viernes, 28 de septiembre de 2018

Egipto, la carta económica

Rodeado de países en conflicto, y con grandes problemas internos, Egipto arrastra una inestabilidad política y económica sin precedentes desde el levantamiento que derrocó al Presidente Mubarak en 2011. Sin embargo, ha evitado el caos de sus vecinos, y ha estado aplicando duras reformas económicas, como la liberalización del tipo de cambio de su divisa, recortes profundos en los subsidios de combustible y electricidad, y un nuevo IVA. Tras unos años duros, la economía de Egipto está saliendo a flote con una mejora lenta, un moderado crecimiento y una inflación controlada.

Las calificaciones de deuda siguen estando limitadas por el déficit fiscal y los bajos niveles de ingresos. Se deben incrementar las exportaciones no petroleras para garantizar un aumento constante de divisas y continuar atrayendo nuevas inversiones extranjeras en todos los sectores de la economía. Pero la tendencia refleja una recuperación en el consumo, mayor inversión y exportaciones netas, y se estima un crecimiento medio del 5% en los próximos cuatro años.

Otra buena señal es que los turistas vuelven a visitar la tierra de los faraones. El turismo, que representa el 12% del PIB y un porcentaje similar del empleo, crece. En 2017 Egipto recibió 8,5 millones de turistas, un 55% más que en 2016, una tendencia que continua, en la primera mitad de 2018 el alza ha sido del 40%.

La visión del Gobierno para 2030 es un buen punto de partida. La nueva estrategia planea impulsar el desarrollo económico, la energía, la investigación científica, la transparencia y la eficiencia de las instituciones. Y la nueva Ley de inversiones es un paso positivo para mejorar el entorno legal y comercial. Sin embargo, se necesitan mayores esfuerzos, especialmente reducir el sector público, potenciar el crecimiento del sector privado y reducir la deuda pública.

Con una superficie de un millón de kilómetros cuadrados, y más de 90 millones de habitantes, la escala del programa de reforma económica es el desafío más grande de su historia reciente, pero es también una oportunidad para consolidarse como potencia regional. Tiene todos los componentes necesarios: el Canal de Suez, las remesas, el turismo, recursos, personas, dinamismo, espíritu empresarial, ubicación y vínculos globales. El país del Nilo se encuentra en medio de una etapa abierta a todos los escenarios. Deberá enfrentarse a retos importantes, y acelerar las reformas. El futuro se juega en ganar la carta económica.

Expansión, Edición Catalunya, Pag.2,  Miércoles, 26 septiembre 2018

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Turquia: Preocupación Creciente

Turquia eligió a principios de verano a Recep Tayyip Erdogan como el primer Presidente ejecutivo del país con nuevos poderes ampliados. 

Pero la nueva era no ha empezado bien y varios graves acontecimientos han impactado sobre la economía que está a medio gas y que era la razón principal de su éxito en los últimos años.

Nadie puede negar el milagro económico impulsado por el presidente Erdogan, que ha logrado multiplicar por cinco el nivel de ingresos per cápita en doce años y reducir la tasa de analfabetismo. Además, Turquía es hoy una de las 20 economías del mundo y juega un mayor papel en el escenario mundial.

Además, Turquía atrajo más de 180.000 millones de dólares de inversión extranjera en la última década. 50.000 empresas extranjeras se han instalado en su territorio, y su economía ha crecido en unos 800.000 millones de dólares al año. Ahora, Turquía es el sexto mayor socio comercial de la UE, con un volumen de comercio total de 140.000 millones de euros.

En los últimos diez años, crecieron el número de empresas españolas establecidas en Turquía a 610 y las inversiones de España superaron los 10.000 millones de euros. El volumen del comercio bilateral alcanzó los 9.800 millones de euros.

Pero desde el intento de golpe de Estado de julio de 2016, la ola de ataques terroristas, la cuestión kurda, las tensiones con Rusia, EEUU y la UE, la guerra en Siria y la creciente erosión de las instituciones democráticas, las cosas han empeorado. De momento no afectó a las tasas de crecimiento, y de hecho la economía turca creció en un asombroso 7,4% en el primer trimestre de 2018. Pero, a pesar de la  solidez de la expansión económica en los últimos años, hay dudas de que el impulso pueda mantenerse por mucho más tiempo.

