosión que ha devastado Beirut, la capital libanesa. La muerte, el sufrimiento y la destrucción han golpeado a un país que ya estaba en estado de shock dejando miles de heridos, más de un centenar de muertos, 300.000 personas sin hogar y unas pérdidas materiales estimadas en más de tres mil millones de dólares.

Cualquiera sea la causa, el gigantesco hongo naranja y gris que se elevaba sobre el puerto de Beirut evoca implacablemente la implosión del sistema y las estructuras políticas de un país devastado desde hace años por múltiples crisis económicas, políticas, sociales y ahora sanitarias, como consecuencia de la pandemia por Covid19, conflictos interminables que han provocado la caída sin freno de este pequeño país.

El Estado libanés moderno, con un siglo de vida, ha sufrido experiencias desconocidas para otras naciones con historias milenarias: una larga guerra civil de 15 años, invasiones extranjeras, malestar socio-político, terrorismo y además hoy es el país con la mayor tasa de refugiados por habitante del mundo, una densidad enorme que ha tenido un efecto devastador. El país sigue sumido en un conflicto regional que trasciende sus fronteras lo que ha creado una conmoción sin precedentes en su tejido social, político y económico. Líbano ha sobrevivido a todos estos choques. Pero con esta nueva catástrofe no hay señales de ningún respiro para el país de los cedros.

Beirut, en el corazón de Oriente Próximo, en la otra orilla del Mediterráneo, es una ciudad plural, desconcertante, fascinante y adictiva. Tras milenios de ocupaciones de diferentes imperios, y una larga historia de emigraciones forzadas que han traído de vuelta influencias de todo el mundo, se ha convertido en una fusión cultural, política y religiosa única.

Hoy está reconocida como una de las ciudades más antiguas del mundo, otomanas y francesas, y a pesar de vivir tiempos difíciles por décadas de invasiones o la guerra civil, pocos signos quedan de la destrucción. Y, en el caos, en el choque de ideas, edades y visiones, Beirut ha generado algunas de las mentes más innovadoras: escritores, músicos, arquitectos, diseñadores inspirados por las contradicciones y la energía de esta ciudad donde todo es posible, incluso si no está permitido.

En los 20 años previos al estallido de su guerra civil, en 1975, la pequeña capital de este estado frágil y complejo atrajo todo tipo de gentes e ideas. Se publicaron diarios sin censuras. Los bancos locales se llenaron de depósitos de los estados del Golfo. Se cuadruplicó el área construida. Beirut atraía a pensadores, artistas, espías y empresarios de todo el mundo.

Hoy, tras nuevas guerras e invasiones, y nuevas crisis y recuperaciones, la ciudad es el verdadero termómetro de la región, para bien o para mal.

A unos centenares de kilómetros de Beirut, está prohibida la vida nocturna. Se prohíbe hablar de historia o literatura, del respeto a las minorías, de la libertad de expresión, de los derechos de la mujer, de los derechos de los homosexuales o de la laicidad. Beirut es un soplo de aire fresco en una región donde estos y otros temas no pueden todavía expresarse sin denuncia.

Aunque todo esto puede cambiar. Líbano está lejos de ser el país de las maravillas. Está acosado por graves desafíos internos y externos, y una clase política que es un mosaico de alianzas contradictorias basadas en su supervivencia por encima de todo y controlada por los grandes actores regionales. Al Líbano le cuesta aprender la lección y aceptar que es una nación de minorías donde todos pueden vivir, y donde la convivencia es posible si hay voluntad.

La guerra civil terminó hace 30 años, pero la política todavía está dominada por ex caudillos y dinastías familiares enredadas en divisiones sectarias. Mientras tanto, la gente tiene demandas y aspiraciones, como estabilidad, electricidad, agua, recogida de basuras, empleo juvenil, seguridad, oportunidades económicas y un estado que refleje esas demandas y su diversidad.

Cuando el Líbano sangra, todo el mediterráneo sufre con él. La solidaridad internacional debe ejercerse plenamente y acorde con las pérdidas y la destrucción. Es necesaria y urgente la actuación de la Unión Europea y las Naciones unidas. La catástrofe que azota Beirut es una tragedia para los libaneses que se añade a otras tantas que sufre y ha sufrido este pueblo. No hay palabras suficientes para describir la situación.