El crecimiento se mantiene principalmente porque el Estado comenzó a inyectar dinero en la economía pero descuidó otras cuestiones clave como la inflación y la devaluación de la moneda, el aumento del déficit por cuenta corriente y el desempleo. La inversión extranjera directa ha caído a su nivel más bajo desde 2010, la tasa de crecimiento es la más baja desde 2008 y la recesión es una preocupación creciente.

Son muchos retos por resolver en un entorno de incertidumbres políticas y económicas. Se avecina una desaceleración de una economía que necesita impulsar cambios estructurales. Lograr esto en medio de la tensión política interna, regional e internacional será difícil pero no imposible.

La economía es lo suficientemente fuerte para soportar tormentas y el país tiene numerosos puntos fuertes: un PIB de 800.000 millones de dólares, una población de 80 millones, una ubicación geográfica con acceso a 1.600 millones de personas en Europa, Oriente Medio y Asia Central, instituciones modernizadas y un clima de negocios abierto. Pero el crecimiento está por debajo de su potencial, lejos del 9% de los mejores años, por eso necesita crecer más del 4% para crear empleo y atraer inversores para financiar el déficit.

El presidente Erdogan es una personalidad extraordinaria e inteligente, pero su estilo ha unido en su contra, todas las contradicciones tanto internas como externas. Parece querer dominar todo. Pero su proyecto de un partido de un solo hombre es muy frágil. Los últimos acontecimientos muestran esta debilidad política.

Con el nuevo mandato se teme que el control del presidente sobre la política fiscal y monetaria implique que haya más arbitrariedad en el entorno económico. Un ejemplo es el último decreto ley en el que Erdogan como presidente nombra al Erdogan ciudadano como presidente del mayor fondo soberano estatal con unos 200.000 millones de dólares. Esta tendencia podría inquietar a las empresas internacionales y afectar las esperanzas de los turcos de poder unirse algún día a la Unión Europea.

Hace dos décadas, Erdogan era el portador de un nuevo mensaje de pluralismo y poder compartido. Hoy, él mismo es el mensaje. Ya no se vota por un programa, una filosofía o incluso una nueva élite gobernante: se vota por Erdogan.

Hace cuatro años, Turquía parecía haberse convertido en un modelo de apertura económico que enfatizaba la empresa privada y un sector público solido que respetaba las normas y prácticas internacionales, especialmente en lo que respecta a la transparencia y el Estado de derecho. Hoy, sin embargo, la economía turca parece ser propensa a las tentaciones intervencionistas y las prácticas corruptas​.

El presidente debe encontrar un equilibrio, hay muchos frentes abiertos, y el futuro de Turquía depende de su respuesta ante los desafíos tanto internos como externos. Si la inestabilidad persiste puede desestabilizar al país, dañar su crecimiento y afectar a Europa.

Crónica Global, Pensamiento, Viernes, 21 septiembre 2018

lunes, 16 de julio de 2018

Las paradojas del fútbol


Ahora que el Mundial 2018 en la Rusia de Putin llega a su final, es un buen momento para valorar el impacto del fútbol en la economía, la sociedad y la política.

En lo económico, este deporte espectáculo se consolida como una actividad muy relevante porque tiene lo esencial para todo negocio exitoso, una elevada demanda, representada por millones de consumidores ávidos de buen fútbol​ cada semana.

Y el negocio crece, porque la fiebre del fútbol se expande por el mundo, nadie se escapa de su hechizo, es el deporte rey. Cuenta con más de 1.600 millones de aficionados. Una comunidad de 240 millones de personas, 1,5 millones de clubs, y genera un PIB de medio billón de dólares.

A nivel político, desde la aparición del arte deportivo para competir en las ciudades griegas, la competencia no siempre ha sido solo entre atletas, sino por otros objetivos a menudo ocultos. Es conocido el uso como poder blando de este deporte en el campo de la política bajo regímenes totalitarios y militares, o para aprovechar los contactos, establecer relaciones, aumentar la popularidad o mejorar la imagen de un país. Tampoco se han librado algunos países democráticos. En Italia, Silvio Berlusconi aprovechó el trampolín que le proporcionó el Milán para acceder luego a encabezar el Gobierno de su país.