Pero, a pesar de todo, el sol volverá a salir. Los libaneses siguen siendo un pueblo resistente a las incertidumbres, con una red sin igual de emigrantes por todo el mundo. Desde tiempos remotos, Beirut es un puente entre el este y el oeste, la puerta natural hacia y desde la región. Centro comercial, financiero y universitario. Mestiza, con su rica cultura, y su sociedad vibrante. Ocupada y destruida en varias ocasiones, pero tras ocho mil años, siempre renace como el ave fénix. De hecho, no es ninguna sorpresa su reconocida capacidad de recuperación.


viernes, 14 de agosto de 2020

Gas Mediterráneo, ¿Un dividendo o un desafio?


  Los recientes acontecimientos que han tenido lugar en el Mediterráneo oriental por la batalla del gas originan perspectivas peligrosas en las relaciones entre los países vecinos de la región.

El descubrimiento de los últimos yacimientos de gas está incrementando la agitación regional, provocando diversas reacciones: la tensión entre Turquía, Grecia y Chipre; entre Líbano e Israel; la ausencia de una ley de demarcación de límites marítimos entre Líbano, Israel y Chipre, o la guerra en Siria y el apetito de otros jugadores externos como Rusia, China y Qatar, provocan una situación volátil y altamente complicada.

Estos descubrimientos han generado nuevas expectativas en el mercado mundial de la energía; plantean nuevos retos para gobiernos y actores internacionales, e inician la carrera para explotar la riqueza descubierta. Además, tienen implicaciones económicas regionales, ya que probablemente se podría convertir el Mediterráneo oriental en una de las principales áreas globales de suministro de gas. Los recursos de la región se estiman en 122 trillones de pies cúbicos de gas, además de 1,7 millones de metros cúbicos de petróleo en las costas de Siria, Líbano, Chipre, Israel, Egipto y Palestina.

Estados Unidos y Rusia, los mayores productores mundiales de gas natural, están preparados para desempeñar un papel en la intermediación y el beneficio de las próximas crisis. Todo ello conlleva que las potencias europeas, a pesar de ser las principales beneficiarias de esta riqueza, podrían quedar relegadas.

A la región mediterránea no le sobran conflictos ni desafíos estratégicos para los próximos años, y hay muchos factores que se unen para desencadenar una posible crisis. Por ejemplo, los planes de expansión de Turquía en el Mediterráneo, un conflicto que casi desencadena una guerra entre Turquía y Grecia hace unas semanas y que se evitó por los esfuerzos y presiones realizados por la canciller Angela Merkel. Al mismo tiempo, la tensión prevalece en el frente libio, con el riesgo de un conflicto egipcio-turco. En cualquier caso, Europa se encuentra involucrada en luchas de poder y energía en el Mediterráneo.

En la era del eclipse europeo dentro del escenario de las relaciones internacionales, Francia, Italia y España intentan mantener la presencia europea activa en el Mediterráneo porque constituye, junto con Asia occidental y África del Norte, una extensión de la seguridad económica y estratégica europea. Por lo tanto, Europa estaría cometiendo un grave error si la seguridad del Mediterráneo oriental se deja en manos de otras partes.

La seguridad energética es una preocupación fundamental. La UE debería disponer de alternativas para diversificar sus fuentes de suministro, así como sus riesgos políticos y económicos, además de limitar su dependencia del gas ruso, que representa el 38% de sus importaciones. La crisis en Ucrania y la posibilidad de una interrupción en el suministro de gas a Europa muestran la necesidad de obtener soluciones, y los recientes y grandes descubrimientos en el Mediterráneo oriental dan a la UE la opción que justamente está buscando.

Las cantidades globales pueden justificar un nuevo gasoducto entre el Mediterráneo oriental e Italia y el resto de Europa. Desde el sur del Mediterráneo, ya están los gasoductos que transportan el gas desde Argelia a la UE, a donde se dirige el 70% de la producción del país magrebí. Argelia es el tercer exportador mundial de gas con una capacidad de producción de 80.000 millones de pies cúbicos de GNL. Pero sería necesario completar el gasoducto MIDCAT a través de los Pirineos catalanes, cuya capacidad prevista es precisamente de 8.000 millones. Eso convertiría a España en país ‘hub’ o de tránsito, proporcionándole así grandes ingresos y beneficios económicos.