A nivel social, la pelota ha logrado más que la política tanto en la integración como en destacar la riqueza y las posibilidades de la diversidad en las sociedades europeas.

El fútbol ha ayudado a la integración cultural y étnica y es una encarnación de la diversidad. Las selecciones de Alemania, Francia y Bélgica, entre otras, incluyen jugadores nacidos en África, Sudamérica y el Caribe, o nacidos de padres que emigraron de Argelia, Marruecos, Camerún, Malí, Togo, Mozambique... Es el caso de la selección francesa o la belga que han disputado el liderazgo del Mundial de Rusia o de la selección alemana, que ganó el Mundial de Brasil de 2014 con jugadores de ascendencia turca, africana y magrebí.

La magia del fútbol reúne a equipos nacionales compuestos por jugadores de diferentes orígenes étnicos, todos defendiendo la misma camiseta y colores con pasión. Son la mejor respuesta a las estrechas tendencias ultranacionalistas que los partidos europeos de extrema derecha pretenden explotar. Una paradoja ante las olas racistas de los conservadores europeos defensores de las banderas e identidades únicas.

Lamentablemente, estos avances en la integración en el fútbol no reflejan la difícil realidad experimentada por muchas comunidades, y la de los inmigrantes y refugiados en Europa.

Entre los valores positivos, tenemos el ejemplo de entrenadores de fútbol como Pep Guardiola, Jürgen Klopp o Robert Martínez, que para obtener lo mejor de sus equipos diversos, han desarrollado maneras de motivar al personal con una acción firme y coherente y construyendo y fortaleciendo la cultura de equipo. Algunos directivos de empresa y algunos políticos podrían tomar nota para mejorar su manera de gestionar y conciliar realidades diversas.

También es cierto que hay quien ve el fútbol como un modelo basado en el culto a sus figuras y la glorificación del esfuerzo físico en lugar del esfuerzo intelectual. Hay una ausencia de una conciencia crítica entre el público, ya que cada partido proporciona una felicidad ilusoria e instantánea, y, en muchas ocasiones, se retratan como ideales, sentimientos machistas o racistas.

No tenemos que olvidar importancia de la participación femenina en este deporte, como signo de igualdad y diversidad, y hay que apoyar que, a pesar del enorme esfuerzo, el fútbol femenino sigue sin disponer de suficiente repercusión mediática ni la adecuada inversión económica.

Pero, con el enfoque adecuado, el fútbol en particular puede contribuir al desarrollo atrayendo un cambio social, facilitando el respeto mutuo y un mejor entendimiento. La competición deportiva puede unificar, puesto que todos podemos ser parte de él, sin tener en cuenta ideologías políticas, sexo, raza o religión. El deporte puede ser uno de los instrumentos para abordar la violencia e inseguridad en las regiones en conflicto y para ofrecer mejores oportunidades a los jóvenes. Más allá de choques de civilizaciones o de la confusión provocada por el fanatismo o la ignorancia.

El deporte puede impulsar la capacidad para adquirir y producir conocimiento, que es un factor fundamental de competitividad. El carácter polivalente del fútbol le permite abarcar funciones educativas, sociales, de salud, además de económicas. Valores positivos como los que transmite, y la pasión con la que lo viven los jóvenes y que fastidia mucho a los grupos que expanden el terror, a los extremistas políticos y a los que aprovechan la división para crecer.

El fútbol, a pesar de muchas contradicciones, tiene una vertiente positiva: puede ayudar a la integración, promocionar la diversidad, crear marcos de encuentros en un momento en que se multiplican los desencuentros y los muros. Millones de fans y seguidores quieren vibrar de emoción con sus futbolistas y sus equipos preferidos más allá de colores, naciones, religiones... Es seguramente el mensaje que se podría lanzar en estos momentos de creciente tensión entre los extremistas de todos los ámbitos y lados.

Crónica Global, Opinión-Pensamiento, Viernes,13 julio 2018

lunes, 2 de julio de 2018

Barcelona: La logística como apuesta

El mapa del transporte mundial está cambiando. Emergen nuevos actores y potencias o regiones y nuevas ciudades como centros de distribución internacionales. El comercio mundial evoluciona y el modelo de potencias marítimas que llevaba siglos transportando cargas a través de alta mar está dando paso a un futuro más multidireccional y multimodal.