Una de las ventajas de la explotación de gas mediterráneo no es solo la gran oportunidad de desarrollo y crecimiento para los nuevos países productores, sino también para la UE, que para el año 2030 necesitará importar unos 113.000 millones de metros cúbicos anuales.

Hasta el 2035, se espera que la demanda de gas natural crezca en un promedio del 1,9% al año, superando a todas las demás fuentes de energía. Se prevé también que el consumo mundial de energía crezca un 41% hasta 2035.

Los riesgos internos y geopolíticos son las principales causas de todo esto. Algunos países tendrán que unir sus fuerzas si quieren aprovechar sus recursos y encontrar las mejores soluciones económicas y estratégicas para optimizar sus operaciones. Deberán tener en cuenta que explotar esas enormes reservas de gas y atraer la inmensa inversión extranjera no será posible sin promover un entorno pacífico y estable entre ellos.

Esta crisis de la COVID-19 nos recuerda la importancia del colectivo, la proximidad, la interdependencia y la necesidad de contar con una visión compartida a largo plazo, algo esencial para movilizar los recursos necesarios para desarrollar la cooperación energética entre las dos orillas del Mediterráneo e impulsar la construcción de un mercado energético en la región.

Han existido diversas iniciativas en el ámbito de la cooperación euro-mediterránea de energía que no han generado resultados significativos. Por ello, los principales actores públicos y privados deberían multiplicar sus esfuerzos para cambiar esta tendencia, puesto que todos son conscientes de la dependencia mutua en materia de energía entre Europa y el Mediterráneo.

https://atalayar.com/blog/gas-del-mediterr%C3%A1neo-%C2%BFun-dividendo-o-un-desaf%C3%ADo

https://elcandelerotecnologico.com/2020/07/31/gas-mediterraneo-un-dividendo-o-un-desafio/

https://www.cronicaeconomica.com/gas-mediterraneo-un-dividendo-o-un-desafio-146086.htm

lunes, 20 de julio de 2020

El futuro puede ser diferente

La industria del automóvil vive tiempos de incertidumbre agravados por la rápida expansión de la COVID-19. 

El mercado automovilístico internacional ya estaba saturado, las grandes empresas presionadas por los aranceles, las tensiones comerciales ya estaban comenzando a diversificar sus cadenas de suministro con el fin de reducir riesgos, y ya estaba en marcha la búsqueda de alternativas. Sin embargo, este es un proceso largo que lleva tiempo. Los fabricantes quedaron seriamente afectados por la repentina caída de la demanda, el confinamiento de los clientes, el cierre de distribuidores, la obligación de reducir la fuerza laboral para proteger a los trabajadores y las dificultades en las cadenas de suministros globales. Y la gran incógnita es el comportamiento que presentará la demanda en los mercados objetivo.

Sin duda, es el sector industrial al que más duramente está afectando esta crisis sanitaria y económica. Un factor clave ha sido la rotura de su propio modelo de abastecimiento, ya que el 80% de la cadena de suministro de automóviles del mundo está conectada a China. No obstante, el sector ha demostrado tener resistencia y potencial. La reactivación de las fábricas industriales es una buena señal y permite reconectar las cadenas de producción globales. El ecosistema automotriz de varios países mediterráneos puede posicionarse para aprovechar las oportunidades que ofrece la planificación continua de este sector y anticipar la recuperación.

En la región mediterránea, los datos previos a la COVID-19 mostraban las buenas cifras del sector, especialmente en España, Turquía y Marruecos. España es el segundo país europeo fabricante, después de Alemania, y el primero del Mediterráneo. El 83% de esta producción se exporta. Francia es el segundo fabricante de la región, seguido de Turquía y Marruecos, países que habían registrado un fuerte crecimiento con un 73% de la fabricación regional destinada a la exportación.