En esta nueva dinámica China empieza a ejercer una mayor influencia. El lanzamiento de la nueva ruta de la seda, una iniciativa con una enorme inversión, tiene como objetivo reorganizar el comercio intercontinental a través de una nueva red de conexiones marítimas y terrestres entre Asia, Europa y África, basada en las antiguas rutas comerciales, y el Mediterráneo es clave para China.

Por mar circulan el 80% de las mercancías y alrededor del 50% del petróleo. Ante esta expansión de China en los puertos del Mare Nostrum, es urgente liberar el potencial económico de la región. Hay que apostar por la integración y construir una estrategia mediterránea económica y financiera unificada que impulse las inversiones, la construcción, la modernización y gestión de las infraestructuras imprescindibles y que permita crecer y competir con otras regiones.

Hace más de 2000 años se creó el primer concepto de puerto libre o puerto franco, entre caldeos, fenicios y cartagineses para facilitar el comercio en el Mediterráneo. Pero el Mare Nostrum corre el riesgo de perder su liderazgo a pesar de sus ventajas naturales: una situación estratégica entre tres continentes y acceso a cientos de millones de habitantes. Pero necesita más integración de las infraestructuras, desarrollar la interconexión del sur, urge crear una red de comunicación terrestre, aérea y marítima eficiente y impulsar los corredores multimodales. Y solo puede hacerse realidad con una alianza regional y su asociación con Europa.

Se debe actuar para transformar esta gran plataforma logística decisiva en los flujos entre este-oeste. Y la mejor opción para canalizar las cargas entre Asia, África y Europa. En esta escenario de cambios, Barcelona tiene mucho que aportar y es la alternativa más eficaz y ágil también económica a otras opciones portuarias europeas.

Barcelona, por su situación geográfica, sus capacidades e infraestructuras podría consolidarse como la gran plataforma del sector logístico y de transporte del Mediterráneo aunque la competencia será dura. Debe prepararse ante los retos que se avecinan. La apuesta por las infraestructuras debe seguir siendo prioritaria, especialmente el corredor mediterráneo y la creación de redes y servicios logísticos de mayor eficiencia.

Transformar Barcelona en un centro logístico para el Mediterráneo representa una alternativa: un híbrido que reduce la tensión entre la integración global y la capacidad de respuesta local. Tanto las organizaciones internacionales y regionales como las grandes empresas multinacionales pueden seleccionar la ciudad como sede, plataforma o como una base natural para cubrir o ampliar su expansión en mercados vecinos y como centro de enlace para toda la región mediterránea.

Barcelona es el primer centro logístico del Mediterráneo, es única y diferente de otros enclaves. Dispone en un reducido espacio de un gran puerto, tanto para mercancías como para pasajeros y cruceros. También la zona de actividades logísticas más importantes del sur de Europa, un gran aeropuerto internacional, una zona franca, Mercabarna y una gran feria de congresos de referencia para el sector en el sur de Europa y el Mediterráneo: el Salón Internacional de Logística (SIL) que ya es el hub anual de reflexión, discusión y negocios. Esta oferta dota a Barcelona de una oportunidad única para liderar la logística regional.

El peso del sector logístico es muy importante a nivel mundial. Sin una logística efectiva, la economía no puede desarrollarse; una logística eficiente contribuirá a reducir el coste total de los productos para la exportación, importación y distribución en el mercado interno. Es simplemente sangre para la economía, un gran apoyo para el ecosistema industrial y una verdadera palanca para el crecimiento y la competitividad. La creciente internacionalización requiere poner un especial énfasis en el rendimiento global de las redes de distribución y suministro.

Un ejemplo es la macroampliación del canal de Suez en Egipto y la importancia que puede tener para Barcelona y sus terminales de contenedores. Una parte importante del tráfico de contenedores que pasa por el canal de Suez se podría descargar en Barcelona y cargarlo en trenes con destino a Europa central, con lo que la mercancía podría llegar a su destino en 48 ó 72 horas. Si se descargase en Barcelona la totalidad del barco, a continuación se podría volver a cargar con los contenedores llegados asimismo por ferrocarril desde Europa central con destino a Oriente, y el barco podría volver a zarpar mucho más rápidamente.

Apostar por la integración mediterránea cambiaria las tendencias y beneficia a todos los componentes de la región. Atraería empresas internacionales, aumentaría las exportaciones e impulsaría la creación de puestos de trabajo y de empresas locales. Esto impactaría positivamente en todos los países de ambas orillas, especialmente España y Italia. Cerrar las brechas existentes entre ambas orillas no será fácil, pero lograrlo significaría una red de transporte más efectiva, más comercio y desarrollo, y en esto Barcelona tiene el alcance y la ambición para convertirse en actor clave en la escena logística internacional, una apuesta ganadora.

Crónica Global, Opinión-Pensamiento, Jueves, 31 de Mayo 2018 

miércoles, 27 de junio de 2018

Plan Marshall para el Mediterráneo

  El Mediterráneo hoy ya no es un lago. Se ha convertido en una frontera. En sus orillas se han establecido nuevos jugadores: Rusia, China... mientras el proyecto euromediterráneo se tambalea.  
El efecto corrosivo de la crisis  económica obliga a arbitrar y gestionar los temores a corto plazo. Y la crisis de los refugiados​ ha relegado la construcción económica Mediterránea.

Ahora la Comisión Europea estudia crear "centros o plataformas regionales de desembarco" en los países del sur del Mediterráneo para los refugiados e inmigrantes. Pero la inmigración forzosa es una consecuencia natural de la agitación, y es solo la punta del iceberg. ¿Cómo se puede pensar en retener a millones de personas que están tratando de evitar la guerra, el hambre o la dictadura? ¿Cómo se puede creer que una política orientada a la seguridad o los centros de desembarco son las únicas opciones que Europa​ puede presentar a sus vecinos del sur?

La crisis económica, la crisis de identidades y la crisis de refugiados han minado la cohesión de los Estados miembros de la UE. La prioridad ha sido la estabilidad de los flujos migratorios y esto se ha traducido en congelar 15.000 millones destinados a la cooperación.

Desde 2010 hasta 2016, la orilla sur de la región ha perdido 650.000 millones de dólares en actividad económica, casi el 7% del PIB. Algunos países de la región están al borde de la ruina económica y financiera, por las guerras y la inestabilidad política. Y surgen riesgos geopolíticos, como el terrorismo, por un horizonte de futuro sin esperanza. Hay más de 40 millones de jóvenes desempleados en la zona, 27 millones sin educación ni formación, la mayor tasa de paro del mundo (un 27,2%) y este problema aumentará por el incremento de población.
   
"El futuro de Europa se jugará en el sur."

El futuro de Europa se jugará en el sur. Los destinos de Europa y África están vinculados por el Mediterráneo. Hay que aunar las voluntades, defender los intereses convergentes, apostar por una mejor cooperación. Hay que romper los miedos para entendernos y dibujar el futuro de las próximas generaciones.

Hoy, más que nunca, los temas económicos y de inversión deben introducirse en un debate que ahora está dominado por cuestiones de seguridad y de inmigración. Es preciso plantear nuevas ideas, propuestas audaces y dar fuerza a la integración económica. Todavía estamos a tiempo de conseguir un nuevo equilibrio para evitar más pesadillas. De adoptar medidas concretas a favor del comercio, los flujos de capital y el movimiento de personas para el beneficio mutuo.

Veintitrés años después del Proceso de Barcelona, muchos de los objetivos siguen siendo válidos. Hay que trabajar para mejorar una prosperidad compartida basada en las relaciones sur-sur y norte-sur. Europa sigue siendo el primer socio comercial de los países del sur la parte oriental del Mediterráneo con 345.000 millones de euros en los volúmenes de comercio. Los acontecimientos desde la Primavera Árabe hasta la crisis de los refugiados han reforzado la necesidad de trabajar juntos para lograr un crecimiento sostenible.

El Mediterráneo y la UE necesitan una relación diferente a todos los niveles. El modelo actual debe ser renovado ante los nuevos problemas económicos, geopolíticos, de seguridad o el cambio climático. Los tiempos han cambiado y hay que hablar sin rodeos. Es esencial saber concretamente lo que el Mediterráneo quiere de Europa y lo que Europa está buscando en el Mediterráneo.