El sector tiene un impacto multiplicador a nivel económico y social por la creación de nuevas empresas, por la generación de empleo masivo y por la creación de estabilidad y riqueza, en una región con una alta tasa de paro juvenil que requiere 50 millones de nuevos empleos para el año 2025. Durante décadas, la industria del automóvil ha ido tejiendo complejas cadenas de suministro a escala global basadas en la máxima eficiencia, en una rigurosa puntualidad y en el suministro de piezas just-in-time. Pero, debido a la pandemia, este procedimiento ha desencadenado un parón total en la producción de vehículos en Europa. Tal vez ha llegado el momento de regionalizar el sector y de apostar por la proximidad y la alianza entre las dos orillas del Mediterráneo como la próxima frontera de crecimiento.

Los grandes fabricantes han invertido miles de millones en el Mediterráneo y África en los últimos años atraídos por las perspectivas de crecimiento que ya no ofrecen los mercados de automóvil más maduros. Las ventas de autos nuevos en Estados Unidos, China y Europa están disminuyendo después de una década extraordinaria. El nuevo grupo de fabricación de automóviles, destinado en gran medida a atender la demanda local y regional, podría convertirse en el modelo para que las empresas reconsideren sus cadenas de suministro globales a medida que aumentan las barreras comerciales en todo el mundo.

La industria del automóvil tiene sentido en una región mediterránea integrada. Europa tiene 500 millones de habitantes, la zona oriental del Mediterráneo otros 600 millones, y África subsahariana incluye 1.000 millones más. Integrar las tres zonas es la solución obvia. En comparación, la población de todo el continente americano (América del norte, central y sur), es de solamente 1.000 millones. Otras ventajas de la región mediterránea son las energías baratas, la disponibilidad de materias primas, la mano de obra joven que puede ser formada en las habilidades requeridas y un gran mercado potencial de consumidores.

Es frecuente pensar que entre el norte y el sur del Mediterráneo existe competencia, pero esto es un equívoco. En un mundo globalizado hay que competir con otras regiones, especialmente con Asia. Por ello hay que cambiar la visión. Crear un hub mediterráneo para fabricar vehículos tiene enormes posibilidades, convirtiéndose en una plataforma regional que facilitaría la industria, el comercio y la logística a nivel mundial. Todas las experiencias demuestran que la complementariedad norte-sur puede promocionar la región y hacerle jugar un papel protagonista en el panorama mundial del automóvil. Es cuestión de tiempo reestructurar el sector, implementar mecanismos de apoyo y financiación adecuados, y lanzar el ecosistema mediterráneo empresarial.

La región mediterránea puede transformarse en un centro internacional para la fabricación y el ensamblaje desde el que acceder a África, Asia y Europa, e influir en los mercados mundiales. Es posible colocar la región en la escena mundial, atraer más inversiones e incentivar un sector que puede ampliar su capacidad para fabricar, exportar y crear empleos. Hay que apostar por la eficiencia en las cadenas de suministro, desarrollar el coche eléctrico sostenible, y aprovechar las oportunidades y la experiencia para hacer frente a la competencia. La integración regional es el camino hacia la sostenibilidad y la supervivencia.

Barcelona, Julio 2020











viernes, 10 de julio de 2020

Impulsando la Economía Azul en el Mediterráneo

El mundo está evaluando los efectos de la COVID-19 y las vías hacia la recuperación, entre las que destaca la Economía Azul como una prioridad post pandemia. 

El mar tiene un papel esencial que protagonizar en términos de salud, medicina, seguridad alimentaria y energética, en la mitigación y adaptación al cambio climático y en la investigación científica; pero también, y quizás lo más relevante para el futuro tras el virus, en fortalecer la resiliencia para prevenir otros choques similares.

Es preciso centrarse en aprovechar las oportunidades compartidas a nivel regional y global para resolver el impacto de la crisis del coronavirus y trabajar para la recuperación. Algo que se hace evidente en el dominio global que nos une: el mar. Necesitamos aprovechar ese potencial, que representa el 70% de nuestro planeta, para proporcionar el impulso azul a nuestras economías, y construir un mundo más resistente y sostenible.

El océano es fundamental para la vida en la Tierra. Absorbe una cuarta parte de todas las emisiones de dióxido de carbono y captura más del 90% del calor adicional que estas generan. La economía azul está valorada en más de 2,5 billones de dólares anuales; proporciona pescado y marisco a más de 3.000 millones de personas cada día, y transporta alrededor del 90% del comercio mundial. Es una fuente de energía e ingredientes clave para combatir las enfermedades. Para muchos, es sin duda su medio principal de vida, un lugar de trabajo y un hogar.

El mar para los mediterráneos es determinante y protagonista de todo lo que ocurre: medio de vida, transporte, y comunicación. Es como el gran catalizador de todo lo que sucede, ya que de una u otra forma siempre está presente.

Los habitantes del Mediterráneo dependemos extensamente del mar. Obtenemos suministros esenciales y servicios, desde la acuicultura, pasando por la pesca, hasta el turismo. Y, de hecho, la pandemia ha puesto en riesgo todo esto. La industria turística mundial tendrá que hacer frente a incertidumbre y profundos desafíos en los próximos años. El Mediterráneo prevé una disminución del 52% en las llegadas de turistas en 2020 con una caída del 25% del PIB. La seguridad alimentaria también está en riesgo porque se han interrumpido cadenas de suministro por las cuarentenas en un sector tan vulnerable como el de la pesca.

El Mediterráneo debe cooperar para poner en marcha e implementar un sistema de gobernanza marítima sostenible que beneficiará a ambas orillas y así impulsar la contribución económica de los océanos, todo ello en el contexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Es necesario un nuevo modelo económico que impulse el potencial del Mediterráneo. Hay importantes oportunidades para la inversión en la economía azul y el desarrollo sostenible. Se debe, por tanto, unir esfuerzos y fortalecer la colaboración de las comunidades empresariales relacionadas con el sector marítimo regional para aprovechar estas oportunidades y enfrentar estos desafíos.

La llamada economía azul abarca muchos sectores con diferentes tipos de oportunidades de inversión. No es tan fácil de definir como la economía verde, en la que se encuentran las conocidas como energías limpias. Pero el azul podría ser hoy el nuevo verde. Este engloba la seguridad y gestión marítimas, el transporte y las actividades portuarias, la construcción naval, el reciclaje, la energía ‘offshore’, la bioprospección, el papel de los ecosistemas, la pesca y la acuicultura, los servicios.... Además, la educación de la juventud es fundamental para darle forma: la economía azul tiene la capacidad de proporcionar empleos muy necesarios en toda la región.

La economía azul es una fuente esencial de riqueza y prosperidad para el Mediterráneo. La región debe aprovechar ese potencial y las oportunidades de crecimiento, empleo e inversiones que esta proporciona. Las estrategias nacionales deben identificar claramente las prioridades, desarrollar una visión estratégica para el desarrollo sostenible y garantizar las políticas y las acciones necesarias para promover la economía azul, además de salvaguardar el mar.

Los sectores de esta economía del mar se apoyan en los ecosistemas marinos naturales y los recursos marítimos. Existen interrelaciones evidentes: los turistas requieren de transporte marítimo y disfrutan de pescado o marisco tradicional. La energía eólica marina puede interferir con las actividades pesqueras. La construcción naval y el reciclaje dependen en gran medida de la demanda del sector del transporte. Algunas actividades innovadoras (por ejemplo, el turismo de pesca) enfatizan aún más la importancia de la integración entre diferentes sectores. La adopción de un enfoque intersectorial es crucial para analizar y desarrollar estrategias que beneficien a varios sectores económicos.

Desarrollar una economía azul saludable y sostenible es imprescindible. Invertir en acciones oceánicas clave como la descarbonización del transporte marítimo, la conservación y restauración de manglares, la producción sostenible de productos del mar o el desarrollo de energías renovables, proporciona beneficios globales. No se trata solo de beneficios financieros, sino también de mejores resultados de salud para los consumidores, una biodiversidad más rica y trabajos más seguros, entre otras prestaciones. Un mar sostenible debe verse no solo como un imperativo de conservación, sino también como una prioridad para el futuro de la economía, el ecosistema y la sociedad.