Este nuevo diálogo no debe ser solo una relación entre los donantes que buscan reducir el número de migrantes y los beneficiarios que dependen de la ayuda y los fondos, sino debe ser una relación entre iguales.

Entre 1970 y 2015, la población de los países ribereños ha aumentado de 285 a 490 millones. Y de 2015 a 2025, se estima que se incrementará en 100 millones más, básicamente en la ribera sur. La Europa mediterránea era el 65% de la población de la zona en 1950. Ahora, es el 40% y se reducirá al 35% en 30 años.

"Plan Marshall para el Mediterráneo"

La magnitud del desafío deja a las medidas existentes de asistencia financiera claramente insuficientes para el propósito. Por ello, hace falta una nueva política europea para el Mediterráneo, un Plan Marshall sería una solución realista para resolver los problemas económicos endémicos, buscando revitalizar el comercio y la inversión, estimular el espíritu empresarial. Un plan compacto centrado en la ayuda al desarrollo en el momento en que Europa busca nuevas fuentes de crecimiento y la región necesita una transformación económica.

Es imperativo consolidar la economía regional y fortalecer su inclusión en la economía mundial para facilitar la transformación de la región. Las futuras relaciones entre las dos orillas se basan, en un grado nada despreciable, en la capacidad de las empresas del sector privado para incrementar los flujos de inversión, de bienes producidos y comercializados ya que los futuros niveles de empleo, muy especialmente en el sur, dependerán de la voluntad de de los inversores, sean nacionales o internacionales de implicarse en esta apuesta.

Desarrollar infraestructuras​, especialmente la digital, es una forma de estimular indirectamente el espíritu empresarial facilitando el proceso de creación de las pymes. Mejorar los modelos de gobernanza luchando contra la corrupción con mayor transparencia y rastreabilidad. Las empresas internacionales tienen que considerar la región no como un mercado de consumo o una fuente de materias primas, sino también como un región que crea valor.

Un Plan Marshall para el Mediterráneo, inspirado por la estrategia de reconstrucción en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, aseguraría la creación de empleo, lo que evitaría que los jóvenes se aventuren en la inmigración ilegal a Europa y aportaría crecimiento y soluciones tanto a Europa como al resto de países de la región.

El Mediterráneo fue durante 60 siglos nuestro mar común, el mar que impulsó grandes civilizaciones y las obras más destacadas del espíritu humano. Es imprescindible una nueva visión.

Crónica Global, Opinión-Pensamiento  Lunes, 25 Junio 2018 

lunes, 25 de junio de 2018

Juegos Mediterráneos, mucho más que deporte

Tarragona acogerá esta semana los XVIII Juegos Mediterráneos-2018. Es la tercera edición organizada en España, tras Barcelona-1955 y Almeria-2007. Estos juegos llegan en un momento clave: el Mediterráneo acumula conflictos y una tragedia humana que precisa un enfoque coordinado y global.

La Paz Olímpica en la antigua Grecia era un periodo de tregua en el que se suspendían las hostilidades para que los deportistas se desplazaran para participar en los Juegos Olímpicos. Los representantes de las ciudades-estado griegas aprovechaban la tregua para mantener negociaciones de paz,

La diplomacia deportiva es un instrumento de poder blando y puede jugar un papel importante. Hemos visto como ha podido pavimentar el camino para una solución pacifica de algunos conflictos pasados. Ojalá ese pueda ser el caso en la región mediterránea . El objetivo principal de los Juegos Mediterráneos es acercar las orillas y sus pueblos. Sus emblemas simbolizan los tres continentes unidos por el mismo mar. 

El deporte es una fuerza poderosa para la cooperación y la paz, facilitando la distensión. Existen numerosos ejemplos. Se progresó con el cricket entre India y Pakistán. El fútbol entre Alemania Oriental y Occidental. Nelson Mandela impulsó el rugby en Sudáfrica. O en las Olimpiadas de Invierno de PyengChang,con la participación de atletas de las dos Corea bajo una bandera combinada. 

Es reconocido el poder del deporte para inspirar y promover los valores de trabajo en equipo, no violencia, igualdad de género, integración social, tolerancia y justicia. Valores más allá de fronteras, culturas, razas o religiones.

En una región con una desigualdad aguda y profunda agitación,el deporte facilita la integración social y desarrollo económico, y se convierte en un instrumento para abordar la violencia y la inseguridad, y ofrecer mejores oportunidades a los jóvenes. Los países ribereños tienen mucho en común. Un mar, una historia, cultura, alimentación, y valores que recuerdan que es posible trabajar juntos y crear un nuevo destino común. Estos valores son los que transmite el deporte, y la pasión con la que los jóvenes lo viven es seguramente lo que fastidia a los grupos que buscan el choque de civilizaciones.

El carácter polivalente del deporte permite abarcar funciones educativas, sociales, de salud o económicas.Crecen las empresas que enfocan su estrategia, productos o servicios en torno al deporte y numerosos sectores se benefician de las actividades culturales, económicas o recreativas asociadas, como telecomunicaciones,construcción o turismo.

los Juegos Mediterráneos en Tarragona pueden ayudar a crear un marco de encuentro en un momento en que se multiplican los desencuentros. Crear puentes en tiempos de muros, Tarragona está preparada para hacer historia: es seguramente el mensaje en momentos de creciente tensión regional. A medida que la polarización y la violencia separan naciones y pueblos, la demostración de la unidad deportiva es realmente inspiradora.

Edición Papel
El Periódico de Catalunya, Opinión, Pag.2, Viernes, 22 de Junio de 2018

Edición Digital
https://www.elperiodico.com/es/opinion/20180621/juegos-mediterraneos-mucho-mas-que-deporte-6899006 

jueves, 21 de junio de 2018

Cámaras de Comercio

La razón de ser de las Cámaras de Comercio e Industria ha sido cuestionada en los últimos años.Incluso en varios países se ha reducido su papel olvidando su importancia para el desarrollo económico, la internacionalización, la formación y la promoción del territorio.

¿Por qué son tan importantes las Cámaras de Comercio? Porque están formadas y dirigidas por empresarios. Y estos son los que tienen el conocimiento más amplio sobre cuáles son las necesidades reales, por su carácter internacional y supra-sectorial. Tienen la ventaja de hablar con la autoridad que emana de las empresas de todos los sectores y de todas la partes del mundo. Son actores claves como instituciones encargadas de promover la actividad económica y fomentar la cooperación empresarial y la inversión, lo que les transforma en agentes de cohesión y de paz. Pero necesitan la participación de todos los actores de la sociedad y de los poderes públicos.

Esta característica, representar al sector privado a nivel regional, se debe a la particular organización en forma de tupida red de las cámaras en Iberoamérica, el Mediterráneo, África, Asia o Europa, En este sentido asociaciones regionales como ASCAME o Eurochambers son plataformas de cooperación de primer orden.

Por tanto, la Cámaras abarcan todo el territorio, conocen las necesidades empresariales, actúan de intermediarias con las administraciones, se estructuran en asociaciones que se pueden coordinar para reforzar los intereses de una amplio territorio, y tienen un estrecho contacto con las empresas. Son corporaciones útiles en un mundo global. 

Las Cámaras de Comercio, trabajando conjuntamente con las organizaciones supranacionales, son instrumentos clave para una exitosa coordinación de las actividades empresariales norte- sur y fomentan tres niveles de cooperación: Ayuda al desarrollo, la coooperación empresarial a través de ferias y misiones y la Cooperación regional como interlocutores ante las organizaciones multilaterales.

El reto es seguir siendo referencia del mundo empresarial nacional, regional e internacional con el añadido de prestación de servicios de calidad y el ejercicio de representación ante las instituciones públicas. En este sentido, su papel para conseguir la apertura comercial de ciertas zonas del mundo a veces es más útil que la propia diplomacia. 

El comercio es una poderosa fuerza en pro de la paz y la prosperidad, y las Cámaras son la mejor red para hacer negocios, su papel es fundamental. Pero es preciso un nuevo enfoque para  afrontar los nuevos retos. 

Expansión, Opinión, Edición Catalunya, Pag. 2, Jueves, 21 Junio 2018